EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Ursula von der Leyen ha amenazado a China con represalias comerciales si Pekín no presenta resultados tangibles en la corrección de sus prácticas desleales antes de octubre.
- ¿Quién está detrás? La Comisión Europea, con el respaldo del mandato adoptado por el Consejo Europeo, y el comisario de Comercio, Maroš Šefčovič.
- ¿Qué impacto tiene? Una posible escalada proteccionista que pondría en jaque las relaciones comerciales con China, con un déficit de 360.000 millones de euros, y que afectaría a empresas españolas exportadoras e importadoras.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha subido este jueves el tono frente a Pekín. «El diálogo es esencial, pero tiene que dar resultados», declaró durante una visita a Cork, Irlanda, al fijar un ultimátum hasta octubre para que China demuestre avances en la reducción de los desequilibrios comerciales.
Von der Leyen enumeró los motivos de la creciente tensión: exceso de exportaciones chinas de bajo coste, restricciones a las empresas europeas y un uso masivo de subvenciones estatales, prácticas que, en sus palabras, «ya no queremos ver en nuestro mercado». La Comisión ya dispone del Instrumento Anticoerción, pero su complejidad y las divisiones entre los Estados miembros lo han dejado sin usar desde su creación. Ahora, el Ejecutivo comunitario prepara al menos dos nuevas herramientas: una para diversificar cadenas de suministro y otra para garantizar la solidaridad en caso de represalias chinas.
«Según la respuesta de las autoridades chinas, en otoño definiremos nuestras posibles actuaciones», advirtió la presidenta. «Estamos preparados para todo, tenemos todos los instrumentos sobre la mesa y estudiamos otras opciones si fuera necesario». La advertencia se produce justo después de que el Consejo Europeo diera a la Comisión el mandato para adoptar una postura más firme, aunque aún no se ha detallado qué prácticas se abordarían ni con qué grado de contundencia.
El mensaje es claro: Pekín tiene hasta otoño para abrir sus mercados o la UE desplegará todas las herramientas de defensa comercial a su alcance, por primera vez en décadas.
Reacciones y el déficit récord: un expediente que fractura a los Veintisiete
La amenaza de Von der Leyen choca con la realidad de una UE dividida. El primer ministro irlandés, Micheál Martin, cuyo país acaba de asumir la presidencia del Consejo de la UE, abogó por la cautela: «Necesitamos un comercio justo, pero también existe una interdependencia significativa; en cierta medida, todos necesitamos a todos». Sus palabras reflejan las reservas de los Estados más expuestos al mercado chino o que temen dañar sus propios flujos de inversión.
El año pasado, la UE registró un déficit comercial con China de 360.000 millones de euros, y por primera vez los 27 Estados miembros presentaron saldos negativos. La magnitud del desequilibrio ha acelerado los plazos. El comisario de Comercio, Maroš Šefčovič, tras reunirse esta semana con su homólogo chino, Wang Wentao, fijó octubre como fecha para «los primeros resultados tangibles». «La tendencia no es sostenible y mantener el statu quo no es una opción», sentenció. Sin embargo, Bernd Lange, presidente de la comisión de Comercio del Parlamento Europeo, calificó el plazo de «no realista» si se pretenden concesiones vinculantes.

El Eje del Poder Europeo
La escalada retórica con China pone a prueba el equilibrio interno de la UE. Alemania y Francia, con sus potentes sectores industriales, impulsan la línea dura, mientras que países como Hungría o Grecia, más dependientes de la inversión china, se muestran reacios. España, por su parte, se encuentra en una posición delicada: acumula un déficit comercial creciente con Pekín, especialmente en bienes de equipo y consumo, pero a la vez sus exportaciones agroalimentarias y de automoción son vulnerables a aranceles de represalia.
La mayoría de los Veintisiete, sin embargo, está dividida sobre la oportunidad de una confrontación abierta. «El comercio tiene que llevarse a cabo sobre bases equitativas y todos tenemos que regirnos por las mismas normas», subrayó el taoiseach Martin, en un guiño a sus colegas más escorados hacia el libre comercio. No obstante, Bruselas sabe que necesita mantener la unidad si quiere que las amenazas resulten creíbles. La presidencia irlandesa, que acaba de comenzar, será clave para gestionar las fricciones.
El recuerdo de la batalla comercial con Estados Unidos durante la era Trump ofrece un precedente inquietante: la UE puede esgrimir su músculo regulatorio, pero un choque prolongado perjudica tanto a importadores como a exportadores. En esta ocasión, la apuesta es mayor, porque Pekín no solo es un competidor, sino también un socio imprescindible en tecnologías verdes y materias primas críticas. España, que aspira a liderar la transición energética, necesita componentes y paneles solares chinos, lo que complica un eventual endurecimiento.
Octubre se perfila como un mes decisivo. Si para entonces no hay avances concretos, la Comisión podría activar el Instrumento Anticoerción o imponer aranceles selectivos, pero el éxito de la maniobra depende de que los Veintisiete permanezcan cohesionados. De lo contrario, la amenaza se diluirá y Bruselas habrá regalado a Pekín una victoria diplomática. La próxima reunión del Comité de Política Comercial, a final de julio, dará las primeras pistas sobre hasta dónde están dispuestos a llegar los Estados miembros.
