Apple sube los precios de Mac y iPad hasta un 58%, el mayor golpe en décadas. La compañía cede por fin a una crisis de memorias que Tim Cook define como ‘algo nunca visto en 40 años’, provocada por la voracidad de la inteligencia artificial en los centros de datos.
Claves de la operación
- Incrementos de hasta 300 dólares en algunos modelos. Los Mac y iPad más potentes sufren el mayor encarecimiento, mientras que el iPhone se mantiene por ahora al margen.
- La demanda de memoria de los centros de datos dispara los costes. Los hyperscalers gastarán 741.000 millones de dólares este año, un 75% más, y los precios de la RAM se han multiplicado por cuatro en tres trimestres.
- Tim Cook advierte que esto ‘no ha hecho más que empezar’. Los economistas estiman que la presión inflacionista de la IA durará al menos dos años y el iPhone 18 podría ser el siguiente en subir.
Durante meses, Apple había resistido. Mientras Samsung, Lenovo y otros fabricantes ajustaban tarifas, la compañía mantuvo precios invariablemente, convirtiéndose en una de las opciones más competitivas del mercado. Pero ese escudo se ha roto. El coste de los componentes ha subido tanto que absorberlo ya no era sostenible, y los primeros en notarlo han sido Mac, iPad, Apple TV, HomePod y Vision Pro. El iPhone, de momento, queda fuera.
La factura de la IA llega al consumidor
La raíz del problema no está en las tiendas. Los centros de datos que entrenan modelos de inteligencia artificial están devorando la memoria del planeta. Cinco grandes tecnológicas —Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle— invertirán este año 741.000 millones de dólares en infraestructura, un 75% más que en 2025. Casi todo ese dinero va a chips, servidores y, sobre todo, a memoria RAM y almacenamiento.
El efecto es demoledor. Según Counterpoint Research, el precio de la memoria se ha cuadruplicado en apenas tres trimestres. Un módulo de 16 GB que costaba 35 euros hace un año ha llegado a superar los 200 euros en algunos momentos. Esa escalada, pensada para alimentar a los gigantes de la nube, acaba filtrándose a cada portátil, tableta o teléfono que compramos.
Tim Cook no es dado a hipérboles. Por eso, cuando declaró a The Wall Street Journal que lo que está pasando con los precios de la memoria es algo que no había visto ‘en más de cuarenta años’, el mercado se tensó. Apple ha resistido más que nadie, pero ya no puede sostener el pulso.
Micron, uno de los principales fabricantes de memoria, acaba de registrar un trimestre histórico con ingresos multiplicados por 3,5 y un margen bruto del 85%, por encima incluso de Nvidia. Su director de negocio apuntó sutilmente que ciertos clientes que presionaron precios a la baja en el ciclo anterior son ahora quienes más sufren la escasez. La estrategia de compra agresiva de Apple, que le funcionó durante años, ha contribuido a crear el entorno que hoy la obliga a subir precios.
La inteligencia artificial está devorando la memoria del mundo y, de paso, los márgenes de quienes fabrican los dispositivos que usamos a diario.
¿Cuánto aguantará el iPhone antes de la tormenta?
El iPhone sigue indemne… de momento. Es el producto estrella y mover su precio tiene implicaciones mucho más profundas. Apple ha acelerado la producción en India para esquivar aranceles y la mayoría de los analistas cree que la presión de costes es ineludible. Las estimaciones apuntan a un encarecimiento potencial de hasta 200 dólares por unidad, especialmente en los modelos con más memoria, como el futuro iPhone 18.
Se espera que toda la serie iPhone 18 incorpore 12 GB de RAM, necesaria para las funciones avanzadas de Apple Intelligence y la nueva Siri. Más RAM significa más coste, y más coste, en el actual contexto, se traduce en más precio. La propia Cook utilizó la palabra ‘comenzar’ al anunciar los ajustes. El iPhone 18 será la prueba de fuego.
La estrategia de Apple frente a un mercado de memorias bajo presión
En esta redacción observamos un cambio de paradigma. Apple, el maestro de la negociación con proveedores, se enfrenta a un mercado donde la demanda de los centros de datos es tan voraz que incluso los contratos a largo plazo se quedan cortos. La compañía había construido su músculo financiero sobre una cadena de suministro que exprimía al máximo cada céntimo. Ahora ese mismo sistema le pasa factura.
En España, donde Apple tiene una cuota significativa, este encarecimiento puede empujar al consumidor hacia opciones más asequibles. No es un fenómeno aislado: la presión inflacionista de la IA, según el 81% de los economistas, se mantendrá al menos dos años. Las fábricas de memoria no duplicarán su capacidad de la noche a la mañana; y aunque pudieran, no lo harán por miedo a un exceso de oferta futuro.
La paradoja es evidente. Si dentro de dos o tres años la demanda de infraestructura de IA se enfría, podría producirse una sobreproducción que hundiría los precios. Hoy, sin embargo, toca asumir subidas. Y prepararse para lo que viene.

