Merz advierte a Trump: no a la interferencia electoral de EE.UU. en Europa tras fondo de 5 millones

El canciller alemán considera ilegal financiar partidos desde el extranjero y exige que Washington respete las reglas. La partida de 5 millones de dólares aviva las tensiones transatlánticas mientras la AfD se distancia del MAGA ante las elecciones en Sajonia-Anhalt.

El canciller alemán, Friedrich Merz, ha lanzado este miércoles una advertencia directa a la Administración de Donald Trump: que Washington no interfiera en las elecciones europeas. La reacción llega tras conocerse que el Departamento de Estado estadounidense ha puesto en marcha un fondo de 5 millones de dólares para apoyar a partidos y organizaciones que defiendan la “libertad de expresión” y la “libertad religiosa” en el continente, un movimiento que Berlín considera ilegal y una injerencia en sus procesos democráticos.

‘Nosotros no interferimos en las elecciones estadounidenses; siempre lo hemos respetado’, declaró Merz en Berlín. ‘Y, recíprocamente, no quiero que el gobierno estadounidense o instituciones afines interfieran en las elecciones alemanas’. El canciller recordó que la financiación de partidos políticos desde el extranjero es ilegal en Alemania, y asumió que ‘nuestros amigos en todo el mundo también respetarán estas normas que hemos establecido en Alemania’.

¿Por qué Merz pone el grito en el cielo?

La razón es clara. El lunes, el Departamento de Estado lanzó una convocatoria de financiación por casi 5 millones de dólares para ‘fortalecer la resiliencia democrática, el Estado de derecho y la libertad de expresión’ en Europa. Aunque la nota no menciona explícitamente a partidos políticos como beneficiarios, el contexto es inequívoco: la Estrategia de Seguridad Nacional de la Administración Trump ha abrazado a los partidos nacionalistas europeos, y los vínculos con la ultraderecha, incluida la Alternativa para Alemania (AfD), son conocidos.

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El propio Merz subrayó la ilegalidad de apoyar a actores políticos desde el exterior. ‘Es ilegal financiar partidos políticos desde el extranjero’, insistió. La convocatoria estadounidense habla de apoyar a entidades que ‘aborden la soberanía nacional, la migración, la censura y los desafíos del lawfare en línea con una filosofía política compartida’. Para muchos en Berlín, eso es un eufemismo para apuntalar a partidos euroescépticos y de ultraderecha, precisamente aquellos que la AfD representa.

La AfD en la encrucijada: entre el MAGA y las urnas de Sajonia-Anhalt

La AfD se encuentra en una posición delicada. Por un lado, ocupa el primer lugar en intención de voto a nivel nacional y tiene posibilidades reales de gobernar por primera vez a nivel regional en el estado oriental de Sajonia-Anhalt, cuyas elecciones se celebran en septiembre. Por otro, la dirección del partido ha tratado de distanciarse —al menos públicamente— del movimiento MAGA en los últimos meses, consciente de que la retórica de Elon Musk o del vicepresidente JD Vance puede alejar a votantes moderados en las antiguas regiones del Este.

Ese distanciamiento, sin embargo, no ha impedido que la Administración Trump vea en la AfD un aliado natural. El fondo de 5 millones, según fuentes diplomáticas consultadas por esta redacción, está diseñado para sortear las prohibiciones nacionales de financiación directa a partidos, canalizando el dinero a través de organizaciones de la sociedad civil vinculadas a la ultraderecha. Una portavoz del Departamento de Estado, preguntada sobre las declaraciones de Merz, se limitó a afirmar que ‘el gobierno Trump sigue comprometido con la defensa de la democracia y los derechos humanos en todo el mundo, incluida Europa’.

Observamos un patrón: cada vez que Berlín y Washington chocan por injerencia, Bruselas se ve arrastrada a un debate que pone a prueba la cohesión transatlántica. Y el momento no es casual.

La nueva partida de 5 millones de dólares no es solo un gesto: es la punta de un iceberg que podría resquebrajar la confianza entre la UE y su principal aliado.

El Eje del Poder Europeo

Más allá del choque bilateral, esta crisis tiene una lectura comunitaria que no se le escapa a ninguna cancillería. La Unión Europea lleva años blindándose contra la interferencia extranjera, especialmente la procedente de Rusia, mediante un arsenal de instrumentos: el Código de Buenas Prácticas contra la Desinformación, el European Democracy Action Plan y, más recientemente, la propuesta de un Escudo Europeo de la Democracia que reforzaría la supervisión de la financiación política externa. Pero hasta ahora, el foco se había puesto casi exclusivamente en Moscú y Pekín. Que Washington se sume al tablero —aunque sea desde una justificación diametralmente opuesta— descoloca a los Veintisiete y abre una grieta en la fachada de la alianza atlántica.

El mecanismo de condicionalidad financiera que Merz invoca no es exclusivo de Alemania. En España, la Ley Orgánica de financiación de partidos políticos prohíbe tajantemente las donaciones procedentes de gobiernos u organismos extranjeros. Y aunque el partido Vox no ha figurado hasta ahora en las líneas de financiación del Departamento de Estado, la sola posibilidad de que la convocatoria de 5 millones pueda beneficiar a organizaciones afines ha encendido las alarmas en Moncloa. Fuentes del Ejecutivo español consultadas por esta redacción aseguran que siguen ‘muy de cerca’ el caso y que confían en que la Comisión Europea tome cartas en el asunto.

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Precisamente, el contexto regulatorio europeo añade otra capa de tensión. La convocatoria estadounidense arremete contra ‘las leyes excesivamente amplias y vagas sobre incitación al odio y las regulaciones de contenidos en línea que castigan y suprimen la participación política’, una alusión nada velada al Reglamento de Servicios Digitales (DSA) y a otras normativas comunitarias que afectan directamente a las grandes tecnológicas estadounidenses. Para Bruselas, este fondo no es solo injerencia electoral: es un intento de dinamitar el marco regulador que la UE ha construido para domar el poder de Silicon Valley.

Cabe recordar un precedente histórico: en 2016, las revelaciones sobre la financiación rusa a partidos de ultraderecha europeos sacudieron los cimientos de varios gobiernos y aceleraron la creación de mecanismos de defensa democrática. Ahora, el patrón se repite con un socio al que Europa considera parte de ‘nuestra herencia civilizadora occidental común’, y la respuesta de la UE tendrá que ser tan firme como diplomática. El próximo pleno del Parlamento Europeo, previsto para septiembre, podría convertirse en el primer foro donde el nuevo comisario de Justicia plantee una regulación de alcance transatlántico sobre financiación política.

La fractura, en todo caso, ya está abierta. Y Merz, al señalar a Washington sin medias tintas, ha forzado a los socios europeos a definirse: o se cierra filas con Berlín para exigir respeto a las reglas del juego democrático, o se acepta que el principal aliado de la UE puede jugar también a ser un desestabilizador. La próxima cumbre del Consejo Europeo de otoño tendrá, sin duda, un punto en el orden del día que pocos esperaban: la interferencia de Estados Unidos en las democracias europeas.