EEUU mantendrá capacidades críticas pero más limitadas en la OTAN mientras Europa asume el mando militar del flanco norte. Lo confirma el SACEUR, el general Alexus Grynkewich, en tránsito hacia la ceremonia de relevo en Norfolk.
El jefe del Mando Supremo Aliado en Europa, cargo que ocupa el general Grynkewich, ha dicho en voz alta lo que la Alianza llevaba meses mascullando en los pasillos de Bruselas: Washington seguirá aportando lo que solo Washington puede aportar, pero lo hará en dosis decrecientes. La fórmula exacta, traducida del inglés, es capacidades críticas pero más limitadas. La pronunció en una entrevista telefónica con Reuters este jueves, camino del cuartel general de Norfolk, Virginia, donde un general británico sustituye a un vicealmirante de la Marina estadounidense.
El relevo no es protocolo. El Mando Conjunto de Fuerzas de Norfolk tiene encomendadas las operaciones en el Ártico y el norte de Europa, además de la protección de las rutas transatlánticas de reabastecimiento: la arteria por la que llegaría el material a Europa en caso de crisis. En paralelo, un oficial europeo asumirá el Mando Conjunto de Nápoles. Dos piezas del tablero dejan de estar en manos estadounidenses. El detalle de estos mandos puede consultarse en el portal oficial de la OTAN.
Qué significa exactamente ‘crítico pero más limitado’
Grynkewich intentó tranquilizar a los aliados sobre la revisión en curso de la postura militar estadounidense en el continente. No hay, dijo, ‘resultado predeterminado’ respecto a cuántos militares permanecerán en Europa ni sobre qué capacidades podrían reubicarse. Hoy hay unos 80.000 militares estadounidenses desplegados en el continente. Esa cifra ha funcionado durante tres décadas como el suelo psicológico de la disuasión europea y ahora queda flotando en el aire.
Traducido a material, el adjetivo ‘limitado’ apunta a la capa fina del catálogo aliado: inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR, por sus siglas en inglés), transporte estratégico, reabastecimiento en vuelo, guerra electrónica, mando y control, y el paraguas nuclear extendido. Son las capacidades que ningún ejército europeo puede replicar a corto plazo y las que convierten a EEUU en socio indispensable. Si esa capa se recorta, el resto del reparto es decorado.
Lo que Europa sí puede hacer es producir. Munición de artillería, defensa antiaérea de corto y medio alcance,, misiles de crucero, blindados: ahí el cuello de botella es industrial, no presupuestario. La producción europea de munición de 155 milímetros sigue por debajo del consumo estimado en un escenario de alta intensidad, según los cálculos que manejan los estados mayores aliados.
Una alianza no se desmantela de un golpe: se desmantela por entregas, cambiando mandos cada trimestre y llamando a eso reparto de responsabilidades.
La guerra híbrida que sí preocupa a la OTAN
El SACEUR habló el mismo día en que trascendía el aviso del servicio de inteligencia de Defensa de Dinamarca: Moscú probablemente intensificará en los próximos meses la guerra híbrida contra Occidente, entendida como el conjunto de ataques por debajo del umbral de un asalto militar convencional. El informe danés añade un matiz que conviene leer despacio: existe un riesgo ‘bajo pero creciente’ de que Rusia lance una agresión militar limitada contra uno o varios países de la OTAN que comparten frontera con ella.
Los incidentes de las últimas semanas dibujan ese patrón. Un intento de ataque con drones contra el aeropuerto alemán de Leipzig/Halle. Un buque ruso disparando bengalas contra un helicóptero militar danés. ‘Es preocupante’, reconoció Grynkewich, antes de añadir que la Alianza debe mantenerse ‘tranquila y confiada’ y recordar que dispone de los mecanismos necesarios para gestionar el riesgo. El Kremlin niega cualquier implicación en operaciones de sabotaje o de guerra híbrida, y también que esté preparando una confrontación directa.
Hay un dato que complica el cuadro y que el propio general esquivó con una frase rotunda. EEUU ha consumido buena parte de su arsenal global de misiles de largo alcance de alta precisión en la guerra con Irán. Preguntado por si Putin podría leer esa merma como una ventana de oportunidad, Grynkewich fue tajante: ‘Mejor que no lo intente bajo mi mando’. Y remató asegurando que cuenta con las autoridades necesarias para actuar y disuadir cualquier agresión contra el territorio aliado.
Equilibrio de Poder
La lectura de fondo es la de una superpotencia que ya no quiere pagar la factura europea al precio de siempre. Trump ha amenazado repetidamente con salir de la OTAN, a la que acusa de sostener aliados que se aprovechan del paraguas estadounidense, y este relevo de mandos es la traducción operativa de ese discurso. Moscú, mientras tanto, no necesita ganar: le basta con desgastar. Cada acto de sabotaje, cada dron desviado, cada bengala lanzada cuesta muy poco y obliga a Bruselas a gastar energía política en algo que no llega al artículo 5. Bruselas responde con más intercambio de inteligencia y con europeos en los mandos, pero el dinero y la capacidad industrial siguen llegando tarde.
Para España el movimiento tiene consecuencias medibles. Rota alberga cuatro destructores AEGIS, el mayor despliegue antimisiles permanente de EEUU en Europa, y Morón sostiene una fuerza de proyección clave en el Sahel y el Mediterráneo. Si Washington reubica capacidades en el marco de la revisión, la centralidad española en el flanco sur se diluye justo cuando Marruecos, Argelia y el Sahel reclaman atención. A eso se suma la presión presupuestaria: el 5% del PIB que exige la Casa Blanca equivaldría a más de 80.000 millones de euros anuales en defensa, varias veces el presupuesto actual del Ministerio.
La perspectiva a diez años invita a un precedente incómodo. En Suez, 1956, Londres y París descubrieron que podían lanzar una operación militar y perderla políticamente porque Washington decidió no sostenerla. No hubo comunicado de ruptura ni salida formal de ninguna alianza: simplemente, el socio mayor dejó de empujar y el resto se quedó sin margen. Lo que observamos ahora es una variante lenta de aquel episodio. La pregunta no es si EEUU sale de la OTAN, sino qué capacidades quedan cuando termine la revisión de la postura de fuerzas, un calendario que Bruselas espera cerrar antes de que acabe el año. El próximo examen real para España no será militar, sino presupuestario: el debate de las cuentas de Defensa de 2027 dirá si el discurso del rearme europeo tiene traducción en euros o se queda en el gesto.

