El Pentágono ha abierto una investigación para identificar al informante que filtró al periodista Matthew Cole detalles sobre crímenes de guerra cometidos por miembros de SEAL Team Six, la unidad de élite de la Armada estadounidense. La filtración, que sirvió de base para el libro Code Over Country: The Tragedy and Corruption of SEAL Team Six (2022), ha destapado una cultura de impunidad que amenaza la seguridad operativa de las fuerzas especiales.
De los ‘quiet professionals’ al lucrativo negocio de las memorias
Hubo un tiempo, no tan lejano, en que los Navy SEALs se enorgullecían de ser los ‘quiet professionals’, los profesionales silenciosos. Hoy cuesta encontrarlos en silencio. Las estanterías se comban bajo el peso de incontables memorias de exoperadores que se han convertido en un auténtica fábrica de contenidos para Hollywood. La deriva es tal que siete exSEAL ocupan ahora escaños en el Congreso de los Estados Unidos y otros tantos altos cargos en la Administración Trump, mientras otros facturan como podcasters, consultores de liderazgo o imagen de suplementos y bebidas energéticas.
Le pongo en contexto: otras comunidades de operaciones especiales, como la Delta Force o los Army Rangers, apenas han producido unos pocos libros. De los operadores de escuadrones tácticos de la Fuerza Aérea o de unidades con nombre en clave clasificado no se escucha una palabra. Ellos sí son los auténticos profesionales silenciosos. ¿Qué les pasó a los SEALs? La respuesta corta es que la guerra contra el terrorismo les hizo perder el rumbo. La larga, documentada por Cole, es que se volvieron completamente inaccountables.
La investigación en curso busca al responsable de haber ventilado detalles operativos clasificados. Matthew Cole construyó su libro con información que solo podía proceder de dentro de DEVGRU —el nombre oficial del SEAL Team Six— o de círculos muy próximos a la cadena de mando. La filtración no es un simple chivatazo: hablamos de crímenes de guerra, ejecuciones extrajudiciales y encubrimientos que el Pentágono preferiría mantener en la sombra.
El oficio periodístico tiene reglas distintas al oficio de la inteligencia, pero la intersección es explosiva. La fuente de Cole —o las fuentes— operó con un tradecraft que recuerda más a una deserción moral que a una operación de contrainteligencia clásica: nadie buscaba beneficiar a una potencia extranjera, sino exponer las vergüenzas de una unidad que se creía por encima de la ley.
La filtración no busca desestabilizar a Washington, sino exponer la corrupción de los que juraron defenderlo.
El precio de la impunidad: crímenes de guerra y encubrimientos
Lo cuento porque ya advertí en El quinto elemento que «el próximo 11S empezará con un clic». No estoy hablando de ciberataques ahora, sino de cómo la línea entre el secreto operativo y su comercialización se ha difuminado hasta volverse peligrosa.Los SEALs que escriben libros o montan podcasts están, sin saberlo, normalizando la exhibición de métodos y tácticas que deberían permanecer ocultos. Cada anécdota publicada sobre una misión en Afganistán o Irak es un regalo para los analistas de inteligencia de adversarios reales.
En el caso concreto de Code Over Country, lo filtrado va mucho más allá de batallitas de cuartel. El libro documenta ejecuciones de prisioneros, manipulación de pruebas y una cadena de mando que miró para otro lado. Si el Pentágono consigue identificar al informante, se enfrentará a un dilema incómodo: procesar a un héroe condecorado que decidió que su conciencia pesaba más que su juramento.
Usted, que sigue este vertical, sabe que las filtraciones desde dentro de unidades de élite no son nuevas. Pero ésta tiene un agravante: la cantidad de detalles tácticos que aparecen en el libro. Desde procedimientos de inserción nocturna hasta métodos de interrogatorio, la información es lo bastante granular como para interesar a cualquier servicio de inteligencia enemigo.
Dossier Moncloa: Ojos en la Sombra
Vector de Amenaza: Filtración desde dentro. El método es HUMINT en su forma más pura: una fuente humana con acceso directo a material clasificado. No ha habido hackeo, no ha habido zero-day . Ha bastado la conciencia (o el rencor) de alguien que un día tuvo la llave del armario de los secretos. La clasificación estimada del material filtrado ronda el nivel Top Secret / SCI (Sensitive Compartmented Information), dado que incluye tácticas, nombres en clave y acciones encubiertas.
Agencias implicadas: La defensora es el Pentágono, a través del Naval Criminal Investigative Service (NCIS) y probablemente el FBI en la parte de contrainteligencia. No hay un atacante externo; el enemigo está en casa. Como terceros observadores, todas las agencias aliadas que operan con DEVGRU —incluido el CNI en los programas de intercambio— se ven afectadas porque cualquier filtración sobre procedimientos de fuerzas especiales estadounidenses repercute indirectamente en sus protocolos conjuntos.
Me consta por fuentes de la Casa de Castelló que estos episodios se siguen con preocupación en Madrid. No porque España tenga un SEAL Team Six, sino porque nuestras unidades especiales —la Fuerza de Guerra Naval Especial, el GOE— entrenan codo con codo con los SEALs en ejercicios como Flintlock . Lo que manche a los SEALs salpica, aunque sea de refilón, a todos los que comparten técnicas y tácticas.
El precedente histórico que viene a la mente es la filtración de los Papeles del Pentágono en 1971, aunque con una diferencia fundamental: entonces se trataba de mentiras de Estado; ahora, de crímenes de guerra cometidos por una unidad convertida en marca. Le adelanto que veremos más casos: la tentación de rentabilizar el servicio en las fuerzas especiales es directamente proporcional al culto al héroe que ha generado Hollywood.
El Pentágono tiene un plazo incómodo. Si identifica al informante antes de las próximas elecciones legislativas, la filtración se convertirá en munición política. Si no lo hace, la sensación de impunidad entre los SEALs críticos con la deriva comercial no hará sino crecer. Usted y yo seguiremos atentos.
