Rosatom: minas ucranianas hieren a 4 empleados de la central nuclear Zaporiyia

La empresa estatal rusa asegura que dos de los trabajadores se encuentran en estado crítico tras ser alcanzados por minas PFM-1, prohibidas por el tratado que Ucrania suscribió. Moscú exige al OIEA que señale a Kiev y advierte del 'peligro real de un incidente nuclear masivo'.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Rosatom, la empresa estatal nuclear rusa, denuncia que cuatro empleados de la central de Zaporiyia han sido heridos por minas antipersona lanzadas con drones ucranianos durante esta semana.
  • ¿Quién está detrás? Según Rosatom, las Fuerzas Armadas ucranianas utilizan minas PFM-1 ‘Lepestok’ para minar los accesos a la planta y a la ciudad de Energodar.
  • ¿Qué impacto tiene? El incidente eleva el riesgo de un accidente nuclear en la mayor central de Europa y aumenta la tensión entre Moscú y el OIEA, al que acusan de no señalar a Kiev como responsable.

La corporación estatal rusa Rosatom ha denunciado que cuatro empleados de la central nuclear de Zaporiyia resultaron heridos, dos de ellos de gravedad, por minas antipersona lanzadas con drones ucranianos en los accesos a la planta. El suceso, registrado entre el lunes y el jueves de esta semana según la versión rusa, supone una nueva escalada en la campaña de hostigamiento sobre la mayor instalación nuclear de Europa, ocupada por Moscú desde marzo de 2022.

La planta, situada en la ciudad de Energodar, ha sido blanco constante de ataques con artillería y drones desde el inicio de la guerra. Rusia acusa periódicamente a Ucrania de poner en peligro la seguridad nuclear, mientras Kiev sostiene que Moscú utiliza la central como escudo para almacenar equipo militar.

El empleo de minas PFM-1 y la cadena de ataques contra la planta

El director general de Rosatom, Aleksey Likhachev, aseguró este jueves a la prensa que dos de los trabajadores heridos se encuentran en estado crítico y uno de ellos necesitó una amputación de pierna. Según su versión, las minas son dispersadas cada noche mediante drones sobre la carretera principal que lleva a la ciudad y los caminos de de acceso utilizados por el personal. Likhachev describió la acción como ‘otro intento de las autoridades de Kiev de expulsar a los residentes de Energodar e imposibilitar las operaciones rutinarias de la central nuclear’.

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Los artefactos empleados son minas antipersona PFM-1, de diseño soviético y conocidas como ‘Lepestok’ (pétalo) por su forma de mariposa. Están diseñadas para mutilar en lugar de matar y están prohibidas por la Convención de Ottawa de 1997, un tratado del que Ucrania es parte firmante. Las PFM-1 se despliegan normalmente en grandes cantidades, por vía aérea o artillería, y su color verde o marrón las camufla entre la vegetación.

Hace apenas un mes, un dron ucraniano alcanzó un vehículo de servicio en las inmediaciones del emplazamiento industrial, matando al ingeniero jefe de la planta, Aleksandr Yakovlev, y a su conductor. Rosatom elevó entonces el tono y calificó el hecho de ‘acto terrorista deliberado’. Según Likhachev, en los últimos tres meses más de una decena de empleados han muerto y muchos otros han resultado heridos como consecuencia de ataques ucranianos sobre la central.

Las minas PFM-1 están prohibidas por la Convención de Ottawa, pero vuelan cada noche sobre los caminos que llevan a la mayor central nuclear de Europa.

La presión sobre el OIEA y el riesgo de incidente nuclear

Moscú ha redoblado sus críticas al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que mantiene una misión de expertos en Zaporiyia, por reconocer los ataques sin atribuirlos directamente a Ucrania. La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, Maria Zakharova, afirmó recientemente que ‘lo que se requiere del liderazgo del organismo no son gimnasias verbales o falsa corrección política, sino evaluaciones claras y pasos concretos para impedir la propagación de amenazas a la seguridad nuclear’.

El director de Rosatom advirtió del ‘peligro real de un incidente nuclear masivo’ que podría afectar a partes de Rusia, Ucrania y la Unión Europea. Aunque el OIEA ha expresado su preocupación, hasta ahora se ha limitado a pedir contención sin identificar un responsable. Para Moscú, esa ambigüedad equivale a una cobertura implícita del hostigamiento ucraniano a la planta, la mayor de Europa con seis reactores y una capacidad de 6.000 MW.

Rosatom minas

Equilibrio de Poder

La denuncia de Rosatom no puede leerse al margen de la guerra de desgaste. Ucrania, sin capacidad para recuperar militarmente la central, recurre al hostigamiento asimétrico para dificultar su operación rusa, en un escenario en el que tanto Moscú como Kiev se acusan mutuamente de terrorismo nuclear. El riesgo, sin embargo, no es retórico: cualquier impacto directo sobre un reactor o una piscina de combustible gastado liberaría contaminación radiactiva transfronteriza.

Para Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, Zaporiyia es un quebradero de cabeza. Washington evita cualquier condena explícita a Kiev y confía en que el OIEA actúe como dique de contención. Pero la escalada de las últimas semanas, con bajas civiles y militares dentro del perímetro de la planta, está acercando peligrosamente a un punto de no retorno. La doctrina nuclear rusa permite represalias ante ataques contra infraestructura crítica, y aunque el umbral sigue siendo alto, el jefe del Kremlin podría verse tentado a escalar si percibe que Occidente ignora deliberadamente el desafío ucraniano.

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España no es inmune a este riesgo. A más de 3.000 kilómetros de distancia, un accidente en Zaporiyia podría disparar la volatilidad en los mercados energéticos europeos, encareciendo el gas y la electricidad en todo el continente, incluida la Península Ibérica. Además, la activación de los mecanismos de protección civil de la UE forzaría a Moncloa a coordinar una respuesta sanitaria y de seguridad, en un momento en el que el gasto en defensa ya está bajo la lupa de la Casa Blanca.

El precedente de Chernóbil, aunque en condiciones muy distintas, recuerda que una nube radiactiva no respeta fronteras. Y si bien la tecnología de los reactores VVER-1000 de Zaporiyia es más moderna, la degradación de los sistemas de seguridad por los combates y la falta de mantenimiento adecuado elevan el peligro. La próxima ventana crítica podría abrirse con una eventual contraofensiva ucraniana en el eje del Dniéper, que pondría a prueba la capacidad de Rusia para proteger la planta.

Mientras tanto, el OIEA seguirá atrapado entre la exigencia rusa de señalamiento y la necesidad de mantener canales de diálogo con ambas partes. La seguridad nuclear se ha convertido en un arma más del conflicto, y el margen para despolitizarla es cada vez más estrecho.