Moreno Bonilla cede una vicepresidencia a Vox en el pacto andaluz y entierra la promesa de Feijóo

El presidente andaluz entrega a Manuel Gavira una vicepresidencia con competencias en Justicia y Turismo tras perder la mayoría absoluta. Vox consolida la 'prioridad nacional' como eje de la nueva coalición.

Vox ha logrado imponer sus condiciones en Andalucía. El presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno Bonilla, ha cedido una vicepresidencia al líder de los de Abascal en la comunidad, Manuel Gavira, y ha asumido la llamada prioridad nacional que él mismo había tachado de “literatura” y “eslogan efectista” durante la campaña electoral. El pacto, cerrado a pocas horas de la investidura, entierra la promesa de Alberto Núñez Feijóo de gobernar en solitario y consagra la dependencia del PP de la formación de Santiago Abascal.

Vox impone la ‘prioridad nacional’ y una vicepresidencia de peso

La negociación entre el PP andaluz y Vox ha terminado con un acuerdo que los de Abascal presentan como un paso decisivo en su estrategia territorial. El nuevo Gobierno de coalición reserva para Manuel Gavira la Vicepresidencia y una supercartera que aglutina las consejerías de Justicia, Turismo, Administración Local y Desregulación. Una posición institucional que, subrayan en la dirección nacional de Vox, garantiza su capacidad de influencia en áreas clave como la seguridad jurídica y la política turística, dos de los motores económicos de la comunidad.

Pero el verdadero alcance del pacto es político. La inclusión explícita de la prioridad nacional —el paraguas ideológico que Vox ha impuesto a todos los ejecutivos autonómicos en los que participa— supone que Andalucía se convierte en el cuarto territorio donde el PP asume, negro sobre blanco, un marco de principios que vincula inmigración, identidad y soberanía nacional. Moreno Bonilla, que apenas unas semanas antes calificaba ese concepto de “irreal” e “ilegal”, ha acabado firmando un texto que, según fuentes del partido consultadas por Moncloa.com, reproduce en lo esencial los acuerdos previos de Extremadura, Aragón y Castilla y León.

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La formación de Abascal no ha ocultado su satisfacción. El Comité Ejecutivo Nacional ha valorado muy positivamente el desenlace, que refuerza su tesis de que el PP no puede prescindir de Vox para gobernar en las comunidades donde la aritmética lo exige. “Se acabaron los experimentos de gobierno en solitario”, ha trasladado un portavoz de la sede de Bambú, en referencia a la estrategia de Feijóo de tratar de esquivar a la derecha más a su derecha.

Feijóo sacrifica su promesa de gobernar en solitario y el PP andaluz se pliega

El acuerdo andaluz supone un punto de inflexión en la relación entre ambos partidos. Hace exactamente un año, Alberto Núñez Feijóo se comprometió ante todo su partido a gobernar sin la extrema derecha. Esa promesa, que la dirección nacional del PP repitió como un mantra, ha saltado por los aires. El propio Feijóo tuvo que enmendarse en una entrevista televisiva días antes de la investidura de Moreno: “En el caso de que tengamos que hacer un acuerdo y una coalición de gobierno, nos sentaremos y haremos una coalición de gobierno”.

El giro no es solo formal. Acompaña a un escoramiento cada vez más perceptible del líder popular hacia el discurso de Vox. Este mismo jueves, mientras se conocía el acuerdo andaluz, Feijóo sostenía que España “no está preparada para atender a 50 millones de personas” y advertía del riesgo de que la inmigración desborde los servicios públicos “desde el punto de vista social, de bienestar y cultural”. Un mensaje que, sin citar la prioridad nacional, se alinea con sus postulados básicos.

Para Vox, esta claudicación es la confirmación de que su estrategia de presión por la derecha obtiene resultados tangibles. La ruptura de los gobiernos de coalición autonómicos en 2024, que muchos interpretaron como un suicidio político, se ha revelado como una jugada de largo recorrido. El partido de Abascal se replegó entonces para regresar hoy a los ejecutivos con más fuerza y con un programa más ambicioso. El caso andaluz es paradigmático: Moreno perdió la mayoría absoluta por un puñado de votos y se ha visto forzado a aceptar condiciones que hace un año habrían sido impensables.

La dependencia del PP de Vox para gobernar en Andalucía es la constatación de que la derecha española ya no puede articularse sin la formación de Abascal.

Una lectura estratégica: Vox capitaliza la dependencia del PP

La entrada de Vox en el Gobierno andaluz tiene una lectura que va más allá de la aritmética parlamentaria. El partido de Abascal demuestra que su apuesta por endurecer el discurso en inmigración está rindiendo frutos. Las encuestas habían anticipado un crecimiento electoral de los ultras tras su giro “lepenista”, y la necesidad del PP de pactar con ellos valida esa hoja de ruta. De las cuatro mayorías absolutas que Feijóo pretendía conservar tras el miniciclo electoral, solo tres resisten: Galicia, La Rioja y la Comunidad de Madrid. Y de éstas, únicamente Alfonso Rueda y Gonzalo Capellán mantienen un perfil moderado sin necesidad de apoyarse en Vox. La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, ya ha renunciado a presentarse como moderada y compite en el mismo espacio ideológico que los de Abascal.

El pacto andaluz supone además un golpe al relato interno del PP. El secretario general, Miguel Tellado, fue clave para cerrar el acuerdo, según confirman fuentes consultadas. Génova ha bendecido así un ejecutivo de coalición que incluye a un vicepresidente de Vox con competencias tan sensibles como Justicia. La formación de Abascal, por su parte, obtiene un nuevo laboratorio para aplicar sus políticas estrella: desregulación económica, control de la inmigración y defensa de la identidad andaluza en el marco de una prioridad nacional que ya es ley en cuatro comunidades.

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Para Vox, el camino está claro. La presión por la derecha, lejos de desgastar al PP, lo arrastra hacia sus posiciones y lo convierte en un socio cada vez más dependiente. La dirección nacional del partido confía en que este modelo pueda replicarse en futuros comicios autonómicos y, sobre todo, en las próximas generales. La investidura de Moreno abre un escenario en el que Feijóo ya no podrá negar su alianza con Vox, y eso, en el actual tablero político, es una victoria estratégica de primer orden para los de Abascal.