El asilo en Ceuta, en el foco: qué pide Vivas y qué permite realmente

Juan Vivas reclama al Gobierno suspender el asilo en Ceuta para acelerar las devoluciones tras la llegada masiva de migrantes.

La crisis migratoria que atraviesa Ceuta ha abierto un nuevo frente político y jurídico entre el Gobierno central y el Ejecutivo de la ciudad autónoma. El presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, ha reclamado al Ministerio del Interior que se suspendan las solicitudes de protección internacional y que se aceleren los procedimientos para devolver a Marruecos a quienes entraron durante la llegada masiva de finales de julio. La petición ha sido respaldada por el PP, que considera que la situación excepcional de la ciudad justifica adoptar medidas extraordinarias.

Vivas ha ido más allá y ha pedido que las solicitudes de asilo sean desestimadas desde el inicio del procedimiento, al considerar que mantener abiertos estos expedientes dificulta la salida de miles de personas que continúan en Ceuta. El presidente autonómico sostiene que la presión sobre la ciudad ha alcanzado un nivel crítico y reclama al Estado una actuación inmediata.

Sin embargo, el debate tiene una dificultad fundamental: el derecho de asilo no puede suspenderse simplemente mediante una decisión política para un territorio concreto. La legislación española, el derecho de la Unión Europea y los tratados internacionales establecen garantías para quienes solicitan protección internacional.

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El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, interviene durante un desayuno informativo de Nueva Economía Fórum, a 4 de marzo de 2025, en Madrid (Fuente: Agencias)
El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, interviene durante un desayuno informativo de Nueva Economía Fórum, a 4 de marzo de 2025, en Madrid (Fuente: Agencias)

La petición de Vivas choca con el actual marco legal

La primera cuestión que debe aclararse es qué significa realmente suspender el asilo en Ceuta. La Ley 12/2009, reguladora del derecho de asilo y de la protección subsidiaria, establece que una persona que solicita protección internacional no puede ser devuelta, expulsada o retornada mientras su petición no haya sido resuelta o declarada inadmisible, salvo las excepciones previstas legalmente.

Por tanto, una eventual medida del Gobierno no podría consistir simplemente en ordenar que ninguna persona que se encuentre en Ceuta pueda pedir asilo. Una decisión de ese tipo entraría en conflicto con las obligaciones jurídicas asumidas por España y tendría previsiblemente un importante recorrido judicial.

El propio debate generado durante las últimas horas ha puesto de manifiesto esta dificultad. El Gobierno y el Consejo General del Poder Judicial han rechazado que pueda suspenderse de manera general el derecho de asilo en Ceuta, en respuesta a la propuesta formulada por Vivas.

Lo que sí permite la legislación española es rechazar o no admitir determinadas solicitudes cuando concurren las circunstancias previstas en la ley. En los puestos fronterizos, por ejemplo, existen procedimientos específicos y plazos reducidos para decidir sobre determinadas peticiones. La resolución debe estar motivada y puede ser recurrida en los términos establecidos por la normativa.

Qué podría hacer realmente el Gobierno con las solicitudes

La alternativa jurídicamente viable a una suspensión general sería acelerar al máximo la tramitación individual de las solicitudes de asilo. Esto permitiría estudiar cada caso y determinar si existe realmente un motivo de protección internacional o si, por el contrario, corresponde rechazar la petición y activar los mecanismos de retorno previstos en la legislación.

La diferencia es esencial. El Ejecutivo no podría establecer que todas las personas llegadas durante la crisis quedan automáticamente excluidas del derecho a solicitar protección. Tendría que analizarse la situación de cada extranjero, su nacionalidad, sus circunstancias personales y los posibles riesgos que afrontaría en caso de ser devuelto.

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Interior ya ha comenzado a reforzar los medios destinados a esta tarea. El Gobierno ha enviado nuevos agentes de Extranjería a Ceuta para acelerar los procedimientos de expulsión y retorno. Según los datos difundidos por el Ejecutivo, ya se habían procesado cientos de solicitudes de asilo, mientras las autoridades trabajan para determinar qué personas pueden permanecer legalmente y cuáles deben abandonar España.

