Irán ofrece reabrir el Estrecho de Ormuz en 7 días si EEUU levanta el bloqueo de sus puertos

Los flujos de crudo por el estrecho cayeron de 21,6 millones de barriles diarios a 4,9 millones entre el cuarto trimestre de 2025 y el segundo de 2026. Teherán exige el fin de las hostilidades y la liberación de sus activos congelados.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Irán ha hecho llegar a Washington, a través de mediadores, una propuesta para reabrir el Estrecho de Ormuz en siete días a cambio de que Estados Unidos levante el bloqueo naval sobre sus puertos.
  • ¿Quién está detrás? La oferta procede del aparato de seguridad iraní y llega con siete exigencias formales. Enfrente, la Administración Trump mantiene la puerta diplomática abierta mientras el Tesoro aprieta con sanciones secundarias.
  • ¿Qué impacto tiene? El estrecho canaliza una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado (GNL) mundial, y los flujos ya han caído de 21,6 a 4,9 millones de barriles diarios. España lo nota vía crudo y gas.

Un alto cargo iraní ha trasladado a Washington una propuesta para reabrir el Estrecho de Ormuz en un plazo de siete días. La condición es inequívoca: el levantamiento del bloqueo naval que asfixia los puertos de la República Islámica desde el estallido de la guerra, a finales de febrero. La oferta llegó la semana pasada por vía de mediadores, justo cuando los líderes mundiales se concentran en Nueva York con motivo de la Asamblea General de la ONU.

Siete días, siete condiciones y un memorándum roto en junio

El funcionario citado por medios internacionales describió la cita neoyorquina como ‘una oportunidad de oro para que Estados Unidos regrese a la diplomacia’, y aseguró que la delegación iraní cuenta con mandato pleno para reactivar las conversaciones.

La respuesta desde Washington ha sido medida. El secretario de Estado, Marco Rubio, declaró a NBC que la Administración está dispuesta a hablar con Teherán ‘si las negociaciones tienen la perspectiva de producir un resultado positivo’. Puerta abierta, alfombra recogida. No hay prevista una reunión entre el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, y Donald Trump en el marco de la Asamblea, aunque el propio Trump señaló el domingo que estaría dispuesto a un cara a cara.

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Teherán no negocia gratis. El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Mohsen Rezaei, confirmó el sábado que su Gobierno ha hecho llegar siete exigencias a la Casa Blanca a través de intermediarios. Entre ellas figuran el cese de las hostilidades, la liberación de los activos iraníes congelados y el fin del bloqueo naval. Las otras cuatro no han trascendido.

El historial invita a la cautela. Un memorándum de entendimiento firmado en junio se deshizo en cuestión de semanas y derivó en una nueva ronda de hostilidades. Desde julio no se conoce ningún contacto cara a cara entre las partes. Cada intento previo de detener los combates ha terminado en el mismo punto.

Trump endureció el tono esta semana al afirmar que está ‘en modo decisión’ sobre Irán y que sopesa nuevas acciones militares, más presión económica o un acuerdo cerrado. La Guardia Revolucionaria respondió con un aviso sin paños calientes: otro ataque estadounidense ampliaría el escenario del conflicto y llevaría consigo el empleo de armamento distinto al utilizado hasta ahora.

Una quinta parte del crudo mundial lleva meses secuestrada por una decisión política que ninguna de las dos capitales quiere firmar en solitario.

Por qué el cierre del estrecho ya se paga en cada factura energética

Los números explican la prisa. Los datos del Gobierno estadounidense sitúan el flujo de crudo a través de Ormuz en 4,9 millones de barriles diarios durante el segundo trimestre de este año, frente a los 21,6 millones del último trimestre de 2025. En condiciones normales, por ese cuello de botella sale una quinta parte del petróleo y del GNL que se mueve en el mundo.

El reparto del daño no es homogéneo. Asia absorbe la mayor parte del crudo del Golfo, pero el mercado del gas licuado funciona por sustitución: un barril que no sale por Ormuz se compensa con un cargamento que sí sale desde Texas o desde Ras Laffan, y a un precio distinto. Quien paga la sustitución es el consumidor final europeo.

La presión financiera acompaña a la militar. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, advirtió el lunes de que las empresas que suministren combustible, servicios aeroportuarios o billetes a las aerolíneas iraníes pueden quedar excluidas del sistema del dólar. Es la técnica que Washington ya aplicó contra el petróleo venezolano: no hace falta detener un buque si se deja sin corresponsalía bancaria a quien lo asegura.

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Equilibrio de Poder

La contradicción de fondo es difícil de disimular. Washington ofrece conversaciones al mismo tiempo que mantiene el bloqueo naval y amenaza con sanciones secundarias; Teherán reclama el fin de las hostilidades mientras la Guardia Revolucionaria anuncia que escalará si hay un nuevo ataque. Ninguno de los dos puede ceder primero sin pagar un coste interno.

Moscú asiste a la función sin necesidad de comunicados. Cada semana de cierre del estrecho sostiene el precio del crudo y abarata en términos relativos el descuento con el que coloca sus propios barriles. Rusia no necesita que la crisis escale; le basta con que no se resuelva. Esa asimetría apenas se menciona en Nueva York y es la que más pesa en los mercados.

Bruselas mide el riesgo en suministro y precio, no en equilibrio estratégico. España está en primera fila de ese cálculo: las refinerías nacionales dependen del crudo importado por vía marítima y el GNL estadounidense se ha convertido en pilar del sistema gasista. Una crisis prolongada encarece el crudo y desplaza cargamentos hacia Asia, con una presión inflacionaria que se notará antes en la cesta de la compra que en los despachos de Exteriores.

El precedente más útil sigue siendo la Guerra de los Petroleros de los años ochenta, cuando Irán e Irak se atacaron mutuamente en el Golfo y Washington reflagó tanqueros kuwaitíes bajo la Operación Earnest Will. Entonces hizo falta una escolta naval permanente para garantizar el paso, y hoy no existe ninguna coalición dispuesta a montar ese dispositivo. La mayoría de los operadores considera que esa ausencia, y no la retórica, es lo que mantiene el riesgo vivo.

Con la ventana de la Asamblea General cerrándose a finales de septiembre, el calendario hará el trabajo que la diplomacia no consigue: obliga a decidir. Si la propuesta caduca sin respuesta, el escenario que queda es el que la Guardia Revolucionaria describe abiertamente, con más presión económica, más bloqueo y más riesgo en la principal arteria energética del planeta.