EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Dos componentes del F-35 —la cubierta de la cabina y una puerta del compartimento de armas— salieron de Australia rumbo a Estados Unidos, hicieron escala en Corea del Sur y acabaron desviados a Hong Kong, donde quedaron retenidos por las autoridades chinas.
- ¿Quién está detrás? El transporte lo gestionaba la estadounidense UPS y las piezas las fabrica Lockheed Martin. Al menos dos comités del Congreso de Estados Unidos investigan el episodio.
- ¿Qué impacto tiene? Pone en cuestión la cadena logística del caza furtivo más avanzado de Occidente y estalla en plena visita de Estado de Xi Jinping a Washington.
China ha obtenido componentes del F-35 después de que un envío procedente de Australia acabara desviado a Hong Kong. Politico lo destapó la semana pasada y Bloomberg ha completado este jueves el relato: la cubierta de la cabina y una puerta del compartimento de armas del caza, fabricadas por Lockheed Martin, salieron de Australia hacia Estados Unidos para su inspección y nunca llegaron a su destino.
Un desvío, dos piezas y un recubrimiento que no se compra en el mercado
El transporte lo operaba la estadounidense UPS. Según las fuentes citadas por Bloomberg, la aeronave hizo escala en Corea del Sur antes de ser redirigida a Hong Kong. Nadie ha explicado por qué. Tampoco está claro si el desvío fue intencionado o un error de despacho.
Lo que viajaba en el contenedor no era chatarra cualquiera. Dos fuentes consultadas por Bloomberg sostienen que ambas piezas iban recubiertas de material absorbente de radar, la capa que reduce la firma electromagnética del aparato y multiplica su supervivencia frente a un radar enemigo. No es el diseño del avión, pero sí parte de la fórmula que lo vuelve invisible. Canberra sostiene lo contrario: eran piezas inservibles.
El F-35, el caza furtivo más caro de la historia, lo operan una veintena de países, entre ellos Corea del Sur, Japón, Singapur y Australia. Canberra actúa desde hace años como el gran almacén regional del Indo-Pacífico: guarda repuestos, talleres, y capacidad de sostén para los aparatos de sus aliados. Ese papel logístico es lo que convierte el extravío administrativo en un problema de seguridad nacional.
Richard Marles, ministro de Defensa de Australia, ha confirmado que su Gobierno trabaja con Washington y con Lockheed Martin para aclarar la responsabilidad de Canberra. Marles insiste en que las piezas no eran sensibles. Un portavoz de la compañía en Australia lo resolvió con una frase: ‘los componentes en cuestión están inservibles y se consideran de bajo riesgo de explotación’. El Ministerio de Exteriores chino dice que no tiene conocimiento del incidente; el Gobierno de Hong Kong no comenta casos concretos.
En la cadena del F-35 no hay piezas inocuas: hay piezas trazadas y piezas perdidas.
Al menos dos comités del Congreso han abierto investigación, según Bloomberg. La coincidencia política es incómoda: Xi Jinping aterrizó el miércoles en Washington para una visita de Estado con Donald Trump, y la delegación china gana un argumento sobre los controles de exportación estadounidenses.
Australia, el almacén del Indo-Pacífico con un punto ciego
Australia no es un cliente menor del programa: es infraestructura. Alberga depósitos de repuestos, talleres y capacidad de sostén para los F-35 que operan en la región. Todo eso se apoya en cadenas de transporte civiles, subcontratadas y auditadas a posteriori. El eslabón frágil no estaba en la fábrica de Fort Worth, sino en un manifiesto de carga.
No es la primera vez que esa cadena se contamina. En 2022, el Pentágono paralizó la entrega de nuevos aparatos tras detectar una aleación de origen china en imanes del motor, y la investigación llegó hasta proveedores de tercer nivel. Entonces era una traza dentro del producto; ahora hablamos de un aparato entero fuera de control.
El interés real no está en la cubierta ni en la puerta, sino en el recubrimiento y en la trazabilidad: cómo envejece, con qué parámetros se mide y cómo lo mantiene Lockheed Martin. Para un laboratorio chino, disponer de muestras físicas es una ventaja que ningún informe sustituye.
Equilibrio de Poder
Washington se mueve en dos direcciones contradictorias. La Casa Blanca quiere cerrar la visita de Xi con gestos de estabilización comercial; el Congreso no está dispuesto a admitir la pérdida de muestras del programa más sensible de su industria. Moscú lee el episodio con interés táctico: cada fisura en la logística occidental alimenta su relato de que la tecnología de bloque no es hermética. Bruselas carga con el mismo problema, porque su industria sigue dependiendo de imanes y minerales críticos de origen chino.
España no opera el F-35. El relevo de los AV-8B+ de la Armada mantiene vivo el interés por el F-35B, el modelo de despegue corto y aterrizaje vertical, mientras Defensa apuesta por el FCAS europeo. La lección incomoda a Madrid: si un hub aliado pierde dos piezas en un vuelo comercial, cualquier programa compartido arrastra ese riesgo. Las bases de Rota y Morón forman parte de la misma arquitectura logística.
En el Magreb y el Sahel la fuga también cuenta. Marruecos, Argelia y los ejércitos del Sahel compiten por ventaja tecnológica en un mercado donde Moscú y Pekín venden material sin condiciones políticas. Cada muestra que Occidente pierde recorta la distancia cualitativa que sostiene su influencia en la frontera sur.
El riesgo inmediato no es una réplica del caso, sino su institucionalización: la próxima ventana crítica serán las conclusiones de los dos comités del Congreso y la revisión de los protocolos logísticos del programa, además del Military Balance que el IISS publica cada febrero. Lo observamos como un aviso: la disuasión empieza hoy en la aduana. Las piezas siguen en Hong Kong.

