Trump proclama el Estrecho de Ormuz ‘nuevo territorio de EE.UU.’ y Teherán lo tacha de ‘delirante’

La declaración llega con las negociaciones entre Washington y Teherán estancadas y con Omán en el centro de la mediación. Irán insiste en cobrar peajes por el paso seguro y Estados Unidos mantiene el bloqueo naval.

Donald Trump ha proclamado este martes que el Estrecho de Ormuz es ‘nuevo territorio de Estados Unidos’. La declaración, lanzada en plena crisis naval con Irán, abre un choque doctrinal sin precedentes sobre una vía por la que transita una quinta parte del crudo mundial.

Una proclamación sin tratado ni reconocimiento internacional

El anuncio llegó en un post de Truth Social con el mapa del estrecho y un área marcada como ‘New territory of the United States’. Sin embargo la proclamación no fue acompañada de ningún tratado, notificación al Congreso estadounidense ni comunicación formal a Naciones Unidas. En derecho internacional no modifica por sí sola la soberanía de ningún Estado. Pero cambia el tono de la crisis: Washington ya no presenta su despliegue como una misión de libertad de navegación, sino como la defensa de un territorio que reclama como propio. En España, el mapa se convirtió en una de las búsquedas de mayor crecimiento ese mismo día, según Google Trends.

El estrecho de Ormuz conecta el golfo Pérsico con el mar de Omán y el océano Índico. Según la Agencia Internacional de la Energía, por sus aguas circula más del 20% del suministro mundial de petróleo y cerca de una cuarta parte del gas natural licuado. Esa densidad de tránsito explica por qué una declaración de soberanía no puede leerse como un simple exabrupto.

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La maniobra llega con las negociaciones entre Washington y Teherán estancadas. La ventana de dos meses para alcanzar un acuerdo expiró el lunes y Trump confirmó que no hay ‘conversaciones en curso ni programadas’. ‘El bloqueo naval sigue plenamente vigente. El estrecho de Ormuz está abierto y operativo. Todas las minas acuáticas han sido retiradas o detonadas’, escribió en una publicación posterior. Las cifras no han podido contrastarse con fuentes independientes.

El lunes, Trump amenazó con atacar a Omán y ‘bombardearlo’ si se interponía en su intento de resolver el conflicto. Muscat ejerce de mediador principal entre Estados Unidos e Irán y, en paralelo, negocia con Teherán un mecanismo conjunto para gobernar el estrecho. La amenaza elevó la presión sobre uno de los pocos canales diplomáticos que todavía siguen abiertos.

La reacción de Irán y el papel de Omán

Trump

Irán, por su parte, busca cobrar peajes por el paso seguro de forma permanente y asegura haber alcanzado un ‘entendimiento’ con Omán. El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, lo confirmó el lunes. Washington rechaza de plano esa posibilidad: la Casa Blanca ha señalado que mantendrá bloqueados los puertos iraníes indefinidamente si Teherán no renuncia a la exigencia de tarifas. Esa es la línea de fricción real bajo la retórica territorial.

El viceministro de Exteriores iraní, Kazem Gharibabadi, calificó de ‘delirantes’ las afirmaciones de Trump y advirtió de que Irán las ‘corregirá’. Al mismo tiempo, agradeció al presidente estadounidense haber escrito correctamente ‘golfo Pérsico eterno’, en referencia a los intentos de rebautizar la vía como ‘golfo Arábigo’. La reacción de Teherán no es solo diplomática: viene acompañada de la reivindicación de un control tarifario que Washington considera inaceptable.

Washington no ha anexado territorio, pero ha instalado el relato de que el acceso al crudo del golfo es una cuestión de seguridad interior.

Equilibrio de Poder

La proclamación tiene más de estrategia negociadora que de anexión formal. La Casa Blanca está señalando que el acceso al golfo Pérsico no es un bien público global, sino una extensión de su seguridad nacional. Para Bruselas, el mensaje es incómodo: la Unión Europea depende de la protección naval estadounidense para mantener abiertas las rutas del crudo y del gas natural licuado que alimentan el sur de Europa.

Moscú, aliado de Teherán, observa con interés la erosión del orden marítimo liderado por Washington. No necesita intervenir: la simple percepción de riesgo en Ormuz encarece los fletes y desvía el comercio hacia corredores rusos o chinos, algo que encaja en su narrativa de un orden multipolar.

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Para España, el estrecho no es una abstracción. La dependencia del crudo y del gas natural licuado procedente del golfo convierte cualquier interrupción en un shock de precios inmediato. Las terminales de regasificación españolas, entre las mayores de Europa, absorberían parte de la presión en un mercado global ya tensionado. A medio plazo, la militarización del golfo encarece las primas de riesgo del transporte marítimo y obliga a la Armada a reevaluar la seguridad de las rutas del Índico.

El precedente más cercano es la Operación Earnest Will de 1987-1988, cuando Washington reabanderó petroleros kuwaitíes para protegerlos de los ataques iraníes durante la guerra de los petroleros. Aquella intervención se justificó como defensa de la libre navegación. La proclamación de Trump va más allá: no protege una ruta internacional, la presenta como propia. Esa diferencia doctrinal es la que Teherán quiere castigar.

A una década vista, el movimiento erosiona el principio de libertad de navegación consagrado en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Si un actor puede proclamar soberanía sobre un paso estratégico sin consecuencias, la lógica se vuelve replicable: Pekín en el mar de la China Meridional, Moscú en el Ártico o Turquía en el Egeo. La ausencia de una respuesta europea coordinada refuerza la impresión de que el tablero marítimo se rige cada vez más por la fuerza.

La Asamblea General de la ONU de septiembre será el primer escenario para medir si la proclamación se queda en un post de Truth Social o se traduce en algo más. Omán, por su parte, tendrá que decidir entre preservar la mediación o acercarse al eje iraní que le ofrece un mecanismo de gestión del estrecho. El siguiente informe del ISW y la evolución de los peajes en el golfo serán la prueba de fuego.