EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La vicealcaldesa de París, Audrey Pulvar, acusó a Estados Unidos de tener una ‘responsabilidad significativa’ en la ola de calor que ha causado más de 1.300 muertes en Francia, apuntando a las emisiones y al alto uso del aire acondicionado.
- ¿Quién está detrás? Pulvar, responsable de Relaciones Internacionales del Ayuntamiento de París, respondió así a las burlas de turistas e ‘influencers’ estadounidenses que ridiculizaban la falta de climatización en la capital francesa.
- ¿Qué impacto tiene? El cruce de reproches tensa las relaciones transatlánticas en plena crisis climática y reabre el debate sobre la adaptación al calor extremo frente a la responsabilidad histórica de las emisiones.
La vicealcaldesa de París, Audrey Pulvar, acusó directamente a Estados Unidos de tener una «responsabilidad significativa» en la ola de calor que ha dejado más de 1.300 muertos en Francia, en un inusual cruce de reproches que enfría aún más la relación transatlántica. «Queridos periodistas estadounidenses e ‘influencers’: durante días algunos de ustedes han estado criticando y burlándose de París porque la ciudad no tiene aire acondicionado en cada habitación… ¡Dios mío, qué rico!», escribió en Instagram.
Pulvar, que coordina la diplomacia de la capital francesa, argumentó que Estados Unidos, al que señala como el segundo mayor emisor mundial de gases de efecto invernadero, carga con una «parte importante de la responsabilidad» del calentamiento que alimenta estas olas de calor. Recordó que el 90% de los hogares estadounidenses cuentan con climatización, frente a apenas un cuarto de los franceses, y remató: «Así que, por favor, basta de lecciones. Empiecen a hacer su parte».
La acusación de Pulvar: EE.UU. como responsable del calor mortal
Las palabras de la vicealcaldesa no son un hecho aislado. Llegan después de que varios medios y figuras estadounidenses ironizaran sobre la resistencia cultural francesa al aire acondicionado, justo cuando los termómetros superaban los 40 grados centígrados (104°F) en la región. Francia ya ha contabilizado 1.300 muertes en exceso desde el 21 de junio, según Santé Publique France, y la cifra podría aumentar.
El reproche francés apunta a una contradicción que en Washington se lee de otra manera: mientras los europeos, con la excepción de España e Italia, han mirado con recelo la climatización mecánica, el estilo de vida estadounidense la ha integrado como un estándar de confort y salud pública. El secretario de Energía, Chris Wright, ya había generado polémica días antes al afirmar en Londres que «el frío es un asesino mucho mayor que el calor» y que una «revolución del gas de esquisto» en Europa habría evitado la escasez de electricidad para aires acondicionados.
En París, la situación ha llegado a tal punto que incluso políticos tradicionalmente escépticos con el aire acondicionado, incluido el Partido Verde, admiten que una adopción más amplia del sistema puede ser inevitable. Y mientras los parisinos duermen en parques o reservan hoteles para escapar de las temperaturas asfixiantes, el debate se ha trasladado de lo técnico a lo diplomático.
La acusación de Pulvar no es solo un desahogo: pone sobre la mesa la fractura entre dos modelos energéticos y culturales que la crisis climática ha vuelto imposible de ignorar.
El debate del aire acondicionado: entre la cultura y la necesidad
Solo una de cada cuatro viviendas francesas tiene aire acondicionado, frente a la mitad en España e Italia y a más del 90% en Estados Unidos y Japón. Durante décadas, los franceses asociaron estos sistemas con enfermedades, atribuyendo resfriados al «choque térmico». Sin embargo, la repetición de olas de calor extremas —en 2003 ya murieron 15.000 personas— está forzando un cambio de mentalidad.
En Washington, la perspectiva es diametralmente opuesta. La abundancia de gas natural barato, impulsada por la explotación de esquisto, ha hecho del aire acondicionado no solo un estándar de vida sino un argumento de política económica: la energía asequible salva vidas. Chris Wright lo verbalizó al señalar que los altos precios de la electricidad en Europa tras la invasión rusa de Ucrania han disparado las muertes relacionadas con el frío, y que una mayor producción de gas habría aliviado la carga.
La Lógica de Washington
Para entender por qué la acusación de Pulvar provoca escozor en Washington basta con repasar los grandes hitos de la política ambiental estadounidense. En 2001, la administración de George W. Bush rechazó el Protocolo de Kioto con el argumento de que perjudicaba la economía y eximía a países como China e India de compromisos vinculantes. En 2017, Donald Trump retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París por razones similares. El patrón es recurrente: Washington no acepta que se le señale como único responsable de un problema global mientras otros grandes emisores —y ahora también receptores de críticas— continúan con políticas industriales no menos contaminantes.
La administración Trump ha llevado este escepticismo climático a un nuevo nivel, promoviendo activamente los combustibles fósiles y desregulando el sector energético. Para el votante republicano medio, la energía barata y la libertad de elección son valores incuestionables, y el aire acondicionado es casi un derecho. Una acusación como la de Pulvar no solo se interpreta como un ataque a un estilo de vida, sino como un nuevo capítulo del reproche europeo que, según perciben, lleva décadas sin traducirse en reducciones de emisiones proporcionales.
El impacto para España es doble. Por un lado, el país cuenta con una penetración media de aire acondicionado —cercana al 50%— y un sector turístico que depende en gran medida del mercado estadounidense. Si el debate escala, las empresas hoteleras y los operadores turísticos podrían enfrentar críticas similares o, por el contrario, un aumento de turistas estadounidenses que busquen destinos mejor climatizados. Por otro, la tensión transatlántica añade fricción a las negociaciones comerciales en curso, donde los aranceles al acero o al aceite de oliva ya son terreno pantanoso.
La proyección inmediata apunta a las citas multilaterales de otoño: la asamblea general de la ONU y la próxima cumbre del clima. Estados Unidos mantendrá su línea de que la innovación tecnológica y la energía asequible son la respuesta, mientras Europa seguirá pidiendo corresponsabilidad. España, con una diplomacia que suele evitar el choque directo con Washington, tratará de reforzar los puentes, pero la grieta cultural y política revelada por esta polémica tardará en cerrarse.
Ficha del Caso
- El caso: La vicealcaldesa de París, Audrey Pulvar, responsabilizó a Estados Unidos por las emisiones y el alto uso de aire acondicionado que, a su juicio, contribuyen a las olas de calor que han causado más de 1.300 muertos en Francia.
- Datos clave: Mientras EE.UU. climatiza el 90% de sus hogares, Francia apenas alcanza el 25%. Las olas de calor han disparado la mortalidad en Europa, y España se sitúa en una posición intermedia con un 50% de penetración del aire acondicionado.
- Para España: La trifulca diplomática podría afectar las relaciones comerciales y turísticas con Estados Unidos, aunque el Gobierno español probablemente mantendrá un perfil bajo para evitar que el conflicto escale.

