El petróleo Brent podría caer a 60 dólares tras la tregua Irán-EEUU y aliviar la inflación en la Eurozona

El preacuerdo entre Washington y Teherán allana la reapertura del estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del crudo mundial. La caída del Brent a 60 dólares aliviaría la inflación en la Eurozona y daría margen al BCE para nuevos recortes de tipos.

El preacuerdo entre Washington y Teherán para reabrir el estrecho de Ormuz está desatando un movimiento de fondo en los mercados energéticos. La posibilidad de que el Brent, el crudo de referencia en Europa, vuelva a cotizar en torno a los 60 dólares por barril en un horizonte de seis a doce meses está ya en las mesas de los analistas y en las proyecciones del Banco Central Europeo.

El conflicto en Oriente Próximo había disparado el Brent por encima de los 126 dólares, y aunque actualmente cotiza por debajo de los 80, la perspectiva de una reapertura del paso estratégico por el que transitaba el 20% del petróleo mundial ha acelerado las correcciones en las últimas semanas. Según Gonzalo Escribano, investigador principal de Energía y Clima del Real Instituto Elcano, la reapertura será ‘un proceso que durará entre seis y ocho semanas en el caso moderadamente optimista’, y a finales del verano podría recuperarse entre el 80% y el 90% de los 14 millones de barriles diarios que cruzaban el estrecho antes de la guerra.

Los analistas consultados por Efe coinciden en que el Brent podría seguir su senda bajista y situarse en la franja de los 60-65 dólares de forma gradual. No obstante, advierten de que la vuelta a la normalidad no será instantánea: las instalaciones petrolíferas del Golfo podrían haber sufrido daños y el tráfico marítimo tardará en alcanzar el ritmo previo al conflicto. Según el profesor Nicolás López, de Singular Bank, ‘aún persisten dudas sobre hasta qué punto las instalaciones han resultado dañadas, lo que podría retrasar la recuperación’.

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Se tardará un tiempo en recuperar el flujo de barcos que traspasaba Ormuz, pero, a su juicio, se dará una gradual recuperación tanto de la oferta de crudo producción exportación y tránsito.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ya anticipa que el mercado petrolero registrará un superávit de oferta hacia finales de año, impulsado por el aumento de la producción y la progresiva normalización de los flujos desde Oriente Medio. A ello se suma la decisión de Emiratos Árabes Unidos de abandonar la OPEP en mayo y los incrementos de bombeo anunciados por el propio cártel y por países como Estados Unidos.

Con la desaparición del cuello de botella en Ormuz y una oferta global al alza, los expertos de S&P Global estiman que el mercado volverá a una situación de exceso de producción en un plazo de entre seis y doce meses, lo que abarataría el crudo de manera significativa. Las reservas de petróleo de la OCDE se encuentran en sus niveles más bajos desde 1990, pero ese déficit coyuntural no impediría que el Brent descendiera una vez que el superávit se materialice.

El descenso del Brent no solo es un respiro para los automovilistas españoles: cambia las reglas monetarias del BCE justo cuando más margen de maniobra necesita.

Un alivio medido para la inflación europea y la hoja de ruta del BCE

La energía ha sido uno de los principales motores de la inflación en la Eurozona durante los últimos dos años. Si el Brent vuelve a los 60 dólares, el componente energético de la cesta de consumo se abarataría de forma notable, facilitando la convergencia hacia el objetivo del 2% que persigue el Banco Central Europeo. Ese alivio permitiría a Fráncfort acelerar el ritmo de recortes de tipos que ya inició en 2025, un escenario que el mercado descuenta con una probabilidad superior al 70% para el cuarto trimestre de 2026.

Para España, la caída del crudo supondría un doble dividendo: reduciría los costes de importación —que en 2025 superaron los 35.000 millones de euros— y aflojaría la presión sobre los precios de los carburantes y la electricidad. Fuentes del Ministerio de Economía consultadas por Moncloa.com reconocen que un barril barato ‘mejora los márgenes de la recuperación y ayuda a cuadrar las cuentas. No obstante, también alertan del riesgo de que un petróleo persistentemente bajo desincentive las inversiones en renovables, un sector en el que España ocupa una posición de liderazgo.

inflación eurozona 2026

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El Eje del Poder Europeo

El tablero energético está íntimamente ligado a la política monetaria y a las tensiones entre los grandes ejes de la UE. Alemania, como gran consumidor industrial, sería una de las principales beneficiadas del abaratamiento del crudo; ello reforzaría la presión de Berlín sobre el BCE para que mantenga una política acomodaticia, algo que ya ha expresado el ministro de Finanzas germano en varias reuniones del Eurogrupo. Los países del sur, con España e Italia a la cabeza, comparten ese interés, pero también temen que un alivio excesivo de los precios energéticos acabe relajando la urgencia de completar las interconexiones y de acelerar el despliegue del REPowerEU.

La fractura no es nueva. Durante la crisis del gas de 2022, la Comisión Europea impulsó medidas de emergencia que, en parte, se diluyeron cuando los precios empezaron a normalizarse. Ahora, con un Brent a 60 dólares, el fantasma de la despriorización del Pacto Verde vuelve a planear sobre Bruselas. ‘Si el petróleo es barato, la transición energética pierde fuelle’, advierte un alto funcionario comunitario que pide el anonimato.

Para España, el escenario es ambivalente. La economía se beneficiaría de una mayor renta disponible y de una inflación más baja, lo que facilitaría la consolidación fiscal. Sin embargo, la dependencia de los fondos Next Generation —muchos de ellos ligados a proyectos verdes— obliga a mantener el discurso de la transformación energética. La Moncloa intentará aprovechar la coyuntura para reclamar un reparto más flexible de los objetivos climáticos, un pulso que ya ha empezado a librar en los pasillos del Berlaymont.

La frágil tregua entre Irán y Estados Unidos es la llave de bóveda. Cualquier nuevo episodio de tensión en la región o la reimposición de sanciones haría saltar por los aires las previsiones y devolvería el crudo a niveles de triple dígito. Los analistas proyectan que, en los próximos meses se estabilizará el suministro y que los riesgos persisten. Mientras tanto, el BCE vigila de cerca el termómetro energético: una bajada sostenida del Brent podría ser la señal que necesita Fráncfort para imprimir un ritmo más ambicioso a su desescalada de tipos. La próxima reunión del Consejo de Gobierno, el 10 de septiembre, ofrecerá las primeras pistas.