Las primarias de Junts en Barcelona ponen a prueba el poder de Puigdemont

El president de la formación intentó evitarlas mediante fichajes externos y la imposición de un candidato afín, pero la resistencia del edil Jordi Martí Galbis forzó un pulso que se resuelve este domingo. La pugna entre tres candidatos revela la fractura entre la vieja guardia co

La militancia de Junts per Catalunya decidirá este domingo quién encabeza la candidatura a la alcaldía de Barcelona en 2027. El proceso de primarias, que el presidente del partido, Carles Puigdemont, intentó evitar por todos los medios, se ha convertido en una prueba de fuego para su autoridad interna. Más que el cartel electoral, lo que se mide es hasta qué punto el líder independentista mantiene el control de una formación que todavía conjuga pasado convergente con pulsión posprocés.

El plan frustrado de Puigdemont para evitar las primarias

Puigdemont y el secretario general, Jordi Turull, maniobraron durante meses para sortear una elección abierta. Primero, trataron de seducir a una figura externa con tirón popular. El empresario Tatxo Benet, cofundador de Mediapro, rechazó la oferta. Tampoco quiso asumirla el expresidente de la Generalitat Artur Mas, que ni siquiera milita en Junts. Ante la falta de fichaje estrella, el expresident volcó sus esperanzas en su antiguo jefe de gabinete, Josep Rius, vicepresidente del partido y persona de máxima confianza.

Rius, abogado de 52 años, estaba llamado a ser el candidato de la unidad y a representar el ala más alineada con el liderazgo de Waterloo. Pero el plan descarriló por la firmeza de Jordi Martí Galbis, concejal en el Ayuntamiento de Barcelona y discípulo del exalcalde Xavier Trias. Martí Galbis, que se afilió a Convergència Democràtica de Catalunya al cumplir la mayoría de edad, se negó a ceder el paso y recibió el respaldo del entorno más vinculado al legado convergente y a la etapa de Trias. Ni siquiera un par de ofertas del sector privado, que le llegaron de forma oportuna, lograron que abandonara la carrera.

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La retirada de Rius, presentada como un gesto para ‘evitar la confrontación y el desafío interno’, dejó al descubierto el pulso latente. El presidente del partido veía cómo su candidato de confianza se retiraba antes de competir y cómo emergían otros tres aspirantes dispuestos a disputarle la hegemonía en Barcelona. ‘El legado de Trias no se hereda’, lanzó una de las candidatas durante el debate, en un mensaje que resonó en los sectores críticos.

La retirada del candidato afín a Puigdemont no fue un gesto pacificador, sino la constatación de que una parte del partido se resiste a la lógica de obeidiencia intelectual que el expresident reclama.

Los cuatro aspirantes y la herencia convergente

Jordi Martí Galbis es el aspirante con mayor trayecto en el consistorio y un pedigrí que él mismo subraya con orgullo. Glòria Freixa, diputada en el Parlament, centró su discurso en la seguridad y la imagen del espacio público: ‘Vas por el centro de Barcelona y ves a gente sin camiseta, y tangas y top less en el parque de la Ciutadella’, dijo. Pilar Calvo, diputada en el Congreso y afín a Míriam Nogueras —recibió incluso el respaldo público del abogado Gonzalo Boye—, defendió la priorización del empadronamiento como bandera en vivienda. Jaume Alonso-Cuevillas, abogado, es el cuarto en discordia.

Más allá de los matices, los cuatro comparten un discurso centrado en el endurecimiento de las políticas de seguridad, la mano dura contra la multirreincidencia y la ocupación, y una rebaja de la presión fiscal. El debate evidenció pocas diferencias programáticas; el verdadero eje de fractura es la relación con el liderazgo de Puigdemont y la herencia de la antigua Convergència.

Se barajaron los nombres de Tatxo Benet, Artur Mas y otros independientes pero ninguno aceptó. El plan inicial del president era claro: un candidato de consenso que evitara la confrontación y que, de hecho, pudiera competir en 2027 con el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, sin exhibir las costuras internas.

Análisis: lo que se juega Puigdemont en las urnas

La votación del domingo no solo define quién será el alcaldable. Lo que está realmente en juego es si la dirección de Junts conserva la capacidad de imponer a sus candidatos en las plazas más simbólicas o si, por el contrario, la base reafirma su autonomía y premia los linajes locales por encima de la disciplina. El pulso que no pudo evitar Puigdemont es el mismo que subyace en otras federaciones del partido, donde el sector triero y el del president libran una guerra silenciosa desde hace años.

Si gana Martí Galbis, la lectura será inequívoca: la legado convergente sobrevive y puede condicionar al president. Si el triunfo recae en alguno de los otros perfiles —más alineados con el núcleo de la dirección—, Puigdemont saldrá reforzado, aunque con la herida abierta de no haber logrado su primera opción. La retirada de Rius ya demostró que la autoridad tiene límites en Barcelona, una ciudad donde Junts hace once meses que no gobierna y donde el independentismo ha perdido peso electoral frente a los Comuns y el PSC.

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El desenlace se sabrá la noche del domingo. El calendario no concede tregua: a partir del lunes, quien gane tendrá que construir el discurso que le enfrente a Collboni y, sobre todo, demostrar que Junts encuentra en Barcelona un proyecto que vaya más allá del debate sobre la poltrona en Waterloo. Ganará quien sea capaz de reconciliar la necesidad de un mensaje propio con un liderazgo que, a fecha de hoy, sigue empeñado en hacer ver que la última palabra la tiene él.