Trump arremete de nuevo contra Meloni por la negativa de Italia a apoyar el bloqueo del estrecho de Ormuz

Trump arremete de nuevo contra Meloni por la negativa de Italia a apoyar el bloqueo del estrecho de Ormuz, mientras la primera ministra niega haberle 'rogado' una foto durante la cumbre del G7. La tensión diplomática ha llevado a Italia a cancelar la visita de su ministro de Exte

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Trump vuelve a atacar a Meloni, insiste en que le ‘rogó’ una foto y la responsabiliza por no sumarse al bloqueo militar del estrecho de Ormuz.
  • ¿Quién está detrás? Donald Trump, presidente de EE.UU.; Giorgia Meloni, primera ministra italiana; y el Gobierno de Italia, que ha cancelado la visita de su ministro de Exteriores a Washington.
  • ¿Qué impacto tiene? La crisis bilateral añade tensión a las ya frágiles relaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea, y pone en evidencia las diferencias en la estrategia para reabrir el estratégico paso marítimo del que depende buena parte del suministro energético europeo, incluido el español.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reavivado este viernes su enfrentamiento con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, al reiterar que ella le «rogó» una fotografía durante la cumbre del G7 celebrada esta semana en Francia, y al recriminarle duramente la negativa de Italia a respaldar el bloqueo militar estadounidense en el estrecho de Ormuz.

En una entrevista con la NBC News, Trump aseguró que Meloni «badly quería una foto conmigo» y justificó su enfado: «Ella no estuvo ahí para nosotros«. El mandatario se refería a la falta de apoyo italiano —y de otros socios europeos— a la operación naval liderada por Estados Unidos para reabrir por la fuerza la vía marítima, cerrada por Irán a finales de febrero y crucial para el tránsito mundial de petróleo y gas. «Era una gran admiradora, pero no la quiero como admiradora porque no estuvo allí, junto con el grupo de la OTAN, en lo que respecta al estrecho«, añadió.

La respuesta no tardó en llegar desde Roma. Meloni, en una declaración grabada, tachó las afirmaciones de Trump de «completamente inventadas«. «Estoy francamente consternada. No sé por qué el presidente de Estados Unidos se comporta así con sus aliados. Después de todo, no es la primera vez que ocurre«, afirmó la primera ministra, que volvió a negar haberle «rogado» la foto. El choque no se ha quedado en palabras: el ministro de Asuntos Exteriores italiano, Antonio Tajani, ha cancelado el viaje oficial que tenía previsto a Washington a principios de la próxima semana, en un gesto de solidaridad con Meloni y, según sus propias palabras, porque los comentarios de Trump «ofenden a toda Italia«.

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La disputa por la imagen no es más que la punta del iceberg de un desencuentro estratégico de calado. Cuando Irán cerró el estrecho de Ormuz a finales de febrero, los precios del gas y del petróleo se dispararon a nivel mundial. Washington respondió con una misión de bloqueo militar destinada a forzar la reapertura inmediata; la mayoría de los gobiernos europeos, incluido el italiano, optaron por la vía diplomática. Prefirieron negociar antes que embarcarse en una acción militar unilateral que consideraban peligrosa e innecesaria.

Europa, con Italia a la cabeza, ha defendido en cada foro internacional que la solución al conflicto iraní debe ser diplomática, no militar. España comparte esa visión: el Gobierno de Pedro Sánchez no ha intervenido en la polémica, pero fuentes diplomáticas confirman que la posición española sigue alineada con la apuesta negociadora de la Unión Europea. Mientras tanto, los consumidores españoles ya notan el impacto: desde el cierre del estrecho en febrero, la factura energética ha subido casi un 12%.

La negativa de Roma a participar en el bloqueo ha golpeado directamente la visión de Trump de una alianza en la que Washington lidera y los demás siguen sin dudar.

