Vucic dimite y convoca elecciones anticipadas en Serbia tras las protestas y la presión de la UE

El presidente serbio anuncia su dimisión 'en pocas semanas' y elecciones anticipadas tras meses de protestas. Vucic insiste en mantener la amistad con Rusia y China, mientras la UE presiona para que alinee su política exterior con Bruselas.

Aleksandar Vucic ha anunciado su dimisión como presidente de Serbia y la convocatoria de elecciones presidenciales y parlamentarias anticipadas, en medio de protestas antigubernamentales y la creciente presión de la Unión Europea para que Belgrado alinee su política exterior con Bruselas y rompa sus estrechos lazos con Moscú y Pekín.

El todavía presidente serbio lo comunicó durante un mitin de simpatizantes en Belgrado el sábado 27 de junio. Sin detallar una fecha exacta, aseguró que permanecerá en el cargo ‘unas pocas semanas más’ antes de presentar su dimisión formal y activar el proceso electoral. ‘Nada es para toda la vida, y gracias a Dios que no’, añadió, dejando claro que no agotará el mandato previsto hasta mayo de 2027.

El anuncio llega tras meses de manifestaciones que se intensificaron tras la catástrofe ferroviaria de Novi Sad en 2024, en la que murieron 16 personas. Los disturbios esporádicos con la policía han servido de telón de fondo a una campaña de presión que el Gobierno serbio atribuye directamente a Bruselas. Según fuentes citadas por el entorno de Vucic, la Unión Europea estaría utilizando la crisis social para forzar un giro en la política exterior serbia.

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Un adiós sin fecha y el descontento que lo precipita

Vucic fue rotundo en su despedida simbólica: ‘Es la última vez que me dirijo a tanta gente como presidente de Serbia. Sin embargo, evitó dar pistas sobre el calendario electoral exacto, una ambigüedad que mantiene abierta la posibilidad de negociar con Bruselas mientras se disipan las protestas. La oposición, fragmentada tras años de control gubernamental de los medios, ahora ve una ventana para capitalizar el descontento.

El detonante inmediato sigue siendo el derrumbe de la marquesina en la estación de Novi Sad, que destapó años de corrupción en las adjudicaciones de infraestructuras. Las acusaciones de la oposición apuntan a que el Gobierno encubrió fallos estructurales, y la indignación ciudadana se ha transformado en un movimiento más amplio contra el autoritarismo percibido.

La dimisión de Vucic no es una derrota, sino un repliegue estratégico: la batalla por la soberanía serbia se jugará ahora en las urnas.

Bruselas aprieta, Moscú y Pekín mantienen su influencia

La Unión Europea ha insistido en que Serbia debe imponer sanciones a Rusia y apoyar a Ucrania si quiere avanzar en las negociaciones de adhesión. Vucic ha respondido con firmeza: ‘Queremos proteger nuestros cielos nosotros mismos, que ningún ejército extranjero los vigile por nosotros’, en alusión a la la OTAN. Acusa a Bruselas de querer gobernar ‘por correo electrónico o fax’, y de intentar romper las relaciones con Moscú y Pekín.

Rusia suministra aproximadamente el 80% del gas natural que consume Serbia, una dependencia que limita cualquier ruptura drástica. Además, en junio, Vucic visitó China y logró compromisos de inversión por más de mil millones de dólares. La alianza con ambas potencias, que Vucic califica de ‘amistad que no se tira por la borda’, es la piedra angular de su estrategia de no alineamiento y soberanía.

Equilibrio de Poder

La dimisión de Vucic pone a prueba el delicado equilibrio en los Balcanes Occidentales. Para la OTAN, una Serbia neutral pero inclinada hacia Moscú supone un flanco inestable en una región rodeada de Estados miembros de la Alianza. Para la UE, acelerar el proceso de adhesión de Belgrado se ha convertido en una urgencia geopolítica, pero la condición de romper con Rusia choca con la realidad energética y con un sentimiento paneslavo aún arraigado.

Desde Madrid, el impacto se lee en clave energética y migratoria. España mantiene un interés estratégico en la estabilidad de los Balcanes, no solo porque la ruta migratoria de los Balcanes Occidentales puede reactivarse en momentos de crisis, sino porque cualquier nueva fractura en la periferia de la UE aleja el horizonte de una Europa unida ante amenazas globales. La dependencia energética de Serbia es un recordatorio de cómo los grifos de gas ruso construyen alianzas políticas en el corazón de Europa.

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De cara a los próximos diez años, el escenario más probable es que las elecciones anticipadas consoliden a alguna versión del partido progresista —con otro candidato— que mantenga la línea de neutralidad activa. Pero una victoria de la oposición favorable a un acercamiento sin matices a la UE podría empujar a Moscú a contrarrestar con tácticas híbridas. El verdadero riesgo para España y sus socios no es que Serbia tome un camino u otro, sino que el proceso se enquiste y convierta el vacío en terreno fértil para una nueva crisis de seguridad en el flanco sur de Europa.

La cumbre del Consejo Europeo de otoño, donde se debatirá el estado del proceso de ampliación, será la próxima prueba de fuego. Hasta entonces, la ambigüedad calculada de Vucic le permitirá salir por la puerta de atrás sin perder el control del partido que ha dominado el país durante una década.