Marruecos cambia de primera ministra y España afronta nuevas tensiones con Rabat

La llegada de Fátima Zahra El Mansouri a la jefatura del Gobierno de Marruecos abre una nueva etapa en las relaciones con España, aunque no necesariamente una etapa más sencilla que seguramente sea abrupta con la posible llegada de las derechas al poder a pesar del veto que las numerosas empresas españolas que tienen intereses en el Reino alauí. El nombramiento realizado por Mohamed VI el 29 de septiembre convierte a Mansouri en la primera mujer que ocupa este puesto desde la independencia del país, después de que el Partido de la Autenticidad y Modernidad (PAM) se impusiera en las elecciones legislativas del 23 de septiembre con 97 de los 395 escaños.

Su llegada se produce, además, en un momento especialmente delicado para Madrid y Rabat. La reciente invasión migratoria de Ceuta, las diferencias sobre los menores marroquíes que permanecen en la ciudad autónoma y las cuestiones relacionadas con el Sáhara Occidental, además de la seguridad y el control fronterizo, condicionarán la relación bilateral durante los próximos meses.

Mansouri ha enviado mensajes favorables al mantenimiento de una relación de alto nivel con España. Antes de ser designada jefa de Gobierno afirmó que la vecindad obliga a mantener unas relaciones «de alto nivel» en los ámbitos económico, comercial y diplomático. Al mismo tiempo, dejó claro que Rabat mantendrá sus posiciones sobre los menores de Ceuta.

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Fatima Zahra El Mansouri atiende a los medios tras ser nombrada primera ministra de Marruecos por el rey Mohamed VI. Foto: Agencias
Fatima Zahra El Mansouri atiende a los medios tras ser nombrada primera ministra de Marruecos por el rey Mohamed VI. Foto: Agencias

Una relación estratégica, pero con nuevos puntos de fricción

El principal riesgo para España no reside tanto en un cambio inmediato de orientación como en que Mansouri tenga que combinar la cooperación con Madrid con las prioridades internas y estratégicas de Marruecos. El nuevo Gobierno nace con una agenda marcada por el empleo juvenil, las inversiones, el Mundial de 2030 y las reformas sociales, pero también por una relación con España que se ha convertido en uno de los pilares exteriores de Rabat.

Desde 2022, Madrid y Rabat mantienen una hoja de ruta que contempla cooperación en migración, seguridad, economía, infraestructuras y otros ámbitos. El Gobierno español definió entonces la relación como estratégica y apostó por una comunicación permanente con el Ejecutivo marroquí.

El problema es que esa arquitectura depende en buena medida de que ambos países mantengan una lectura coincidente de asuntos especialmente sensibles. Ceuta y Melilla, el control migratorio y el Sáhara Occidental continúan siendo cuestiones capaces de generar tensiones incluso cuando el resto de la relación atraviesa una fase de cooperación.

La propia Mansouri ya ha colocado la cuestión de los menores de Ceuta sobre la mesa. Durante la campaña, el PAM reclamó el regreso de los menores marroquíes y responsabilizó a España del desacuerdo existente.

Ceuta vuelve a situarse en el centro de la relación

La cuestión migratoria puede convertirse así en uno de los primeros terrenos de prueba para la nueva primera ministra. La crisis registrada en Ceuta durante el verano ha demostrado hasta qué punto la cooperación con Marruecos tiene una dimensión directamente vinculada a la seguridad española.

La nueva etapa llega después de una crisis en la que decenas de miles de personas llegaron a la ciudad autónoma en un periodo muy reducido. La situación volvió a abrir interrogantes sobre la capacidad de los mecanismos de cooperación entre Madrid y Rabat y sobre la dependencia española de la colaboración marroquí para controlar los flujos migratorios.

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Para el Gobierno español, el escenario más complejo sería que la cooperación migratoria quedara vinculada a otros expedientes diplomáticos. La experiencia de los últimos años demuestra que la relación bilateral puede avanzar rápidamente hacia la cooperación, pero también deteriorarse cuando aparece una cuestión considerada esencial por Rabat.

