El Rey llamó a Imbroda por la crisis con Marruecos antes que el Gobierno contactara con Melilla

El presidente melillense atribuye a la Corona la primera llamada de interlocución y acusa al Ejecutivo de no haber estado a la altura. La ausencia de confirmación oficial de Zarzuela convierte el episodio en un nuevo frente entre Melilla y el Gobierno.

Juan José Imbroda ha puesto el foco sobre la Casa del Rey al revelar que Felipe VI le llamó personalmente para interesarse por la crisis migratoria con Marruecos. La llamada, según el presidente melillense, se produjo antes de que ningún miembro del Gobierno contactara con la ciudad autónoma.

El dirigente popular, que preside Melilla desde 2023 y ya ocupó el cargo entre 2000 y 2019, detalló el episodio en una entrevista con Artículo14. Imbroda sostiene que el momento más tenso de la crisis se vivió en torno al 30 de julio, aunque descarta que la situación alcanzara la gravedad de Ceuta.

Hoy, a su juicio, la normalidad es la nota dominante. Pero el reproche al Ejecutivo de Pedro Sánchez va más allá de la gestión del fenómeno migratorio. Del Gobierno no me llamó nadie hasta hace 24 horas’, subraya.

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La llamada del Rey que no esperó al Gobierno

El dato que articula su denuncia es la secuencia de contactos. Según Imbroda, la llamada del Rey llegó cuando la presión migratoria aún no se había disipado del todo. En cambio, la ministra de Defensa, Margarita Robles, telefoneó solo 24 horas antes de la entrevista para ponerse a disposición del presidente autonómico.

La diferencia de tiempos alimenta la crítica del dirigente del PP hacia el Gobierno central. ‘El Gobierno de España no es que haya sido sobrepasado, es que no ha existido, es que ha sido un Gobierno fallido’, afirma. La contundencia de la frase resume el malestar de una ciudad que, según su presidente, vivió la crisis con sensación de abandono institucional.

La Casa del Rey no ha confirmado oficialmente la llamada. El episodio, por tanto, debe leerse como el relato de una autoridad autonómica que se siente escuchada por la Corona y desatendida por el poder ejecutivo.

El desgaste de la interlocución autonómica

Juan José Imbroda

Imbroda reclama al Gobierno que actúe sobre el origen del problema migratorio antes de pedir solidaridad a las comunidades autónomas. Pide cumplir el acuerdo de repatriación de menores firmado con Marruecos en 2013 y suspender el asilo político en Ceuta y Melilla hasta resolver la situación.

Su lectura sobre el país vecino es frontal. ‘El Gobierno de España no puede estar siempre cediendo sin nada a cambio. No es fiable como socio’, afirma. La crítica a la fiabilidad de Marruecos como socio de España se produce en plena revisión de la política exterior de Sánchez hacia el reino alauí.

La llamada del Rey, si se confirmara, encajaría con el papel que la Constitución asigna a la Corona en las relaciones exteriores. También con la tradición de la Casa del Rey de cultivar interlocución con los territorios en momentos de tensión.

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La monarquía puede abrir un canal de escucha, pero no puede sustituir la responsabilidad política del Ejecutivo.

La Corona, la política exterior y el desgaste del Ejecutivo

El episodio plantea una lectura de fondo. La llamada de Felipe VI no se limita al terreno migratorio: toca la relación de España con Marruecos, uno de los socios estratégicos más complejos de la política exterior española. En ese tablero, el presidente de Melilla acusa a Sánchez de ceder sin contraprestaciones.

La Zarzuela acostumbra a no divulgar los contactos privados del Rey. La discreción forma parte de su capital institucional. Por eso la revelación de Imbroda, hecha en un medio especializado, no es un gesto inocente: coloca a la Corona en el debate público sobre la gestión de la crisis.

El riesgo institucional es evidente. Si la conversación se convierte en arma política contra el Gobierno, la Corona puede quedar atrapada en una controversia partidista que hasta ahora había evitado. La Casa del Rey tendrá que medir sus próximos movimientos: un silencio prolongado alimenta la versión de la descoordinación, mientras que un desmentido daría aire al Ejecutivo.

La figura del Rey como interlocutor de la política exterior constituye uno de los activos más delicados del sistema. No sustituye al Gobierno, pero puede amortiguar el coste emocional de una crisis territorial. La frontera entre ambos planos, en esta ocasión, ha quedado borrosa.

Al cierre de la crisis, la agenda oficial no recoge ningún acto inmediato del Rey relacionado con Melilla. Sí conviene seguir el desarrollo de la relación bilateral con Marruecos y el posible refuerzo de la interlocución del Ministerio de Defensa con las ciudades autónomas.

El episodio confirma una tendencia: el desgaste del Gobierno se mide también en los silencios y en las llamadas que se producen a destiempo.

Claves del Protocolo y Estado

  • Contexto del acto: La llamada de Felipe VI a Melilla, revelada por Juan José Imbroda, se enmarca en la crisis migratoria con Marruecos y evidencia fallos de interlocución del Gobierno central con la ciudad autónoma.
  • El detalle de protocolo: El contacto entre la Corona y un presidente autonómico en una crisis exterior se ajusta al papel discreto del Rey; su divulgación, según el relato de Imbroda, subraya el vacío del Ejecutivo.
  • Próximos pasos: La Casa del Rey no ha confirmado la llamada ni hay actos oficiales anunciados en Melilla a corto plazo; la atención se centra en la relación bilateral con Marruecos y en la interlocución del Gobierno con Ceuta y Melilla.