El problema se encuentra en la dimensión de la crisis. Tras la entrada masiva de finales de julio, miles de personas continúan en Ceuta. El Gobierno estima que alrededor de 8.000 permanecían en la ciudad y calculaba que unas 2.500 podrían ser potenciales solicitantes de protección internacional, además de otros tantos menores que requieren una respuesta específica de las administraciones.

El principal efecto sería acelerar las devoluciones

La consecuencia que busca Vivas es clara: evitar que la petición de asilo se convierta en un mecanismo que prolongue la permanencia en Ceuta mientras se resuelve la crisis migratoria. El presidente ceutí reclama que quienes no tengan derecho a permanecer en España sean devueltos a Marruecos con la mayor rapidez posible.

El Ejecutivo autonómico considera que la ciudad no dispone de capacidad suficiente para mantener durante semanas o meses a miles de personas llegadas de manera irregular. La presión afecta especialmente a los servicios de acogida y a la atención de los menores no acompañados, cuya presencia se ha multiplicado durante la crisis. Vivas ha reclamado al Estado un plan urgente para recuperar la normalidad y ha defendido también el refuerzo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

Desde el punto de vista político, aceptar la propuesta supondría lanzar además un mensaje contundente a quienes pretendan utilizar una entrada masiva para permanecer posteriormente en territorio español. El PP ha hecho suyo el planteamiento de Vivas y ha defendido acudir al marco europeo para buscar una respuesta a la situación excepcional de Ceuta.

Pero existe un límite que España no puede ignorar: el principio de no devolución, que impide enviar a una persona a un país donde pueda sufrir persecución, tortura u otros daños graves. Por eso, incluso en una situación de emergencia fronteriza, las autoridades tienen que distinguir entre inmigración irregular y personas que puedan necesitar protección internacional.

Un grupo de menores espera para ser filiado en una comisaría de la Policía Nacional en Ceuta. Foto : Europa Press.
Un grupo de menores espera para ser filiado en una comisaría de la Policía Nacional en Ceuta. Foto : Europa Press.

Una decisión con consecuencias para España y la frontera europea

El debate sobre el asilo en Ceuta trasciende la política española. La ciudad es una de las fronteras exteriores de la Unión Europea y cualquier cambio sustancial en la forma de tramitar la protección internacional tendría consecuencias políticas y jurídicas en Bruselas.

Una suspensión general podría provocar recursos ante los tribunales españoles y abrir un conflicto con las obligaciones europeas e internacionales de España. Además, podría convertir la gestión de la crisis migratoria de Ceuta en un nuevo punto de fricción con Marruecos, país del que procedió la entrada masiva de finales de julio.

La situación es especialmente delicada porque España y Marruecos han reforzado nuevamente la vigilancia de la frontera ante el temor a otra entrada masiva. Las autoridades españolas mantienen desplegados efectivos policiales, de la Guardia Civil y de las Fuerzas Armadas, mientras Rabat también ha aumentado su presencia en el entorno fronterizo.

En este escenario, la propuesta de Juan Vivas plantea un dilema que el Gobierno tendrá que resolver: cómo acelerar las devoluciones y evitar que Ceuta quede desbordada sin vulnerar el derecho de asilo. La salida no parece pasar por una suspensión absoluta del derecho, sino por utilizar con la máxima rapidez las herramientas que ya permite la legislación para estudiar, rechazar o admitir las solicitudes individualmente.

El presidente ceutí reclama una respuesta excepcional porque considera excepcional la situación. El Gobierno, en cambio, debe encontrar una fórmula que permita recuperar el control de la frontera sin convertir la emergencia migratoria en un conflicto jurídico de mayores dimensiones. Ceuta se ha convertido así en el escenario donde chocan seguridad fronteriza, presión migratoria y derecho internacional de protección.