Qué es el edadismo de género: así afecta la invisibilidad a las mujeres mayores de 50 en educación y trabajo

El edadismo de género invisibiliza a las mujeres a partir de los 50 años. Diversos estudios académicos y el análisis de novelas gráficas evidencian el borrado social y laboral que sufren.

El edadismo de género describe la ivisibilidad social que experimentan las mujeres a partir de los 50 años, un fenómeno ampliamente documentado por la investigación académica y presente en el debate público. El término gendered ageism acuña una forma específica de discriminación que combina la edad y el género, y que la socióloga Susan Sontag conceptualizó en 1972 como el doble estándar del envejecimiento. Mientras la madurez masculina se interpreta como acumulación de autoridad y experiencia, en las mujeres la pérdida del capital estético o reproductivo las empuja a una invisibilidad social punitiva.

Qué es el edadismo de género

La profesora Sue Westwood, de la York Law School, demostró en un estudio cualitativo con mujeres de 50 a 89 años que esta invisibilidad no es una percepción subjetiva, sino una realidad con cinco dimensiones precisas: infrarrepresentación en los medios, ser ignoradas en espacios de consumo, desexualización completa y el fenómeno de la «abuelización», un reduccionismo que reduce a la mujer mayor al rol exclusivo de cuidadora familiar. El trabajo, titulado “It’s the not being seen that is most tiresome”: Older women, invisibility and social (in)justice (2023), evidencia que la marginación cultural es estructural.

Una consecuencia directa de esta penalización es el trabajo de belleza (beauty work), concepto desarrollado por Laura Hurd Clarke y Meridith Griffin, de la University of Cambridge. En su investigación con mujeres de 50 a 70 años, publicada en 2008, las participantes recurrían al tinte, el maquillaje o la cirugía estética con el objetivo de luchar contra la invisibilidad y el edadismo laboral. Las autoras subrayan que la presión por ocultar los signos visibles del envejecimiento las sitúa en una tensión entre ser visibles gracias a una apariencia juvenil y asumir las realidades de la edad cronológica.

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El impacto en la educación y el trabajo

El ámbitolaboral y educativo es donde el edadismo de género se torna más tóxico. Un estudio liderado por Jasmin Tahmaseb‑McConatha, de la West Chester University of Pennsylvania, y publicado en 2023 bajo el título The Gendered Face of Ageism in the Workplace, alerta de que la intersección entre género y edad genera un clima que mina el bienestar y la confianza profesional de las mujeres. Las entrevistadas reportaron amenazas a su sentimiento de competencia, dudas sobre sí mismas, “maternalismo” (infantilización), aislamiento y desvinculación progresiva del trabajo.

Las narrativas gráficas aportan un reflejo íntimo de esta realidad. La novela Marcie. Punto de inflexión (Cati Baur, 2025) relata el periplo de una psicóloga despedida a los 49 años que, pese a su máster y experiencia como gestora de proyectos, acaba como encuestadora callejera sufriendo la invisibilidad acentuada del gentío. Su determinación la lleva a ofrecer esa ocultación como una ventaja para el mundo de la investigación privada, transformando un agravio en una herramienta. Por su parte, Mis rollos de cuarentona (Aude Picault, 2025) expone, con humor benevolente y viñetas de la vida cotidiana, la carga mental de una mujer de 44 años atrapada entre la conciliación, las crisis de pareja y la precariedad laboral, justo antes de atravesar el umbral de los 50.

La invisibilidad social se manifiesta en cinco formas concretas, desde la infrarrepresentación mediática hasta la “abuelización”, como documenta el estudio de Sue Westwood (2023).

El Marco Educativo

La investigación sobre el edadismo de género tiene implicaciones educativas que van más allá del ámbito académico. Los hallazgos de Westwood o Tahmaseb‑McConatha interpelan a las políticas de formación a lo largo de la vida y a la necesidad de combatir los estereotipos en los programas de inserción laboral. De hecho, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ya advierte en sus informes que las tasas de participación en educación de adultos caen entre las mujeres mayores de 55 años, perpetuando un círculo de exclusión competencial precisamente cuando más herramientas necesitan para reincorporarse o mantenerse en un mercado de trabajo cambiante.

Las universidades y los centros de investigación, como los citados York Law School, University of Cambridge y West Chester University, desempeñan un papel clave al documentar empíricamente este borrado. Igualmente, las novelas gráficas mencionadas amplifican el debate y lo trasladan al público general, dotando de rostros y vivencias a un problema estructural. La Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) aún no ha emitido un posicionamiento específico sobre el gendered ageism, pero los resultados de estas investigaciones podrían inspirar futuras directrices para combatir la discriminación en los campus y en la formación continua.

Claves de la Noticia

  • Qué importa: El edadismo de género explica el borrado social de las mujeres a partir de los 50 años, un proceso documentado con evidencias cualitativas y cuantitativas procedentes de la investigación académica internacional.
  • Por qué importa: La discriminación laboral y educativa que sufren estas mujeres agrava su vulnerabilidad económica y psicológica, y las excluye de los planes de innovación y formación continua en un mercado cada vez más competitivo.
  • A quién le importa: A las propias mujeres maduras, pero también a las instituciones educativas y a los responsables de políticas de empleo que necesitan diseñar entornos inclusivos libres de sesgos por edad y género.