El duque de Edimburgo asumió este domingo el saludo de los veteranos en Horse Guards Parade, a escasos metros del Cenotafio de Whitehall. El príncipe Eduardo, con el uniforme del Royal Wessex Yeomanry, presenció el desfile de más de 10.000 antiguos combatientes que, tras el oficio de recuerdo, marcharon para rendir su propio homenaje a los caídos en guerra. Lo hizo en representación de su hermano, el rey Carlos III, que había encabezado la conmemoración nacional depositando su ofrenda floral al pie del monumento.
La escena tuvo dos escenarios encadenados. Primero, el Cenotafio. Después, la tribuna de Horse Guards, donde el duque saludó el paso de las asociaciones de veteranos junto al secretario de Estado de Defensa, Wes Streeting, y al presidente nacional de la Royal British Legion, el vicealmirante retirado Paul Bennett. Sobre la piedra del monumento, las coronas entregadas por los participantes fueron depositándose hasta formar una alfombra de amapolas rojas.
El saludo de los veteranos: uniforme, tribuna y una generación que se extingue
Entre los participantes figuraron miembros de la Queen’s Own Highlanders Regimental Association y una docena de veteranos de la Segunda Guerra Mundial. Cada año son menos, y por eso el aplauso del público fue, según los testigos, especialmente cálido con quienes combatieron entre 1939 y 1945. Un detalle que explica mejor que cualquier discurso el sentido del acto: la memoria se sostiene mientras haya quien la encarne.
El duque de Edimburgo no llegó directamente a la tribuna. Había participado antes en el oficio del Cenotafio, donde Carlos III depositó su corona en nombre de todos los británicos y donde también rindieron ofrenda el príncipe de Gales y la princesa Ana. La reina Camila y la princesa de Gales siguieron la ceremonia desde un balcón sobre Whitehall, junto al duque de Kent, de 91 años y con servicio activo en su hoja militar, la duquesa de Edimburgo y el vicealmirante sir Tim Laurence. Los duques de Gloucester completaron la representación familiar.
La niebla empezó a bajar sobre Londres durante el oficio. El rey apareció visiblemente emocionado en una jornada que reunió a nueve exprimeros ministros —cifra récord— presentando sus propias coronas: esperaron a que el actual primer ministro, Andy Burnham, hiciera lo propio antes de desfilar ante el monumento.
La Corona británica no improvisa sus gestos: cada ausencia en una tribuna obliga a diseñar una presencia que la sustituya sin ruido.
El reparto de funciones que la Casa Real británica ya no oculta
El saludo a los veteranos es, en la gramática protocolaria británica, uno de los gestos de mayor densidad simbólica y menor exigencia logística. No requiere discurso ni anuncio: basta con estar en la tribuna correcta, con el uniforme correcto, en el minuto exacto. Ese es precisamente el tipo de tarea que la Casa Real británica ha ido redistribuyendo entre sus miembros activos desde hace una década.
El príncipe Eduardo, duque de Edimburgo desde 2023, ocupa en ese esquema un lugar intermedio y útil. No es el heredero ni el monarca, pero su condición de hermano del rey le permite representar a la institución sin competir con ella. La elección del uniforme del Royal Wessex Yeomanry, cuerpo al que mantiene vinculación castrense, añadió una capa de legitimidad que un traje civil no habría proporcionado. El detalle no es menor en un país donde el uniforme todavía se lee como una declaración.

La jornada, además, ordenó las jerarquías con precisión: el rey en el Cenotafio, el heredero junto a él, la princesa Ana con su propia corona y el duque de Edimburgo cerrando la secuencia en Horse Guards. Cada posición correspondía a un rango y a una función. Nada quedó al azar, y esa es exactamente la lógica que el palacio quiere proyectar.
El modelo del relevo y la lección para la Corona española
La delegación tiene una virtud y un coste. La virtud es la continuidad: el desfile de veteranos no depende de la presencia física del monarca y, por tanto, no se resiente cuando el monarca no puede o no debe estar. El coste es la difuminación. Cuando el gesto central de una jornada tan pautada lo asume un hermano del rey, el relato público tiende a preguntar por la ausencia antes que por el homenaje. Es el precio de una familia real con menos miembros activos que en cualquier momento del siglo XX, y es también la razón por la que Buckingham calibra con cuidado qué actos cede y cuáles no.
En España la secuencia es, en parte, la inversa. Felipe VI concentra todavía la práctica totalidad de los actos de Estado con carga política, mientras la Princesa de Asturias construye su perfil institucional en paralelo a una formación militar que avanza por etapas. No es un modelo mejor ni peor: es distinto. La Corona española ha optado por la concentración y el relevo generacional pausado; la británica, por la dispersión controlada de tareas entre un número reducido de manos.
Tras seguir varias jornadas de este tipo, me parece que el acierto británico no consiste en delegar más, sino en delegar sin ambigüedad. El duque de Edimburgo no sustituyó al rey: lo representó, con un mandato claro y un formato reconocible. La confusión nace cuando la frontera entre representar y decidir se vuelve borrosa, y ahí el protocolo funciona como garantía.
Queda un reto pendiente que la institución no resuelve con una sola tarde de niebla y amapolas: la visibilidad de un monarca que envejece mientras la ciudadanía exige cercanía. El calendario institucional británico vuelve a mirar al miércoles 11 de noviembre, cuando el país guardará el silencio de dos minutos del Día del Armisticio. Será la prueba de si este reparto de funciones se consolida o se queda en un gesto aislado.
Claves del Protocolo y Estado
- Contexto del acto: el saludo del duque de Edimburgo a más de 10.000 veteranos cierra el Domingo del Recuerdo y confirma su papel como representante activo de Carlos III en actos castrenses.
- El detalle de protocolo: el uniforme del Royal Wessex Yeomanry y la tribuna de Horse Guards, con el secretario de Defensa y la Royal British Legion, delimitan un gesto de representación sin competencia con el oficio del Cenotafio.
- Próximos pasos: el calendario británico sitúa el siguiente hito en el silencio de dos minutos del Día del Armisticio, el 11 de noviembre; la Casa Real no ha detallado aún qué miembros de la familia lo encabezarán.

