La candidatura de Mónica Oltra a la alcaldía de Valencia ha empezado a desbordar los límites de la lista municipal. Lo que parecía un regreso natural de la exvicepresidenta se ha convertido en una compleja operación de encaje de piezas que pone a prueba la capacidad de Compromís para coser un espacio confluente que, a tres años de las elecciones, ya mira por el retrovisor de 2015. El acto del pasado viernes junto a Gabriel Rufián disparó las expectativas y obligó a los nacionalistas a pisar el acelerador.
El efecto Oltra y el ‘sudoku’ de las listas
La exvicepresidenta valenciana no solo vuelve a la primera línea. Lo hace como la síntesis de un proyecto que necesita movilizar los 740.000 votos que logró en 2015 y los 660.000 de 2019, cuando las fuerzas a la izquierda del PSOE no competían juntas pero sí sumaban. La diferencia es que ahora el reto no es solo electoral: es logístico y político. Compromís quiere que en la candidatura estén Esquerra Unida, Podem, Sumar y ERPV, pero los puestos de salida son limitados y la pelea por cada uno puede convertir la operación en un rompecabezas.
Por eso, en la formación valencianista ha empezado a circular una fórmula flexible. La idea es redistribuir los puestos no solo en la lista de Valencia, sino también en la candidatura autonómica a las Corts. «Puede que para algún partido sea más interesante tener un diputado en las Corts que un concejal en el Ayuntamiento», explicaba un cargo de la coalición consultado por La Vanguardia. La oferta, además, podría ampliarse a otras listas municipales e incluso a las generales, una carta que ya se ha puesto encima de la mesa para evitar que la discusión se atasque en el perímetro municipal.
La memoria de los números: 2015 como espejo
El argumento no es retórico. En las últimas autonómicas, Podem y EU obtuvieron un 3,6% de los votos en la circunscripción de Valencia, mientras que en la lista al Ayuntamiento de la capital se quedaron en un 2,3%. Esa diferencia de apoyos pesa en las conversaciones. Si hay posiciones reales en las Corts, los socios con menos tirón municipal pueden compensar su falta de espacio en la lista de Oltra sin sentirse expulsados del proyecto. La operación recuerda a los equilibrios de 2015, cuando Compromís logró ser la tercera fuerza de la Comunitat con una coalición que incluía a Iniciativa, Els Verds y sectores independientes.
La diferencia es que ahora el tablero es más grande. La vuelta de Oltra, que no ha sido sancionada por el caso que la apartó de la política en 2022, es el pegamento afectivo que puede unir a siglas muy desconfiadas entre sí, pero la negociación se adivina larga. De momento, la única fecha fija es la asamblea abierta de Compromís del próximo 4 de julio, en la que se ratificará la candidatura. La votación será en urna y los partidos invitados (Esquerra Unida, Podem, Sumar y ERPV) podrán estar presentes y escuchar el proyecto de Oltra, aunque sin derecho a voto.
Ese evento será el primer termómetro real. Compromís quiere que sea la demostración de que el entendimiento es posible y que la izquierda valenciana está dispuesta a reeditar la fórmula de 2015. Pero las fuentes consultadas por La Vanguardia reconocen que la negociación global de las listas se alargará más allá del verano, porque cada partido pondrá sobre la mesa sus propias exigencias.
La negociación de Compromís refleja el principal desafío de Sumar: convertir una suma de siglas en un proyecto movilizador sin que los partidos se ahoguen en el reparto de puestos.
La Dinámica de Coalición
El caso de Valencia funciona como un laboratorio a escala reducida de lo que sucede en el conjunto de Sumar. La formación que lidera Yolanda Díaz ha construido su identidad alrededor de la lógica de la coalición: un paraguas que cobija a partidos con historia, arraigo territorial e intereses electorales diferenciados. En la Comunitat Valenciana, esa lógica se expresa con una contundencia especial porque Compromís es una coalición de coaliciones —Més-Compromís, Iniciativa, Verds— que ahora debe integrar además a marcas como Podem o EU sin desdibujar su perfil nacionalista y sin que el PSPV se aproveche de la fragmentación.
Lo que está en juego va más allá de un ayuntamiento. La capacidad de Oltra para cerrar un acuerdo amplio definirá la correlación de fuerzas de la izquierda valenciana de cara a las autonómicas de 2027. Si el pacto sale bien, Sumar y Compromís podrán presentarse como la alternativa nítida al PSPV en el espacio progresista. Si fracasa, el fantasma de la división y el voto útil al PSOE amenazará con repetir los malos resultados de las generales de 2023, cuando la desunión restó escaños.
En el equilibrio interno, el ofrecimiento de puestos en las Corts y las generales es, al mismo tiempo, una cesión y una señal de fortaleza. Cede porque reconoce que las marcas pequeñas necesitan una vía de representación para no sentirse fagocitadas. Y muestra fortaleza porque Compromís, pese a llevar la voz cantante, evita imponer un reparto unilateral y opta por una negociación inclusiva. La clave estará en si ese ofrecimiento es suficiente para que nadie se levante de la mesa, sobre todo cuando en el horizonte asoma la posibilidad de que Sumar, como marca estatal, pueda tener interés propio en la papeleta autonómica.
Ficha del Caso
- El caso: Compromís negocia una candidatura conjunta con Esquerra Unida, Podem, Sumar y ERPV para las elecciones municipales y autonómicas de 2027, liderada por Mónica Oltra, y estudia fórmulas flexibles de reparto de puestos.
- Datos importantes: En 2015, las fuerzas a la izquierda del PSOE sumaron 740.000 votos en las autonómicas y en 2019, 660.000. La asamblea de ratificación de la candidatura de Oltra será el 4 de julio de 2026, sin derecho a voto para los socios invitados.
- Resumen: El encaje de Oltra en las listas valencianas se ha convertido en el primer test de la estrategia de coalición de Sumar fuera del ámbito parlamentario, con el riesgo de que un desacuerdo reproduzca la división que ya penalizó a la izquierda en las generales de 2023.
