Que Colombia haya aparcado a la República Árabe Saharaui Democrática no es un movimiento menor para España. La decisión de Bogotá de reconocer la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental mete de lleno al país andino en un tablero que España sigue con lupa diplomática.
El giro llegó en la primera semana de Abelardo De La Espriella al frente de la Cancillería colombiana, según El Tiempo. Bogotá congeló sus relaciones políticas y diplomáticas con la RASD y reconoció también la soberanía israelí sobre los Altos del Golán.
Un giro en dos frentes
La Cancillería justificó la ruptura con la RASD señalando que Naciones Unidas no la reconoce como Estado miembro. En su comunicado citó la resolución 2797 (2025) del Consejo de Seguridad, que impulsa el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental.
El detalle jurídico importa. La resolución no declara que el Sáhara Occidental forme parte de Marruecos ni suprime el principio de autodeterminación. El propio análisis de El Tiempo lo matiza: el texto refuerza la vía de la autonomía, no la anexión.
En paralelo, Bogotá reconoció la soberanía de Israel sobre el Golán, con lo que se convirtió en el segundo miembro de la ONU en hacerlo, después de Estados Unidos. La Liga Árabe rechazó de inmediato el paso y Siria lo calificó de contrario al derecho internacional.
Por qué España no puede mirar hacia otro lado
El Sáhara Occidental no es un asunto lejano para España. El Magreb concentra parte de los equilibrios más delicados de la política exterior española. Canarias está a pocos cientos de kilómetros de la costa sahariana, y los acuerdos pesqueros, migratorios y energéticos con Marruecos pasan por una relación bilateral que Madrid cuida al detalle.
Cuando un país como Colombia —miembro no permanente del Consejo de Seguridad— se alinea con Rabat, el efecto no se agota en una nota diplomática. Refuerza la posición marroquí en foros multilaterales y añade presión simbólica sobre quienes, como España, defienden una solución pactada bajo el paraguas de la ONU.
Colombia se suma a una posición que muy pocos países respaldan y obliga a España a recalcular su equilibrio en el Magreb.
La clave histórica que explica la tensión
Conviene recordar que España administró el Sáhara Occidental hasta 1975, cuando abandonó el territorio en plena crisis del franquismo. Desde entonces, el conflicto ha enfrentado a Marruecos con el Frente Polisario, respaldado por la RASD, y la ONU mantiene una misión para supervisar un referéndum de autodeterminación que nunca se ha celebrado. Ese pasado colonial marca todavía la diplomacia española, que procura separar su relación bilateral con Rabat del litigio de soberanía.
La resolución 2797, impulsada por Estados Unidos y Francia en 2025, cambió el énfasis hacia el plan de autonomía propuesto por Rabat. Aun así, no otorga soberanía. El exsenador colombiano Jorge Enrique Robledo recordó en El Tiempo que muy pocos países han respaldado la anexión: Estados Unidos, Israel, Francia y Paraguay.
La decisión de Bogotá no se traduce mecánicamente en un cambio jurídico sobre el terreno. Pero sí altera el clima político. España, con intereses económicos y de seguridad que se cruzan con los de Marruecos, tendrá que leer el nuevo alineamiento colombiano a la hora de negociar acuerdos en el ámbito europeo. La banca, la pesca y las renovables son sectores que necesitan estabilidad jurídica para operar en el Magreb; cualquier señal de reconocimiento cruzado altera el cálculo de riesgo.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: Colombia reconoce la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental y congela relaciones con la RASD.
- Datos importantes: La resolución 2797 (2025) apoya el plan de autonomía de Marruecos, sin declarar soberanía ni anular la autodeterminación.
- Resumen: El giro refuerza a Rabat y obliga a España a vigilar de cerca su propio equilibrio en el Magreb.
