Derogada la IRA por Trump, la transición energética sobrevive: el 75% de renovables sigue adelante

Un año después de la firma del ‘Big Beautiful Bill’, el 75% de los proyectos solares y eólicos que dependían de los créditos fiscales de la Inflation Reduction Act siguen en marcha. Aunque la derogación ha costado 53.000 millones en salarios y 250.000 empleos en el vehículo eléct

Un año después de que el presidente Donald Trump derogase la Inflation Reduction Act (IRA), la mayor ley climática de la historia de Estados Unidos, la transición energética sigue en pie. Según un análisis del MIT, el 75% de la nueva capacidad solar y eólica que dependía de los créditos fiscales de la era Biden sigue adelante. Eso sí, el golpe a los vehículos eléctricos es contundente: 53.000 millones de dólares en salarios y más de 250.000 empleos se han esfumado, según el grupo empresarial E2.

El golpe del ‘Big Beautiful Bill’ y el camino que se desvía

En julio del año pasado, Trump firmó la reforma fiscal que bautizó como “Big Beautiful Bill”, derogando casi todos los subsidios de la IRA. Aquella ley, que Biden promulgó en 2022, ofrecía miles de millones en créditos para construcción de parques solares, eólicos y fábricas de baterías, así como para la compra de vehículos eléctricos y bombas de calor. Su desmantelamiento, sumado a decretos ejecutivos que frenan la eólica marina y protegen el carbón, ha desviado la senda de reducción de emisiones. La meta de recortar el 50% del CO2 para 2035 se ha perdido; Estados Unidos vuelve al modesto 30% que tenía antes de la IRA, y las emisiones apenas variarán esta década.

La incertidumbre es enorme. La administración Trump ha cancelado subvenciones, bloqueado parques e impulsado la permanencia de centrales de carbón. “Es muy difícil separar el efecto de la derogación de la IRA del resto de políticas”, señala Erin Mayfield, experta en modelización climática del Dartmouth College. Lo cierto es que la transición ha perdido su principal cimiento económico.

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Solar y eólica resisten: la letra pequeña del 75% que sobrevive

El estudio del MIT, publicado la semana pasada, dibuja un vaso medio lleno. Al comparar dos modelos de la red eléctrica —con y sin la IRA—, concluye que tres de cada cuatro nuevos proyectos de energía limpia se materializarán igualmente. La solar es la gran protagonista: más del 80% de las plantas a gran escala y prácticamente toda la solar de tejado seguirán conectándose. La eólica terrestre, sin embargo, sufre más: la mitad de los proyectos previstos desaparecerá sin los créditos fiscales, lastrada por los plazos constructivos y los vetos del Pentágono.

“Los créditos fiscales aceleraron las inversiones, pero sin ellos lo que vemos es la inercia de un mercado que sigue añadiendo energía a la red”, explica Lily Bermel, autora del informe y ahora investigadora en Columbia. Las renovables son ya la opción más barata en gran parte del país,, y eso empuja a desarrolladores y eléctricas a seguir instalando.

Inflation Reduction Act

La derogación eliminó las ayudas, pero no la demanda: las renovables son ya la opción más barata y rápida para muchas regiones.

El coche eléctrico, el gran perdedor: 250.000 empleos que se desvanecen

El análisis de E2 detalla una auténtica sangría laboral. La derogación ha borrado 53.000 millones de dólares en salarios y 20.000 millones en ingresos fiscales solo de la construcción de nuevos proyectos energéticos, sin contar la producción anual de las fábricas de baterías. Los vehículos eléctricos concentran la mitad de los 250.000 empleos destruidos, empleos manufactureros de largo plazo, no temporales. Gigantes como Ford ya cancelaron plantas de baterías para eléctricos, y esa contracción empezó incluso antes de la firma del “Big Beautiful Bill”, azuzada por la expectativa de la derogación.

Con todo, algunos proyectos buscan una segunda vida. Ford está reconduciendo una fábrica de baterías de vehículo eléctrico que cerró en Michigan para producir baterías a escala de red, capaces de almacenar energía solar y cubrir las horas sin sol. Un ejemplo de que la demanda de electrificación no se apaga del todo.

La inteligencia artificial, un empujón inesperado para las renovables

Paradójicamente, el auge de los centros de datos para inteligencia artificial está generando una demanda de energía limpia que amortigua los daños. La construcción de estos centros ha creado decenas de miles de empleos, en un sector donde el año pasado faltaban medio millón de trabajadores. Los gigantes tecnológicos pagan precios altos por renovables. Google acaba de cerrar un acuerdo por 1,4 gigavatios de potencia eólica en Minnesota, suficiente para abastecer a medio millón de hogares. “Esa demanda envía una señal enorme a los inversores”, afirma Ray Long, presidente del American Council on Renewable Energy.

El verdadero freno no son los créditos, sino los permisos

Bermel añade una reflexión incómoda: incluso antes de la derogación, las ayudas de la IRA no estaban funcionando tan bien como se esperaba. La falta de líneas de transmisión y las largas evaluaciones ambientales frenaban el despliegue. Un estudio de Princeton ya advertía de que el 80% del potencial climático de la ley dependía de tender nuevas redes, algo que nunca se materializó. La reforma de permisos que ahora debate el Congreso podría ser más eficaz para el clima que restaurar los créditos fiscales. “El objetivo de la IRA era abaratar la energía limpia, y al lograrlo reveló lo enorme que es el monstruo de los permisos”, sentencia Bermel.

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Análisis: Una transición que ya no depende del Despacho Oval

La historia se repite con un matiz. Cuando Trump llegó a la Casa Blanca en 2017, el sector solar perdió temporalmente los aranceles, pero el coste de la tecnología siguió cayendo y la inversión global batió récords. Ahora, las fuerzas de mercado empujan más que las subvenciones. La madurez de la cadena de suministro solar, la presión de los inversores institucionales y la demanda corporativa de energía sin emisiones crean una inercia que ningún decreto puede detener por completo. Pero el riesgo está en la velocidad: sin el empujón de la IRA, Estados Unidos tardará más en alcanzar las reducciones de emisiones que la ciencia exige, y cada año de retraso amplifica los daños climáticos.

La respuesta a medio plazo vendrá de si la reforma de permisos prospera y de si los proyectos de baterías y eólica terrestre consiguen sortear las trabas burocráticas que el propio Trump les impone. La transición energética ya no depende de una firma en el Despacho Oval, pero la velocidad a la que avance determinará cuánto carbono se acumule en la atmósfera en esta década crítica.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: Pese a la derogación, el 75% de los nuevos proyectos solares y eólicos previstos por la IRA siguen en marcha, evitando un frenazo total en la descarbonización del sector eléctrico estadounidense a corto plazo.
  • Modelo que cambia: La dependencia de las subvenciones se reduce: las tecnologías renovables compiten por coste puro, lo que obliga a los gobiernos a centrarse en agilizar permisos y redes en lugar de en apoyos fiscales perpetuos.
  • Para las próximas generaciones: Cada gigavatio renovable instalado ahora recorta emisiones que duran siglos. Mantener el ritmo sin políticas federales exigirá que los Estados y las empresas privadas lideren, un cambio de paradigma que beneficiará a quienes hereden el planeta.