El presidente Donald Trump ha calificado a los candidatos socialistas demócratas de ‘comunistas sin Dios’, y el speaker de la Cámara de Representantes (el tercer cargo en la línea de sucesión presidencial), Mike Johnson, alerta de una infiltración marxista en el Partido Demócrata. Las primarias demócratas confirman el ascenso del ala más izquierdista, ligada a los Socialistas Democráticos de América (DSA). ¿Es solo retórica electoral o existe un hilo ideológico real? Esta guía desgrana las diferencias entre socialismo, comunismo y marxismo en la América de 2026.
El debate ha entrado en en la contienda con una fuerza que no se veía desde la Guerra Fría. Los republicanos equiparan indistintamente ‘socialismo’, ‘comunismo’ y ‘marxismo’, mientras los candidatos del DSA insisten en que defienden una democracia constitucional. Pero, ¿de dónde vienen esos términos y hasta qué punto se tocan?
Un mismo árbol genealógico: Marx, Engels y la promesa del comunismo
Los tres conceptos beben de la obra del filósofo alemán Karl Marx y su colaborador Friedrich Engels. Marx sostenía que el capitalismo concentraba la riqueza en unos pocos propietarios mientras explotaba a los trabajadores, y que la historia avanzaba por el choque entre clases. Según su teoría, el capitalismo sería superado primero por el socialismo, una fase en la que el Estado controla los medios de producción, y después por el comunismo, una sociedad sin clases ni propiedad privada. Eric Patterson, presidente de la Fundación Conmemorativa de las Víctimas del Comunismo, explica que el marxismo no es solo una teoría económica: “es una cosmovisión completa, una ideología que lo explica todo: política, economía, antropología, el sentido de la vida”.
Para Patterson, el socialismo que Marx imaginó era una etapa intermedia: “Vamos a cambiar los sistemas sociopolíticos, primero al socialismo, donde el gobierno se hace con todos los resortes económicos, y con el tiempo asumirá todas las facetas de la vida cívica: eso es el comunismo”. En la práctica, sin embargo, los regímenes que se reclamaron marxistas —la Unión Soviética, la China maoísta o Cuba— se asocian con el autoritarismo, no con la utopía sin Estado.
La conexión republicana entre socialismo y comunismo se apoya en el propio Marx: si el socialismo es la antesala, el comunismo es el destino final. Una línea ideológica que asusta a medio país y moviliza al electorado conservador.
¿Qué defienden hoy los socialistas demócratas de Estados Unidos?
Los socialistas de la era millennial rechazan las etiquetas de comunistas y subrayan su compromiso con las elecciones y la democracia liberal. La plataforma del DSA propone, entre otras cosas, “poseer colectivamente los motores económicos clave que dominan nuestras vidas, como la producción de energía y el transporte”, y que los trabajadores gestionen tanto la economía como la sociedad para satisfacer necesidades humanas, no para generar beneficios privados. Claire Valdez, candidata respaldada por el DSA que acaba de ganar una primaria en Nueva York, defiende la vivienda como un derecho humano: más protección para los inquilinos y fuerte inversión pública en alquiler asequible.
Ese es, quizá, el tema estrella del nuevo socialismo estadounidense. A ello se suman exigencias de sindicatos más fuertes, impuestos más altos a las grandes fortunas y corporaciones, y la consideración de los servicios públicos —sanidad, educación— como bienes comunes. En política exterior, el DSA apoya el movimiento de boicot, desinversión y sanciones contra Israel y el fin de la ayuda militar estadounidense a ese país. Melat Kiros, otra candidata del DSA vencedora en primarias, calificó el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 como “una consecuencia inevitable del apartheid, de la ocupación, de décadas de ocupación”, y aplicó la misma lectura a los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Patterson señala que el pensamiento marxista ha visto históricamente a la religión como una institución que refuerza las estructuras de poder. “Los socialistas son típicamente antirreligiosos —afirma—; ven la religión como jerárquica, patriarcal, supersticiosa”. El propio Trump acuñó la frase “comunistas sin Dios” durante la conferencia del Faith & Freedom Coalition del pasado junio de 2026. Y aunque la mayoría de los candidatos del DSA no se declaran ateos, la asociación cala en el electorado más conservador.
La Lógica de Washington
La estrategia republicana no es nueva; bebe de la tradición anticomunista que Ronald Reagan elevó a seña de identidad. Trump y Johnson identifican cualquier propuesta de ampliación del Estado con el marxismo porque en el imaginario americano la palabra ‘comunista’ evoca inmediatamente a regímenes totalitarios. El cálculo electoral es claro: presentar a los demócratas como extremistas obliga a estos a gastar tiempo y energía en desmarcarse, y moviliza a una base conservadora temerosa de perder las libertades individuales y la economía de mercado.
Para España, la etiqueta tiene implicaciones más allá de la anécdota. El Gobierno de coalición progresista que encabeza Pedro Sánchez podría ser presentado por la Administración Trump como ejemplo de esa deriva socialista que Washington quiere combatir. Aunque el modelo socialdemócrata europeo poco tiene que ver con el programa del DSA, la retórica proteccionista encuentra en el “socialismo europeo” un adversario fácil. Empresas españolas con fuerte presencia en Estados Unidos —Iberdrola, Santander o Inditex— podrían verse arrastradas por un discurso que asocie regulación ambiental, altos impuestos o servicios públicos con un enemigo ideológico. De momento no hay medidas concretas, pero los asesores comerciales ya toman nota.
Las elecciones de medio mandato de noviembre de 2026 serán la próxima ventana para medir la potencia de este relato. Si los candidatos del DSA repiten sus victorias en las primarias de verano, el Partido Demócrata se verá forzado a convivir con un ala que los republicanos seguirán pintando de rojo. Y el péndulo ideológico, que parecía dormido tras el fin de la Guerra Fría, marcará el ritmo de la campaña. Nadie dijo que la batalla cultural fuera gratis.
Ficha del Caso
- El caso: La ofensiva republicana que equipara a los candidatos socialistas demócratas con el comunismo ha cobrado fuerza tras las victorias del DSA en las primarias de 2026. Trump y Johnson lideran la narrativa del ‘miedo azul’.
- Datos clave: El socialismo se define como fase previa al comunismo en Marx; el DSA propone propiedad colectiva de sectores estratégicos, vivienda como derecho y fin de la ayuda militar a Israel. Patterson subraya que el marxismo es una cosmovisión integral, no solo económica.
- Para España: La retórica anti-socialista puede salpicar a empresas españolas en EE.UU. y a la imagen del Gobierno de Sánchez, aunque el modelo europeo difiera del DSA. Las midterms medirán el alcance real del discurso.

