Trump exige a Hegseth explicaciones por el arsenal de misiles de EEUU bajo mínimos

El presidente considera que fue engañado sobre el estado real de los inventarios de misiles de defensa aérea, según filtraciones de la reunión en Camp David. Hegseth niega haber ocultado datos y culpa al subsecretario de Defensa de no mantener informado a Trump.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Trump ha pedido explicaciones al secretario de Defensa, Pete Hegseth, por el alarmante agotamiento de los misiles de defensa aérea tras la campaña contra Irán.
  • ¿Quién está detrás? El presidente de Estados Unidos, que se considera engañado, y el propio Hegseth, que culpa a su adjunto de no haber informado adecuadamente.
  • ¿Qué impacto tiene? La falta de misiles Patriot y THAAD limita la capacidad de Washington para mantener una presencia aérea agresiva y deja a aliados como Ucrania sin el paraguas antiaéreo que necesitan.

Donald Trump ha dejado de considerar a su secretario de Defensa, Pete Hegseth, un interlocutor de confianza en el manejo de la guerra contra Irán. Una tensa reunión en Camp David la semana pasada sacó a la luz que el presidente creía que los inventarios de misiles de defensa aérea —Patriot y THAAD— estaban bajo control, cuando la realidad era muy distinta. Según filtraciones recogidas por The Washington Post y la NBC, Trump reclamó explicaciones por lo que considera una ocultación deliberada de la grave escasez de municiones.

La reunión de Camp David: el reproche a Hegseth

Los medios estadounidenses, citando fuentes cercanas al encuentro, aseguran que Trump preguntó directamente a Hegseth por qué no se le había informado de que los stockpiles de misiles antiaéreos estaban al borde del agotamiento. El secretario de Defensa no habría negado la escasez, pero sí haber engañado al presidente. En su defensa, Hegseth señaló al subsecretario de Defensa, Stephen Feinberg, como responsable de no haber trasladado a la Casa Blanca la dimensión real del problema.

La bronca, revelada por varios medios horas después, subraya la creciente frustración de Trump con Hegseth, quien había sido uno de los principales arquitectos de la ofensiva militar contra Irán. Precisamente, la campaña aérea que comenzó hace más de cinco meses ha consumido misiles a un ritmo muy superior al previsto por los planificadores, dejando a Estados Unidos sin margen para responder a otras crisis.

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Misiles Patriot y THAAD bajo mínimos

Según datos recogidos por la CNN, el Pentágono ha consumido cerca del 80 % de su inventario de misiles THAAD y más de la mitad de los interceptores Patriot en comparación con los niveles anteriores a la guerra. A eso se suma el gasto de prácticamente todos los misiles tácticos ATACMS: más de 1.300 unidades lanzadas desde el inicio de las hostilidades, según fuentes de Reuters. La escasez obliga ahora a los mandos militares a priorizar qué amenazas entrantes se interceptan, una situación que compromete la defensa de bases y de los propios aliados.

La situación es tan crítica que la semana pasada Trump rechazó una petición de Volodímir Zelenski, el presidente ucraniano, para recibir cientos de misiles Patriot adicionales, alegando que el Pentágono necesita sus propias reservas ante la guerra en Irán, según informó el Financial Times. El portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca había calificado anteriormente de fake news cualquier tensión entre el presidente y el Pentágono, pero los detalles filtrados apuntan en dirección contraria.

A pesar de los desmentidos oficiales —la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, tildó la información de «100 % falsa», y el portavoz del Pentágono, Sean Parnell, negó que Hegseth hubiera engañado a Trump—, el malestar en la cúpula del poder es evidente. Las filtraciones han puesto al descubierto una crisis de credibilidad en el mando militar. Y los datos de producción agravan la inquietud: el año pasado, Lockheed Martin entregó a todos sus clientes menos de 500 misiles Patriot PAC-3, una cifra que ya se ha superado en los lanzamientos contra Irán. Como advirtió un reciente informe del CSIS, si se activase una crisis en el Báltico, los interceptores Patriot disponibles serían insuficientes para defender las bases de la OTAN, una realidad que obliga a los aliados europeos a replantearse su dependencia del paraguas estadounidense.

Trump creyó que los arsenales estaban bajo control y que la campaña contra Irán no afectaría a la capacidad disuasoria de Estados Unidos.

Trump Hegseth

Equilibrio de Poder

El agotamiento de los misiles de defensa aérea no es solo un problema táctico; reconfigura el tablero estratégico. Washington asumió que su ventaja en guerra de precisión le permitiría castigar a Irán sin mermar su capacidad de respuesta en otros teatros. Cinco meses de combates han demostrado lo contrario: la guerra de desgaste en Oriente Próximo está devorando los arsenales que Estados Unidos necesitaría para defender a Taiwán o para apoyar a Ucrania. Y la OTAN lo observa con inquietud.

Para España, la señal es preocupante. Las bases de Rota y Morón son piezas clave del escudo antimisiles estadounidense en Europa. Si el Pentágono se ve obligado a racionar sus interceptores, la defensa del flanco sur podría quedar desprotegida frente a la creciente amenaza de misiles de crucero o drones que ya se ha visto en el Magreb. Además, la debilidad de los stockpiles deja en evidencia que los aliados europeos, España incluida, tendrán que asumir un papel mucho más activo en su propia defensa aérea, algo que exigiría acelerar programas como el SAMP/T y destinar más recursos al artículo 3 del Tratado de Washington.

Hay un precedente histórico que arroja sombras sobre el presente: durante la Guerra del Golfo de 1991, el consumo de misiles Tomahawk desbordó todas las previsiones, pero entonces la base industrial pudo reaccionar a tiempo. Hoy, la cadena de producción de misiles Patriot está al límite —en parte, por la lentitud de la industria norteamericana para aumentar su capacidad—, y reponer los inventarios de THAAD podría llevar años. La próxima cumbre de la OTAN, prevista para otoño, tendrá que abordar inevitablemente la necesidad de un plan de emergencia para reponer las municiones de los aliados. En Washington, la paciencia con Hegseth pende de un hilo; su caída podría precipitar un giro en la estrategia contra Irán y un reajuste en las prioridades del Pentágono que afectaría directamente a la seguridad de Europa y del Mediterráneo.

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