Alberto Núñez Feijóo ha puesto este viernes las cartas sobre la mesa: si el Partido Popular no logra la mayoría absoluta en las próximas elecciones generales, necesitará un acuerdo con Vox. En una entrevista concedida a The Objective, el presidente nacional del PP ha admitido que la única solución para gobernar es entenderse con Santiago Abascal, confirmando lo que era un secreto a voces en los pasillos de Génova.
Por qué Feijóo da el paso ahora
El líder popular ha evitado hasta el momento pronunciarse en público sobre un pacto de gobierno con Vox más allá de las experiencias autonómicas. Sin embargo, la aritmética parlamentaria y la presión de los barones territoriales —muchos de los cuales ya gobiernan con el apoyo de la formación de Abascal en comunidades como la Comunidad Valenciana o Castilla y León— le han llevado a explicitar la hoja de ruta que se daba por sobreentendida. Feijóo quiere proyectar estabilidad y responsabilidad ante un escenario postelectoral en el que la mayoría absoluta no esté garantizada.
Lo más significativo de la intervención no es tanto la admisión como el tono. El presidente del PP ha defendido que los más de tres millones y medio de votantes de Vox merecen respeto, rechazando de plano cualquier intento de estigmatizar a ese electorado. Es un giro discursivo relevante: en lugar de marcar distancias, Feijóo sitúa a Abascal como un interlocutor legítimo con el que es necesario entenderse por encima de las diferencias.
Los límites que pone el PP a un acuerdo con Vox
Que Feijóo reconozca la necesidad de pactar no equivale a un cheque en blanco. El propio presidente nacional ha detallado las discrepancias que persisten en asuntos como el modelo territorial o la política europea, dos cuestiones en las que el PP y Vox mantienen posiciones difíciles de conciliar. No obstante, ha subrayado que la relación entre ambos dirigentes es ‘fluida, respetuosa y discrepante’ y ha confiado en que el acercamiento de posiciones es el camino más sensato para España.
En paralelo, Feijóo ha cerrado la puerta a una moción de censura sin los apoyos necesarios. Actualmente le faltan cuatro votos, y presentar una iniciativa condenada al fracaso solo reforzaría a Sánchez. La postura es táctica: solo si detecta un atisbo de dignidad entre los socios del Gobierno y los números cuadran, podría plantearla con la intención de forzar elecciones anticipadas. Mientras tanto, la prioridad es consolidar la alternativa de gobierno sin brindar una victoria fácil a Moncloa.
Feijóo no ha pronunciado la palabra ‘acuerdo’ por error. Es un movimiento calculado que blinda el centro-derecha y deja a Moncloa sin argumentos ante sus propios socios.
El Eje del Poder Popular
La declaración de Feijóo aterriza en un partido con realidades territoriales muy distintas. Isabel Díaz Ayuso o Juanma Moreno gobiernan con cómodas mayorías que les permiten prescindir de Vox, pero Carlos Mazón en la Comunidad Valenciana o Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León dependen del apoyo de Abascal para sacar adelante sus presupuestos. Al alinear el discurso nacional con la práctica autonómica, Feijóo desactiva una posible fractura interna y proyecta una imagen de coherencia. En las federaciones donde el PP necesita a Vox, la admisión de la cúpula nacional es un respaldo explícito; en las que no, se lee como una concesión táctica necesaria para gobernar España.
Desde el punto de vista estratégico, el movimiento tiene además un componente electoral. Feijóo ha aprovechado la entrevista para anunciar que derogará la Ley de Memoria Democrática y endurecerá la política migratoria, dos guiños claros al votante de Vox. La propuesta migratoria —basada en inmigración legal, vinculada al mercado laboral y con deportación de delincuentes e irregulares— le permite al PP ocupar un espacio de firmeza sin renunciar al marco europeo. Es un discurso que, además, tensiona a un Gobierno al que acusa de tener una política migratoria contraria al derecho comunitario.

El análisis a medio plazo es contundente. Génova ha asumido que el escenario postelectoral más probable pasa por un pacto con Vox y ha decidido preparar el terreno con antelación. No es la primera vez que el PP gobierna con Vox —ya lo hace en varias comunidades—, pero sí es la primera que el presidente nacional lo verbaliza con esta claridad y en un contexto preelectoral. La maniobra rebaja el ruido mediático sobre supuestas tensiones internas y ofrece a los votantes de centro-derecha una hoja de ruta nítida: si quieren un cambio de Gobierno, la fórmula pasa por el PP y Vox.
Cabe recordar que en 2019, tras las elecciones andaluzas, el PP tardó semanas en digerir la necesidad de un acuerdo con Vox. Ahora la dinámica es distinta porque el partido de Abascal ya no es una fuerza emergente, sino una tercera fuerza con la que Génova mantiene un canal de interlocución estable. La incógnita es si las discrepancias en política territorial y europea acabarán pesando más que la necesidad de echar a Sánchez o si, como sostiene Feijóo, el interés del país se impondrá a las diferencias programáticas.
🏛️ El Apunte de Génova
- Mensaje fuerza: Feijóo asume con realismo parlamentario un pacto con Vox como única vía para gobernar y vuelve a situar al PP como la fuerza que ofrece estabilidad frente a un Ejecutivo acorralado.
- Protagonista: Alberto Núñez Feijóo (presidente nacional del Partido Popular).
- Próximo hito: La evolución de las encuestas y la cita electoral cuando Sánchez decida convocarlas; mientras, el PP afianzará los pactos autonómicos como laboratorio de entendimiento con Vox.
