El jefe militar ucraniano Syrskyi se despide del general Donahue, cesado por Hegseth

La salida forzada del comandante de EE.UU. en Europa y África deja al mando aliado sin su arquitecto de la ayuda militar a Ucrania. Syrskyi agradece a Donahue la entrega de sistemas de largo alcance y defensa antiaérea que salvaron miles de vidas.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El secretario de Defensa de EE.UU., Pete Hegseth, ha forzado la salida del general Christopher Donahue como comandante del Ejército de EE.UU. en Europa y África tras solo 18 meses en el puesto.
  • ¿Quién está detrás? La decisión parte directamente de Hegseth y encaja en una purga más amplia que ha desplazado a una docena de altos mandos desde que asumió el cargo.
  • ¿Qué impacto tiene? El jefe militar ucraniano, Oleksandr Syrskyi, ha agradecido públicamente a Donahue su papel clave en el suministro de armas pesadas y sistemas antiaéreos. La salida ahonda la incertidumbre sobre el apoyo estadounidense a Ucrania y la permanencia de los 80.000 soldados en Europa.

La salida forzada del general Christopher Donahue, comandante del Ejército de Estados Unidos en Europa y África, tras una requisa personal del secretario de Defensa Pete Hegseth, ha desatado una inusual despedida pública: el máximo jefe militar ucraniano, Oleksandr Syrskyi, ha agradecido directamente al general saliente su papel en el sostenimiento del flujo de armamento pesado hacia Kiev. La pieza culmina una purga que ya ha apartado a una docena de altos mandos del Pentágono desde la llegada de Hegseth, y llega en un momento en que Washington revisa su despliegue en el continente y presiona a los aliados para que doblen su gasto en defensa.

Una salida tan abrupta como inusual

Donahue, de 58 años, fue ascendido a general de cuatro estrellas en diciembre de 2024 y se hizo cargo del Mando del Ejército de Estados Unidos en Europa y África, así como del Mando Aliado Terrestre de la OTAN en Esmirna (Turquía). Sin embargo, apenas 18 meses después presentó sus papeles de retiro tras la petición personal de Hegseth, que se produjo a finales de junio. Según fuentes citadas por CBS News, el secretario de Defensa solo se reunió una vez con Donahue —en febrero de 2025— y su decisión pudo estar motivada por un desencuentro personal. El portavoz del Pentágono se limitó a recordar que los oficiales de bandera “sirven a placer del presidente y del secretario de Guerra”.

La ceremonia de relevo, celebrada en la base de Clay Kaserne en Wiesbaden (Alemania), estuvo cargada de elogios hacia Donahue. El comandante supremo aliado en Europa, general Alexus Grynkewich, destacó su capacidad para “ver la necesidad de cambiar, desarrollar un plan, inspirar a otros y construir los procesos que perdurarán mucho más allá de su mandato”. Pero el verdadero reconocimiento llegó desde Kiev: Syrskyi, que dirige la defensa ucraniana desde los primeros días de la invasión rusa a gran escala, publicó en Telegram un mensaje en el que calificó a Donahue como “un hombre de palabra y honor” que “ayudó a salvar miles de vidas ucranianas”.

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La gratitud de Kiev, un gesto con eco estratégico

Syrskyi y Donahue forjaron su relación en los momentos más duros de la guerra. Cuando Rusia lanzó la ofensiva total en febrero de 2022, Syrskyi era jefe de las Fuerzas Terrestres ucranianas y dirigía la defensa de la capital. Donahue, por su parte, comandaba la 82.ª División Aerotransportada y se desplegó en el sureste de Polonia. Desde entonces, el oficial estadounidense fue una pieza clave en la construcción de la maquinaria de apoyo militar a Ucrania: sistemas de largo alcance, defensas antiaéreas y coordinación logística que, según el mando ucraniano, han sido decisivos para contener la ofensiva rusa.

