Pete Hegseth convierte desde este mismo ciclo un examen de combate en requisito obligatorio para ascender a general en Estados Unidos.
El secretario de Guerra —el Pentágono fue rebautizado como Departamento de Guerra— presentó este martes la Joint Warfighter Evaluation, una prueba que deberán superar los coroneles y capitanes de navío (el grado O-6, el último escalón antes de la estrella) que aspiren a su primer generalato. El examen mide lo que ningún expediente académico mide: la capacidad de decidir bajo fuego.
Un examen con seis variantes para decidir quién manda en el campo de batalla
Hegseth lo resumió en cuatro líneas. ‘A partir de este año, los O-6 elegibles que se sometan a la selección para una estrella pasarán por esta evaluación para estratificar su capacidad de combatir, adaptarse y ganar’, escribió en el comunicado difundido junto a un vídeo en la red social X. Y añadió: ‘Estados Unidos necesita guerreros capaces de dominar un espacio de batalla caótico’.
El contenido es concreto: se evalúan desempeño, liderazgo y resolución de problemas en escenarios que replican condiciones de combate real. Según los detalles publicados por Fox News, existen seis variantes distintas, una por cada rama militar y una adicional para el nivel del Estado Mayor Conjunto, el órgano que coordina a las cuatro ramas y asesora al presidente de Estados Unidos. La medida se incorporará a la normativa del Pentágono en el año fiscal 2027, que arranca el próximo 1 de octubre.
Lo ha bautizado el propio Hegseth como un ‘igualador objetivo’ que ‘solo se fija en las decisiones operativas bajo presión’. La consecuencia práctica es que el sistema de ascensos militares deja de depender en exclusiva de la antigüedad y de la relación con el superior directo. No es un cambio menor: los informes anuales redactados por el mando inmediato llevaban décadas funcionando como el principal filtro de la carrera.
Stuart Scheller, jefe de Gabinete de personal y preparación del Departamento de Guerra, sostuvo que el Pentágono carecía hasta ahora de un examen capaz de ‘evaluar de verdad a los mejores comandantes en el campo de batalla’. La evaluación llega, además, en plena ofensiva de Hegseth contra los criterios de diversidad, equidad e inclusión en el reclutamiento. Ante los cadetes de West Point, el secretario lo dejó claro: ‘Debemos entrenar exactamente como combatimos’.
El Pentágono no cambia el modo de elegir generales para cuadrar una auditoría: lo cambia para que quien manda haya demostrado antes que sabe mandar bajo fuego.
Por qué los generales que se eligen en Washington importan en Rota y en Morón

Los mandos que pasan por este filtro no se quedan en un despacho. Acaban dirigiendo estructuras conjuntas, y algunas sostienen la presencia militar americana en España: los destructores desplegados en Rota (Cádiz) y el destacamento de la Infantería de Marina en Morón (Sevilla) dependen de cadenas de mando que se nutren de estos ascensos. El comandante del Mando Europeo de EE. UU. es, además, jefe supremo aliado en Europa dentro de la OTAN, con responsabilidad directa sobre el flanco sur y el Mediterráneo.
En España el sistema funciona de otra manera. La Ley 39/2007 de la Carrera Militar combina mérito, antigüedad en el escalafón y evaluación continuada, mientras que los empleos de general y almirante se cubren por designación del Consejo de Ministros a propuesta del Ministerio de Defensa. Ningún ejército aliado somete a sus coroneles a una prueba de combate antes de la estrella.
Hay un detalle institucional que conviene retener: cada ascenso a general debe ser confirmado por por el Senado. El examen de Hegseth no cierra el proceso, lo abre. Y el perfil de los oficiales que lo superen condicionará la interlocución diaria entre mandos españoles y americanos en cuarteles conjuntos y en el día a día de las bases compartidas.
La Lógica de Washington
La pregunta de fondo es qué problema intenta resolver el Pentágono. La respuesta está en el propio diagnóstico oficial: durante dos décadas de rotaciones en Irak y Afganistán, el sistema premió al oficial que no daba problemas, gestionaba bien su unidad en guarnición y cultivaba buenas relaciones con sus superiores. La letalidad quedó como un mérito retórico, mientras el filtro real seguía siendo la evaluación anual y la antigüedad.
No es una invención sin precedentes. En 1986, el Congreso aprobó la Ley Goldwater-Nichols contra el criterio de las propias ramas militares: obligó a que ningún oficial pudiera ascender a general sin haber pasado antes por un destino conjunto. Hoy se considera el origen de la eficacia interarmas que el Ejército americano exhibió en 1991 en el Golfo.
Antes incluso, en plena Segunda Guerra Mundial, el general George C. Marshall construyó su Estado Mayor saltándose la antigüedad para colocar a los mejores. La coalición que sostiene esta agenda es la misma que devolvió a Donald Trump a la Casa Blanca: veteranos, votantes de base del Partido Republicano y una desconfianza explícita hacia los mandos intermedios del Pentágono.
El riesgo es real y en el Departamento de Guerra lo asumen en privado: una prueba estandarizada mide el rendimiento en un escenario, no el juicio en el caos. Si acaba convirtiéndose en un trámite formal, producirá los mismos resultados que dice combatir. La ventana es inmediata: el año fiscal 2027 se abre el 1 de octubre, las primeras juntas de selección bajo el nuevo criterio llegarán en ese ciclo y cada ascenso tendrá que pasar después por la confirmación del Senado. Hegseth ha movido la pieza; el calendario hará el resto.
Ficha del Caso
- El caso: El secretario de Guerra, Pete Hegseth, añade un examen de combate obligatorio para los coroneles que aspiren a su primera estrella, dentro de su agenda de mérito, letalidad y revisión de los criterios de diversidad.
- Datos clave: Seis variantes del examen, una por rama y una conjunta; se aplica a oficiales del grado O-6; entra en la normativa del Pentágono en el año fiscal 2027, que comienza el 1 de octubre de 2026; cada ascenso requiere después la confirmación del Senado.
- Para España: Los generales seleccionados acaban dirigiendo estructuras conjuntas que afectan a Rota y Morón y al mando aliado en Europa; la Ley 39/2007 mantiene en España un modelo mixto de mérito, antigüedad y designación del Consejo de Ministros.

