El rey Mohammed VI presidió en la noche del 21 de septiembre una vigilia de oración ante el mausoleo de Mohammed V, en Rabat, en memoria de su padre, Hassan II, al cumplirse el vigésimo octavo aniversario de su muerte. Lo hizo acompañado por su hijo mayor y heredero, el príncipe Moulay El Hassan, por su hermano, el príncipe Moulay Rachid, y por su sobrino, el príncipe Moulay Ahmed, que caminaron un paso por detrás del soberano.
El monarca, ataviado con una djellaba amarilla, se situó ante el sepulcro iluminado con luz cálida. La ceremonia combinó la recitación de versículos del Corán con la declamación de panegíricos del profeta Mahoma, y las plegarias se elevaron por el descanso del alma de Hassan II y también por la de Mohammed V, su abuelo, sepultado en el mismo recinto.
El mausoleo de Mohammed V, epicentro de la memoria dinástica
Al acto asistieron el jefe del Gobierno, los presidentes de las dos cámaras del Parlamento, y mandos del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Reales. La presencia del arco institucional completo en una ceremonia estrictamente religiosa no es un detalle menor: la legitimidad del monarca alauí se apoya en su condición de amir al-muminin, príncipe de los creyentes, y esa doble naturaleza, religiosa y política, explica por qué la escena se repite cada año con idéntico protocolo.
El recinto que acogió la vigilia es, en sí mismo, un resumen de la historia contemporánea del país. Allí reposan Mohammed V, artífice de la independencia frente al protectorado francés, y su hijo Hassan II, que reinó entre 1961 y 1999. A los dos se les rinde memoria en la misma secuencia: rezo, lectura y silencio.
La fecha, sin embargo, no es fija en el calendario gregoriano. Estas conmemoraciones se rigen por el calendario de la Hégira, de modo que la vigilia se desplaza cada año. Ese detalle explica que el vigésimo octavo aniversario se haya conmemorado en septiembre y no en julio, el mes en que falleció el soberano.
Lalla Meryem y el blanco del luto oficial
La princesa Lalla Meryem, hermana mayor del rey, presidió en paralelo otra vigilia religiosa en la mezquita Assouna de Rabat. Lo hizo vestida de blanco, el color tradicional del duelo en Marruecos, en un gesto que la sitúa de nuevo como figura de referencia femenina de la casa real marroquí. Su papel institucional, discreto pero constante, se ha consolidado por la vía de los actos sociales y religiosos, no de los despachos.
En Rabat, la continuidad de la dinastía se escenifica con rezos; en Madrid, con agendas publicadas. Ambas coronas persiguen lo mismo: que el relevo se vea venir.
Cohesión dinástica con el ruido diplomático de fondo
La escena tiene una lectura interna que pesa más que cualquier interpretación exterior. Mohammed VI, su heredero, su hermano y su sobrino aparecieron juntos y en un orden perfectamente pautado: la línea sucesoria alauí, expuesta en público sin necesidad de comunicado alguno. Es el mismo mecanismo que la Casa del Rey española ha aplicado con la Princesa de Asturias, convertir la formación del heredero en un relato visible y calendado, con hitos que el ciudadano puede seguir año tras año. La imagen de los cuatro hombres en el mismo plano, con el monarca al frente, vale más que cualquier nota de prensa.
Conviene, eso sí, no forzar la lectura. Ninguna fuente oficial marroquí ha vinculado la vigilia con la coyuntura bilateral con España, y la comunicación del palacio se ha mantenido en el terreno estrictamente religioso. La coincidencia con un momento delicado en las relaciones entre Madrid y Rabat a cuenta de Ceuta y Melilla está ahí, pero atribuir a la ceremonia una intención diplomática sería un ejercicio de adivinación. La monarquía alauí utiliza el ritual como legitimación interna; la política exterior se juega en otros despachos y con otros tiempos.
El contraste con el modelo español resulta, en todo caso, llamativo. Mientras Zarzuela publica agendas, presupuestos y discursos íntegros en su página web, el palacio marroquí dosifica la información y convierte cada aparición del soberano en un acontecimiento por escasez. Son dos maneras opuestas de resolver la misma necesidad: que el ciudadano vea al rey. El reto pendiente en Rabat sigue siendo cómo traducir esa cohesión dinástica en una relación estable con el vecino del norte, donde el gesto simbólico no basta cuando el desacuerdo es de fondo. La próxima cita bilateral de alto nivel, aún sin fecha oficial confirmada, será el termómetro real.
Claves del Protocolo y Estado
- Contexto del acto: vigilia de oración en memoria de Hassan II y Mohammed V, con el arco institucional marroquí al completo y la familia real en primera línea.
- El detalle de protocolo: Lalla Meryem vistió el blanco del luto marroquí y el heredero Moulay El Hassan caminó un paso por detrás del rey, con la línea sucesoria expuesta sin comunicado previo.
- Próximos pasos: la Casa Real marroquí no ha confirmado nuevas apariciones del monarca ni la fecha de la próxima cita bilateral entre España y Marruecos.