En este contexto, el discurso de Mansouri sobre los menores apunta a una posible negociación más exigente por parte de Marruecos, aunque todavía no permite anticipar una ruptura ni un cambio completo de política. La nueva primera ministra ha hablado simultáneamente de mantener una relación estratégica con España y de defender las posiciones marroquíes.

El Sáhara y las fronteras, dos asuntos que seguirán condicionando a Madrid

El segundo gran foco de tensión será el Sáhara Occidental. En 2022, Pedro Sánchez comunicó a Mohamed VI que el plan marroquí de autonomía constituía la propuesta «más seria, creíble y realista» para resolver el conflicto, un giro que permitió abrir una nueva etapa diplomática entre ambos países y una traición a las políticas seguidas por todos los gobierno españoles desde que en 1976 se abandonará este territorio africano.

Ese cambio sigue siendo uno de los elementos fundamentales de la relación actual. La llegada de un nuevo Gobierno no significa que Rabat vaya a modificar su posición sobre el territorio, y tampoco existen indicios de que Mansouri pretenda hacerlo. Por el contrario, su pertenencia al PAM, una formación próxima al entorno institucional del monarca, sitúa la política exterior estratégica en un marco en el que la Corona continuará teniendo un peso determinante y su lobby extranjero será la principal arma de estas políticas expansionistas marroquíes.

Para España, esto limita el margen de maniobra de cualquier Gobierno de Madrid. Las cuestiones centrales de la relación con Rabat no se deciden exclusivamente en el nivel gubernamental, de modo que la interlocución con la nueva primera ministra deberá convivir con la relación directa entre las estructuras del Estado español y el entorno del rey Mohamed VI, en este aspecto cabe recordar el delicado estado de salud que tiene el monarca norteafricano.

Ceuta y Melilla constituyen otro elemento especialmente sensible. La hoja de ruta de 2022 incluyó la recuperación progresiva de la normalidad en la circulación de personas y mercancías por ambas ciudades, aunque el comunicado bilateral evitó entrar en la cuestión de su soberanía, un hecho que condena a Pedro Sánchez, que aunque ha reiterado públicamente la españolidad de las ciudades estas últimas semanas, ante la opinión pública española está bastante desacreditado en este tema tan sensible.

Decenas de migrantes regresan caminando a Marruecos, a 31 de julio de 2026, en Ceuta. Foto: Europa Press.
Decenas de migrantes regresan caminando a Marruecos, a 31 de julio de 2026, en Ceuta. Foto: Agencias.

Marruecos afronta su propio cambio interno

El contexto político interno también condicionará la política exterior de Mansouri. El PAM obtuvo 97 escaños, mientras que RNI consiguió 66 e Istiqlal 65, lo que obliga a negociar una coalición. Al mismo tiempo, la participación electoral quedó en torno al 38%, una cifra que refleja el elevado nivel de abstención registrado en los comicios y la gran crisis social por la que pasa el país. Con miles de jóvenes jugándose la vida intentado huir hacia el ‘sueño europeo’ ante la precariedad y las enormes desigualdades que vive la población de Marruecos.

Ese escenario puede presionar al nuevo Gobierno para demostrar resultados en empleo, salarios, servicios públicos e inversiones. Y ahí aparece otra posible consecuencia para España: Mansouri tendrá que responder primero a una agenda doméstica exigente, lo que puede reducir la capacidad política del Ejecutivo marroquí para realizar concesiones en asuntos sensibles con Madrid.

La relación, por tanto, previsiblemente seguirá siendo estratégica, pero estará marcada por una negociación constante. España necesita cooperación marroquí en migración, seguridad y comercio, mientras Marruecos considera a España un socio económico y político de primer nivel. La propia Mansouri ha definido la relación como «histórica y necesaria».

El nombramiento no supone por sí mismo un giro contra España. Pero tampoco elimina los conflictos pendientes que se agravarán posiblemente en estos próximos meses. La nueva primera ministra hereda una relación estrecha y al mismo tiempo llena de asuntos sensibles, en la que cualquier desacuerdo sobre Ceuta, los menores, el Sáhara o la cooperación fronteriza puede tener consecuencias inmediatas. El verdadero alcance de su llegada se comprobará cuando Mansouri tenga que convertir sus declaraciones de cooperación en decisiones concretas frente a Madrid y más si en España se vive un cambio de gobierno.