Europa prefiere la diplomacia, Washington exige la fuerza

Europa se ha mostrado dividida. Si bien el Gobierno italiano ha sido el más vocal en su rechazo, también Alemania, Francia y España han defendido en los foros del G7 y del Consejo Europeo la necesidad de apostar por el diálogo con Teherán. La tensión entre Washington y Roma se ha trasladado de de inmediato a la agenda bilateral, con declaraciones cruzadas cada vez más ácidas. La apertura del estrecho formó parte de un memorando de entendimiento de 14 puntos firmado por ambas partes la pasada primavera, un texto que contemplaba garantías para la navegación comercial a cambio de alivios en las sanciones. Aunque la vía marítima se reabrió temporalmente, los vaivenes de las últimas horas —con informes que apuntaban a un nuevo cierre y un posterior desmentido del Ministerio de Exteriores iraní— mantienen a los mercados en alerta máxima.

España, que importa una parte significativa de su petróleo y gas a través del estrecho de Ormuz, ha secundado la línea diplomática común de la Unión Europea. El Ejecutivo de Pedro Sánchez no ha hecho declaraciones públicas sobre el último cruce de declaraciones, pero fuentes diplomáticas apuntan a que la posición española sigue siendo la misma: reabrir la ruta comercial sin una escalada militar que pueda incendiar aún más Oriente Medio y disparar los precios de la energía. La factura energética española ya acumula un encarecimiento de casi el 12% desde el cierre de febrero, y un nuevo bloqueo prolongado golpearía de lleno a las familias y al tejido industrial.

La Lógica de Washington

Para entender la indignación de Trump hay que ponerse en el lugar del Ala Oeste. El estrecho de Ormuz es, para Washington, un punto de estrangulamiento irrenunciable: por él circula aproximadamente el 21% del consumo mundial de petróleo. Si Estados Unidos no garantiza su apertura, ningún otro aliado tiene la capacidad militar de hacerlo. La doctrina de Donald Trump es clara: quien lidera paga los costes, y los demás deben apoyar con hechos, no con palabras. En su lógica transaccional, la negativa italiana —y la de otros socios europeos— es una deslealtad que debilita la disuasión y pone en riesgo el suministro energético global, del que también depende Europa.

Washington no ve la diplomacia con Teherán como una vía creíble. La experiencia del acuerdo nuclear de 2015, abandonado precisamente por Trump durante su primer mandato, refuerza entre los halcones del Partido Republicano la idea de que Irán solo entiende la presión militar. De ahí que el presidente exija a sus aliados europeos que se sumen al bloqueo, no que negocien a espaldas de Estados Unidos. La tensión con Meloni es el reflejo personal de un divorcio estructural: la alianza transatlántica arrastra fracturas profundas desde la guerra de Irak, y la crisis del estrecho de Ormuz las ha vuelto a abrir de par en par. Ahora, como entonces, Europa teme que la acción unilateral americana desestabilice la región y acabe costándole más cara que el propio bloqueo.

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Para España, el choque no es un simple espectáculo diplomático. La Península Ibérica es una de las puertas de entrada del gas natural licuado que llega del Golfo Pérsico, y las tarifas eléctricas se mueven al ritmo del Brent. Si la crisis escala y el estrecho vuelve a cerrarse, el impacto se mediría en decenas de euros más al mes para hogares y empresas. Mientras tanto, la fractura entre Washington y sus aliados europeos complica la ya difícil construcción de una respuesta unificada. La próxima cita del Consejo de Asuntos Exteriores de la UE promete ser tensa. El tiempo corre. Y Roma no está dispuesta a ceder ni un centímetro.

Ficha del Caso

  • El caso: Deterioro de la relación personal y política entre Trump y Meloni por la negativa italiana a apoyar el bloqueo militar estadounidense en el estrecho de Ormuz, agravado por acusaciones cruzadas en torno a una fotografía del G7.
  • Datos clave: El estrecho de Ormuz transporta cerca del 21% del petróleo mundial. Italia ha cancelado la visita de su ministro de Exteriores a Washington. La energía española acumula un alza de casi el 12% desde el cierre de la vía en febrero.
  • Para España: La división atlántica añade incertidumbre a la factura energética y debilita la capacidad de la UE para negociar con Irán. Madrid, alineado con la diplomacia europea, verá cómo el precio del crudo dicta el coste de la luz y del gas en los próximos meses.