Países Bajos y España chocan por el futuro presupuesto UE: frugales vs cohesión

El Consejo Europeo evidencia el choque entre los países frugales y los defensores de la cohesión sobre el Marco Financiero Plurianual 2028-2034. La propuesta chipriota recorta un 2% el presupuesto y España exige más ambición y músculo financiero.

La cumbre de Bruselas no ha logrado acercar posturas sobre el próximo Marco Financiero Plurianual (MFP) de la UE. Los países frugales, liderados por Alemania y Países Bajos, chocan frontalmente con los ‘amigos de la cohesión’ —entre ellos España— que reclaman un presupuesto más ambicioso para el periodo 2028-2034.

La cita de este viernes 19 de junio en el Consejo Europeo sirvió para poner sobre la mesa la primera ‘caja de negociación’ elaborada por la presidencia chipriota: una propuesta que reduce un 2% la cifra inicial de la Comisión Europea —1,76 billones de euros— y que recorta especialmente el Fondo Europeo de Competitividad, en hasta 20.000 millones, mientras intenta proteger las partidas de cohesión y agricultura.

Primeras cifras y recortes: la ‘caja de negociación’ chipriota

La llamada caja de negociación aterriza las aspiraciones y obliga a los líderes a posicionarse. El documento, aunque preliminar, refleja el deseo de los ‘modernizadores’ —la nueva etiqueta de los frugales— de adelgazar el presupuesto comunitario. Alemania, Países Bajos, Suecia, Dinamarca, Finlandia y Austria insisten en que la cifra final debe estar equilibrada y sin nuevas emisiones de deuda conjunta. «No puede haber nuevas deudas europeas; el presupuesto debe estar equilibrado», sentenció el canciller alemán Friedrich Merz a su llegada a la cumbre.

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Frente a ellos, el bloque de los ‘amigos de la cohesión’ considera inaceptable cualquier recorte que ponga en riesgo las políticas de convergencia. El presidente español, Pedro Sánchez, fue invitado por la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, a una reunión de este grupo, donde España dejó claro que la propuesta chipriota le parece “incluso más insuficiente que la anterior”. En ese encuentro, Sánchez y Meloni limaron asperezas bilaterales y reafirmaron su rechazo a los recortes.

Los bandos en liza: ‘modernizadores’ contra ‘amigos de la cohesión’

El diseño del futuro MFP traslada las nuevas prioridades geoestratégicas: competitividad y defensa. El Consejo de la UE acordó el domingo previo una estructura tripartita que integra en un único fondo algunas políticas emblemáticas, incluidas la Política Agraria Común (PAC) y los fondos de cohesión. España y otros países del sur recelan de este modelo de gestión unificada, que según fuentes diplomáticas consultadas por Moncloa.com puede diluir el enfoque territorial que defienden.

La batalla por el MFP esconde un debate más profundo: ¿quiere Europa financiar defensa y tecnología a costa de desmantelar la política de cohesión?

Rob Jetten, primer ministro neerlandés, resumió la postura frugal: «Si queremos construir una economía para las próximas décadas, no podemos hacerlo con el presupuesto de los años noventa». La prioridad para Países Bajos y sus aliados es el gasto en defensa y competitividad, lo que implica sacrificar partidas de cohesión y agricultura. La presidencia irlandesa, que asume el relevo en julio, deberá presentar en octubre una nueva caja de negociación y un paquete ambicioso de recursos propios.

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El Eje del Poder Europeo

El pulso entre los ejes norte y sur no es nuevo, pero adquiere una dimensión distinta tras la pandemia. Aquel Next Generation EU rompió el tabú de la deuda mancomunada, pero hoy los frugales intentan cerrar esa ventana. Alemania, principal contribuyente neto, marca el ritmo: Merz rechaza cualquier emisión colectiva y presiona para cerrar un acuerdo antes de diciembre, consciente de que las elecciones francesas y polacas de 2027 podrían dar alas a la ultraderecha. No obstante, incluso los negociadores más optimistas admiten en en privado que alcanzar un consenso en pocos meses es casi una quimera.

Para España, la discusión trasciende las cifras. El Gobierno de Sánchez ve en el MFP la herramienta que garantiza la convergencia real entre regiones y sectores. Rechazar la propuesta chipriota es, además, una señal hacia casa: la oposición popular acusa al Ejecutivo de debilidad negociadora, pero Moncloa insiste en que la defensa de la cohesión es innegociable. La posición española prioriza la contribución basada en la Renta Nacional Bruta frente a figuras como el impuesto europeo al plástico, que considera lesivo. «Europa no será una potencia geoeconómica si no tiene músculo financiero», advirtió Sánchez a su salida de la cumbre.

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La presidencia irlandesa se convierte así en el árbitro de una negociación de alta tensión. Dublín deberá conciliar la visión restrictiva de los ‘modernizadores’ con las demandas de un sur que no olvida la lección de la crisis de deuda de 2010-2012. Entonces, la austeridad impuesta fracturó el tejido social; ahora, España, Italia y sus aliados tratan de que la transición verde y digital no se pague con más brechas territoriales.

El calendario es exigente: el presidente del Consejo Europeo, António Costa, confía en que el paquete de nuevos recursos permita cerrar un acuerdo en diciembre de este mismo año. De no lograrse, el debate se adentraría en un año electoral en Francia y Polonia, lo que añade incertidumbre. Mientras tanto, la caja de negociación chipriota queda como un primer borrador que nadie acepta pero que ya ha servido para medir las trincheras. La próxima cumbre de octubre será el verdadero test de si Europa está dispuesta a financiar sus ambiciones o si los recortes se imponen una vez más.