Despoblación rural Galicia: el testimonio de un vecino de Ourense que aguanta en una aldea con dos residentes

Dos vecinos resisten en aldeas de Ourense donde el silencio y la soledad son la norma, mientras Galicia afronta un reto demográfico que anticipa el futuro de la España vaciada.

En las aldeas de Quintela de Humoso y Parada, en el municipio ourensano de Viana do Bolo, dos vecinos resisten en solitario el invierno demográfico que vacía Galicia. Según el reportaje publicado por La Región, Agustín Álvarez Martínez, de 75 años, sobrevive en un lugar donde el silencio es tan denso que “pasan días sin ver a nadie más que a otro vecino”.

Quintela de Humoso y Parada: la soledad como forma de vida

Agustín lleva toda una vida en Quintela de Humoso. La aldea, que hoy apenas cuenta con dos habitantes censados, según datos del Concello de Viana do Bolo, llegó a rondar los treinta en los años setenta, antes de que la emigración hacia Barcelona, Bilbao o Suiza la fuera desangrando. Ahora, su día a día se reduce a cuidar la huerta, salir a cazar o pescar y, sobre todo, combatir la soledad. “Se pasa bastante mal cuando no hay compañía”, confiesa. En verano, la llegada de antiguos vecinos suaviza la sensación de aislamiento, pero el resto del año, la realidad es otra.

A pocos kilómetros, en Parada, Jorge Domíguez Ramos comparte techo con su madre de 85 años. La aldea también tiene dos vecinos durante todo el año. Jorge, que trabajó en el transporte por carretera y en la Administración autonómica, ha regresado para cuidarla. “Pueden pasar días sin ver a nadie, salvo visitas ocasionales”, explica. Su infancia transcurrió en un Parada con treinta habitantes y ahora solo quedan ellos. “Cuando mi madre no esté, me quedaré solo hasta que pueda”, admite con resignación.

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La vida en ambas aldeas es una suma de minutos vacíos. No hay tienda, ni bar, ni lugares de encuentro. Todo queda lejos en coche. “Para tomar un café hay que recorrer varios kilómetros”, explica Jorge. La rutina se ciñe a las labores de casa y la huerta, y la soledad se convierte en la compañera más fiel.

El abandono que se palpa en cada rincón

El vacío humano se traduce en un paisaje cada vez más desolado. Casas caídas, fincas sin limpiar y caminos intransitables por la maleza son la norma. Agustín reclama un autobús regular hasta Viana do Bolo y denuncia el deterioro del entorno: “El río está lleno de ceniza y las fincas, sin dueño, engullen todo”. Según datos del Instituto Galego de Estatística (IGE), más de la mitad de los 30.000 núcleos de población de Galicia tiene menos de diez habitantes, y en las dos últimas décadas el rural gallego ha perdido más de 200.000 personas. La paradoja es que el territorio que más peso tiene en la identidad gallega se está quedando sin gente que lo habite.

Quintela de Humoso y Parada no son excepción: son la regla de la Galicia que desaparece en silencio, a la espera de una política que repueble sus aldeas.

Jorge recuerda que hace años intentó montar una pequeña tienda, pero las trabas administrativas y los costes le hicieron desistir. La sensación de abandono institucional es una queja recurrente. “El pueblo se va a quedar aislado”, sentencia Agustín, y no es optimista: “No tiene futuro”.

La Xunta de Galicia, a través de la Consellería de Política Social e Igualdade, mantiene programas de asistencia a mayores en el rural, pero su alcance es limitado. La Ley 5/2019 de reactivación económica de las áreas rurales, aprobada por el Parlamento autonómico con el respaldo de PPdeG y PSdeG y la abstención del BNG, preveía incentivos fiscales y de vivienda. Sin embargo, asociaciones de desarrollo rural denuncian que los resultados han sido escasos, y localidades como Quintela de Humoso y Parada siguen menguando.

El Laboratorio Gallego

En Galicia, la lucha contra la despoblación está atravesada por la fragmentación administrativa y la debilidad del tejido económico del interior. Con un Parlamento de Galicia que ha debatido propuestas para crear un estatuto de pequeños municipios, las formaciones políticas coinciden en la necesidad de actuar, pero discrepan en las medidas. El PPdeG, que gobierna con mayoría absoluta, ha apostado por incentivos fiscales y la digitalización del rural; el BNG exige un plan integral de recuperación de tierras agrarias; y el PSdeG insiste en potenciar los servicios públicos de proximidad.

Para el resto de España, el caso gallego funciona como laboratorio. La dispersión poblacional y el envejecimiento son desafíos que comparten muchas provincias del interior. Las políticas ensayadas en Galicia —desde los centros de atención a mayores hasta las ayudas al emprendimiento rural— son observadas de cerca por otras administraciones autonómicas. El dato a retener es que dos habitantes censados en una aldea son la punta del iceberg de un fenómeno que, según proyecciones del IGE, hará que una cuarta parte de los municipios gallegos pierdan más del 10% de su población en la próxima década. Sin una estrategia nacional coordinada, lo que hoy es noticia en Viana do Bolo será el pan de cada día en la España vaciada. La próxima cita en el Parlamento autonómico sobre el reto demográfico está prevista para el mes de septiembre, y será otro termómetro de la voluntad política para frenar el éxodo.

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Ficha del Caso

  • El caso: Dos aldeas de Ourense (Quintela de Humoso y Parada) con solo dos vecinos permanentes ejemplifican la despoblación extrema del rural gallego.
  • Datos importantes: Según el Concello de Viana do Bolo, cada aldea tiene 2 habitantes censados; en los años 70 superaban los 30. La Xunta aplica desde 2019 la Ley de reactivación de áreas rurales, con incentivos fiscales y de vivienda, pero la pérdida de población continúa.
  • Resumen: La soledad, la falta de servicios y el abandono del entorno físico son las caras más visibles de un desafío que Galicia comparte con el resto de la España interior, y que necesita una estrategia cohesionada de largo plazo para evitar que cientos de aldeas desaparezcan.