El agradecimiento público de Syrskyi no es solo un gesto de cortesía castrense. Es también un mensaje de alarma para Washington y, sobre todo, para Bruselas. Kiev sabe que la salida de Donahue puede debilitar el entramado de asistencia sobre el que descansa su capacidad de combate, justo cuando el ejército ucraniano afronta un verano difícil en el este del país. La purga de Hegseth, además, coincide con el anuncio de una revisión de los 80.000 soldados estadounidenses desplegados en Europa y con nuevas críticas del secretario a los aliados por su bajo gasto en defensa.

Se marcha el general que construyó la red de suministro militar a Ucrania. Syrskyi no da las gracias: manda un aviso.

Equilibrio de Poder

La destitución de Donahue encaja en un patrón de comportamiento del Pentágono bajo la administración Trump: una revisión constante de los nombramientos que disuade a los mandos de ofrecer consejo franco, como advirtió el almirante retirado William McRaven en The Atlantic, y que ha generado críticas incluso en las filas republicanas. El senador Thom Tillis calificó la medida de “otro error no forzado de un secretario que lidera con bravuconería de hermandad y no con la contención, la humildad y la gestión cuidadosa que merece la mejor fuerza de combate del mundo”. La Casa Blanca, sin embargo, mantiene su confianza en Hegseth, quien ya ha anunciado que el cuartel general de Wiesbaden perderá una estrella —como antes le ocurrió al mando de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos en Europa— dentro de su plan para reducir el número de oficiales de cuatro estrellas.

Para la OTAN, la pérdida de un comandante con el perfil de Donahue no es menor. Él lideró la Iniciativa de Disuasión del Flanco Este, un concepto de combate que integra fuerzas terrestres, drones y datos bajo los planes de defensa de la Alianza. Ahora, el puesto de jefe del Mando Aliado Terrestre quedará en manos de un teniente general británico de forma interina, en un momento en que la tensión con Rusia no cede. Las capitales europeas temen que la salida de Donahue sea el preludio de una retirada significativa de tropas, como apuntó Newsweek, y que el compromiso de Washington con el paraguas de seguridad transatlántico se diluya precisamente cuando más se necesita.

Para España, el relevo tiene implicaciones directas. Las bases de Rota y Morón son nodos esenciales del despliegue estadounidense; una reducción de fuerzas en Europa podría alterar el ritmo de escalas, inversiones y misiones que sostienen una parte de la actividad en esas instalaciones. Además, el debate sobre el gasto en defensa —con la exigencia de Trump de alcanzar el 5% del PIB— se recrudece en Moncloa: el presidente Sánchez ya ha cedido a comprometer 70.000 millones anuales hasta 2032, una cifra que triplica el presupuesto actual y presiona las cuentas de Sanidad y Educación. La inestabilidad en el mando estadounidense añade incertidumbre a la negociación, porque si Washington se desentiende del flanco sur —donde preocupan Marruecos, el Sáhara y el Sahel—, la carga para la defensa española será aún mayor. Según los datos del Military Balance del IISS, el gasto militar español se sitúa todavía en el entorno del 1,3% del PIB, muy lejos de las metas que se discuten en Bruselas y en la cumbre de La Haya.

Lo que está en juego es la arquitectura de seguridad que ha prevalecido durante tres décadas. La purga de Hegseth, la revisión del despliegue y el enfriamiento del respaldo a Ucrania apuntan a una estrategia de repliegue selectivo que prioriza el Indo-Pacífico y deja a Europa la responsabilidad de su propia defensa. Como ha señalado el Institute for the Study of War (ISW), la capacidad ucraniana de defensa aérea depende en un 70% de los suministros estadounidenses; cada general que se marcha simboliza la fragilidad de ese sostén. Y por mucho que Syrskyi guarde eterna gratitud a Donahue, su mensaje en Telegram es también una cuenta atrás: la próxima ceremonia de despedida en Esmirna, el 9 de julio, será la última fotografía de una alianza que empieza a resquebrajarse.

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