Si trabajas en España, tu compañero de al lado tiene cada vez más papeletas de haber nacido fuera. Los trabajadores extranjeros cerraron 2025 acaparando en torno al 42% del empleo neto creado durante el año, según los datos de la Encuesta de Población Activa que recoge el propio SEPE en su informe de tendencias.
No es un dato aislado ni una anécdota estadística. Es la confirmación de una tendencia que lleva años consolidándose: el mercado laboral español depende, cada vez más, de la llegada de mano de obra de fuera. Y el informe oficial pone cifras y nombres propios a ese fenómeno.
Trabajadores extranjeros: la cifra que sostiene el empleo
De los 605.400 nuevos empleos que se registraron en España en 2025, unos 258.000 fueron ocupados por personas de nacionalidad extranjera. Eso deja el porcentaje en cifras que rondan el 42-43%, un peso muy superior al que este colectivo representa sobre el total de la población ocupada, que se sitúa alrededor del 16%.
La razón principal está en la demografía. La población activa española envejece y no se renueva al ritmo necesario, mientras que los trabajadores extranjeros presentan tasas de actividad muy superiores, cercanas al 70%, frente al 57% de los nacidos en España. Ese contraste explica buena parte del tirón migratorio en el empleo.
Seguridad Social y el reflejo de una tendencia estructural
La Seguridad Social certificó en 2026 un nuevo récord de afiliados extranjeros, superando los 3,3 millones de cotizantes. El propio Ministerio de Inclusión, a través de moncloa.com, ha subrayado que más del 43% del empleo creado desde la reforma laboral corresponde a este colectivo.
Además, la calidad del empleo también ha mejorado sensiblemente: el 88,5% de los afiliados extranjeros tiene ya contrato indefinido, un salto de casi 30 puntos respecto al periodo 2017-2021. La temporalidad entre los trabajadores extranjeros ha caído incluso por debajo de la media nacional, algo impensable hace apenas un lustro.
Sectores que ya no se entienden sin mano de obra foránea
El informe del SEPE detalla que la dependencia no es uniforme. Hostelería, construcción y el sector agrario siguen siendo los más intensivos en contratación de personas extranjeras, aunque su presencia crece en prácticamente todas las ramas de actividad, incluidas la informática y las telecomunicaciones.
Este avance también tiene un componente de emprendimiento. Cada vez hay más trabajadores extranjeros dados de alta como autónomos, muchos de ellos generando empleo en sectores de alto valor añadido. La ministra Elma Saiz ha insistido en que este colectivo es «gran parte del motor del crecimiento» del país.
Un mercado laboral que ya no se sostiene sin inmigración
El propio Gobierno ha puesto cifras al riesgo de no contar con esta mano de obra. Sin inmigración, según las proyecciones oficiales presentadas este año, España podría perder hasta un 19% de su PIB en 2050, con el cierre de miles de bares, explotaciones agrícolas y aulas por falta de relevo generacional.
Los trabajadores extranjeros no solo tapan un agujero demográfico: sostienen buena parte del crecimiento económico reciente. De hecho, se calcula que la mitad del avance del PIB español de los últimos años se explica por la llegada de población inmigrante en edad de trabajar.
Entre las razones que explican este fenómeno destacan:
- El envejecimiento acelerado de la población activa nacida en España.
- Las tasas de actividad muy superiores entre la población extranjera.
- La escasez de relevo generacional en sectores como la construcción o la hostelería.
- El impulso del emprendimiento extranjero en sectores tecnológicos.
Lo que viene: más dependencia, pero también más oportunidades
El propio informe del SEPE proyecta que esta tendencia se mantendrá, al menos, hasta 2028. La desaceleración económica no frenará la creación de empleo, y buena parte de ese empleo seguirá recayendo en trabajadores extranjeros, especialmente en sectores tecnológicos, sanitarios y de la construcción.
La buena noticia es que el debate empieza a centrarse menos en el «si» y más en el «cómo». Regularizar situaciones, mejorar la formación y facilitar la integración laboral parecen ser las claves para que esta dependencia se traduzca en una ventaja competitiva real, y no solo en un parche demográfico.


