El TJUE avala la amnistía y Puigdemont vuelve a España: Sánchez confía en recuperar el apoyo de Junts

El fallo interpretativo del TJUE allana el camino para el regreso de Puigdemont en octubre y Sánchez confía en recuperar los siete escaños de Junts para la reforma de la financiación y los presupuestos de 2027. La foto en Barcelona será el primer paso de una negociación que resuc

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha dado este jueves un espaldarazo a la ley de amnistía que puede desatascar el tablero político. El fallo, aunque de carácter interpretativo, es lo suficientemente contundente como para que todas las partes confíen en que el Tribunal Supremo acabe aplicando la medida y el líder de Junts, Carles Puigdemont, regrese a Barcelona el próximo mes de octubre. Tal y como avanzó Crónica Global, Pedro Sánchez ya calcula que ese movimiento le permitirá recuperar los siete votos que necesita para sacar adelante las dos carpetas más urgentes de la legislatura: la reforma del sistema de financiación autonómica y los presupuestos generales de 2027.

La oportunidad de la amnistía europea

El Tribunal de Luxemburgo no ha dictado una sentencia ejecutiva, pero su interpretación zanja las dudas que el Supremo había planteado. Fuentes del Gobierno y de Junts coinciden en que, una vez el Constitucional resuelva los recursos de amparo y apremie a los jueces a aplicar la ley, el alto tribunal carecerá de incentivos para seguir posponiendo la aplicación. Incluso Alberto Núñez Feijóo, líder del PP y favorito en las encuestas, prefiere que el asunto quede liquidado antes de un hipotético cambio de Gobierno, según las mismas fuentes. Eso acorta los plazos. Puigdemont prepara ya su regreso, que el Govern y el PSOE sitúan en octubre.

La expectación no es nueva. En el Parlament, su escaño de jefe de la oposición sigue reservado con un lazo amarillo mientras su cuenta de X, su canal habitual, permanece en silencio. La incógnita no es si volverá, sino con qué discurso. De momento, el presidente del Gobierno se ha apresurado a celebrar el pronunciamiento como ‘una buena noticia para la convivencia’ y fuentes de Moncloa aseguran que no tendrá reparos en fotografiarse con él en Barcelona. Sería el primer encuentro tras el procés; la investidura de 2023 se negoció fuera y a través de terceros.

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La amnistía devuelve a Puigdemont a la primera línea política. Sánchez necesita sus escaños y la foto en Barcelona es solo el principio.

Los dos frentes que Sánchez necesita desbloquear

El Ejecutivo tiene dos compromisos que exigen mayoría suficiente en el Congreso y que, sin Junts, se antojan imposibles. El primero es la reforma de la financiación autonómica pactada entre el PSC y ERC para investir a Salvador Illa. El texto, que inyectaría hasta 4.700 millones de euros adicionales a la Generalitat, ha sido renegociado con el Ministerio de Hacienda, pero requiere el concurso de los posconvergentes. Junts considera que el modelo no amplía la gestión tributaria ni blinda la ordinalidad, pero tanto Sánchez como Illa ven margen para acercar posturas. El segundo frente son los presupuestos de 2027. El presidente anunció en su última visita a Barcelona su propósito de presentar un proyecto, que debería aprobarse entre noviembre y diciembre de este año, y necesita a Junts para incorporar inversiones en Cataluña y blindarlas mediante el consorcio de inversiones ya pactado.

En estos momentos, Junts se ha alineado progresivamente con PP y Vox en el Congreso, pero nunca ha llegado a apoyar una moción de censura. La negociación de presupuestos y financiación es la última bala de Sánchez para coser la mayoría de la investidura. El ministro Félix Bolaños ha tratado de recomponer puentes sin demasiado éxito desde la ruptura de Perpiñán, pero la vuelta de Puigdemont lo cambia todo. La foto en persona y la normalización de las relaciones, creen en Moncloa, facilitarán un acercamiento que los interlocutores a distancia no lograron.

El verdadero interés de Junts: un revulsivo en casa

Más allá de las necesidades de Sánchez, Junts tiene su particular agenda catalana. Las encuestas apuntan a que Aliança Catalana les arrebataría votos en las próximas elecciones autonómicas, y en el partido confían en que el regreso de Puigdemont reactive a sus bases. El calendario aprieta: en mayo de 2027 hay elecciones municipales y Junts acumula ya varios reveses, desde unas primarias en Barcelona que acabaron con un candidato no deseado por la dirección hasta la reciente salida del gobierno municipal de Girona para desmarcarse del legado del cupaire Lluc Salellas. Puigdemont es visto como el único revulsivo capaz de dar la vuelta a las expectativas electorales.

En el plano económico, la patronal Foment del Treball mantiene su afinidad con Junts y recela de la influencia de los Comuns en el Govern. Josep Sánchez Llibre, presidente de la patronal, no ha comprado tampoco el nuevo modelo de financiación. Una relación normalizada con el Govern —y con el PSOE— sin la tensión del exilio podría acercar la llamada ‘sociovergencia’ que tanto anhelan los foros empresariales. Pero eso pertenece a próximas legislaturas. Por ahora, la clave es si Puigdemont, una vez en Barcelona, accede a sentarse con Illa y Sánchez para desbloquear los presupuestos y la financiación, o se mantiene en una oposición que refuerza su perfil independentista pero le deja fuera de las grandes decisiones. Los próximos meses dirán, y la foto del reencuentro será el primer capítulo de un otoño político sin precedentes.