El histórico portavoz de UPyD en la Asamblea de Madrid, Luis de Velasco, ha fallecido este 14 de julio de 2026 a los 87 años. Su nombre queda ligado a una de las épocas más convulsas del parlamentarismo madrileño, aquella en la que la política de pactos obligaba a contar escaños casi de uno en uno y en la que formaciones como el partido magenta aspiraban a romper el eje PP-PSOE.
El azote de Caja Madrid desde el hemiciclo
De Velasco fue, durante la IX Legislatura autonómica (2011-2015), la voz más incómoda para los gestores de Caja Madrid y Bankia. Sus intervenciones en la Cámara regional destaparon irregularidades en la fusión de las antiguas cajas y pusieron contra las cuerdas a varios consejeros del Gobierno de Ignacio González. Consciente de que el prestigio de una institución financiera sostenida con ahorro popular se desplomaba, subió a la tribuna con informes y preguntas que rara vez obtenían respuesta.
En aquellos años, el estallido del caso Bankia sacudía la política nacional y madrileña. UPyD encontró en ese frente un espacio propio: ni la mayoría absoluta del PP ni la oposición del PSM, que cargaba con responsabilidades pasadas en la entidad, lograban hincar el diente con la misma libertad. De Velasco aprovechó ese hueco y convirtió sus comparecencias en una suerte de fiscalización permanente de lo que llamó «el agujero negro de las cajas madrileñas».
Del escaño socialista a la bancada magenta
Antes de enfundarse el traje de UPyD, De Velasco había sido diputado del PSOE en el Congreso durante los años 80, bajo la presidencia de Felipe González. Su evolución política refleja el desencanto de una generación de cuadros socialistas con el bipartidismo. Recaló en el proyecto de Rosa Díez convencido de que la regeneración democrática pasaba por partidos bisagra con capacidad de veto.
Aterrizó en la Asamblea de Madrid como cabeza de lista en 2011. Obtuvo ocho diputados, un resultado que permitió a UPyD ser llave en varias votaciones clave. El grupo parlamentario, que había logrado ocho escaños en 2011 vio cómo se desintegraba en apenas cuatro años, fagocitado por Ciudadanos y lastrado por las divisiones internas que él mismo denunciaría al dimitir.
Esa fractura se agravó con la irrupción de Ciudadanos, que en 2015 entraría con 17 escaños en la Cámara regional. En septiembre de 2014, con 75 años, De Velasco anunció que no concurriría a las primarias para repetir como candidato. Adujo cansancio. Poco después dimitió del Consejo de Dirección del partido por discrepancias con la estrategia electoral de la dirección nacional. La relación con Rosa Díez, ya deteriorada, se rompió definitivamente.
De Velasco encarnó a esa generación de políticos que intentó abrir el bipartidismo desde dentro para acabar estrellándose contra los muros de la disciplina de partido. Su voz crítica con Bankia fue el último aldabonazo de una carrera construida a contracorriente.
El fulgor magenta y la ola naranja que lo apagó
El caso de UPyD en Madrid es un laboratorio de lo que ocurre cuando una formación emergente no logra diferenciarse del nuevo centro. En 2011, los ocho diputados de De Velasco equilibraban la aritmética parlamentaria. Apenas cuatro años después, la formación desaparecía de la Asamblea, fagocitada por Ciudadanos y lastrada por las divisiones internas que el propio exdiputado denunció al dimitir.
Madrid, en esto, fue un espejo de lo sucedido a escala nacional. El espacio de centro reformista que UPyD aspiró a representar quedó ocupado por la formación naranja primero, y más tarde por la propia dinámica de bloques que terminó por absorber a casi todas las terceras vías. De Velasco observó esa transición desde la retaguardia, con la franqueza de quien ya no se debía a ninguna disciplina de partido.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha trasladado sus condolencias a la familia y amigos con un mensaje en redes sociales. Lo definió como «un hombre bueno, honrado, serio, amable» y añadió que «con su presencia y formas, el debate parlamentario y la política madrileña se elevaron enteros». No es frecuente que la dirigente del PP dedique elogios tan precisos a un adversario político. Esa rareza da la medida de lo que De Velasco representó en la Cámara.
Con su muerte, la política madrileña pierde a uno de esos personajes que hicieron de la minoría una tribuna de control y no un simple altavoz testimonial. Queda por ver si, en una Asamblea que en 2027 sumará ocho diputados más hasta alcanzar los 143 —según la reforma electoral aprobada—, surgirá alguna voz con la misma capacidad de fiscalizar sin complejos a quien ocupa el sillón de Sol.
