El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha dado este jueves un espaldarazo rotundo a la ley de amnistía, una decisión que en Moncloa se celebra como la constatación de que la derecha política y mediática operó durante meses con ‘bombas sin pólvora’. El fallo de la Gran Sala no solo avala la compatibilidad de la norma con el derecho comunitario, sino que atribuye a la medida una finalidad política legítima: ‘reducir tensiones’ y ‘facilitar un escenario de reconciliación’ en Catalunya. Pedro Sánchez y su equipo interpretan la sentencia como un espejo que refleja la inconsistencia del catálogo de profecías apocalípticas lanzadas por PP y Vox contra el Gobierno.
Un fallo que desactiva la estrategia del miedo
La resolución del TJUE tumba, una a una, las advertencias que durante dos años dominaron el relato opositor: que la ley era el fin de la separación de poderes, un golpe a la democracia, una transacción que convertía al Ejecutivo en ilegítimo o una ruptura de la igualdad de derechos. ‘Todo eso se ha quedado en la nada’, resume un ministro socialista. Para el PSOE, la sentencia es el colofón jurídico a un proceso que ya había dado resultados políticos tangibles: Salvador Illa preside la Generalitat y el independentismo ha perdido la mayoría absoluta que ostentó durante años en el Parlament.
En el círculo de confianza de Sánchez se insiste en que esta decisión obliga a revisar las ‘certezas absolutas’ que sincronizadamente difundieron dirigentes del PP como Alberto Núñez Feijóo e Isabel Díaz Ayuso. Las hemerotecas están llenas de afirmaciones que ahora quedan en evidencia: ‘la amnistía es una aberración democrática’, ‘comprar un gobierno con privilegios es corrupción’, ‘es el camino hacia una dictadura. Todo un repertorio que, según el presidente, forma parte de la ‘máquina del fango’, una táctica de desgaste que lanza proyectiles, invade el ciclo informativo e instala la sospecha, y cuando los hechos llegan —como la sentencia europea— el daño reputacional ya está hecho.
La coreografía para septiembre y el optimismo táctico
Más allá de la celebración, Moncloa afina una coreografía para arrancar el próximo curso con una estrategia renovada que active al electorado progresista. El Gobierno cierra el curso político con un símil deportivo: ‘Hay partido y no dejaremos de correr tras el balón hasta el minuto 90’. La metáfora, que circula por los despachos de la Presidencia, refleja la convicción de que, pese a ir perdiendo por dos goles en la final, el PSOE puede remontar. De hecho, el partido es el único de la socialdemocracia europea que mantiene, punto arriba o punto abajo, la intención de voto de 2018.
Esa confianza se asienta en una lectura a medio plazo: la ‘cooperación virtuosa a la izquierda del PSOE’ y la capacidad de desgastar al rival, Alberto Núñez Feijóo, a quien en Moncloa ven propenso a tropezar cuando la presión sube. La posibilidad de una remodelación del Ejecutivo se baraja —’puede ser una idea para dar un nuevo impulso’, admiten fuentes consultadas— pero el ‘entrenador’, Sánchez, prefiere no arriesgar con cambios ofensivos y confiar en el plan original mientras el adversario se erosiona. La sentencia del TJUE, en cualquier caso, refuerza la posición del presidente: el argumentario de la oposición ha quedado sin base jurídica europea.
La maquinaria de desgaste funciona con lógica propia: se lanza el proyectil, se invade el ciclo informativo, se instala la sospecha, y cuando los hechos llegan, el daño reputacional ya está hecho.
El Eje del Poder Socialista
La decisión judicial resitúa el tablero interno del partido y la relación con sus socios. En Ferraz se percibe una oportunidad para reforzar el relato de la reconciliación y la normalización institucional, un activo que el PSC, con Salvador Illa al frente, piensa rentabilizar en Catalunya ante la fuga de votos de Junts hacia la ultraderecha de Aliança Catalana. Sin embargo, la dirección federal admite que Junts sigue siendo un socio ‘impredecible’. ‘Los junteros esperarán a que Puigdemont regrese para tomar decisiones estratégicas’, advierten desde el equipo de Sánchez, conscientes de que el retorno del expresident, previsto para después de otoño con la resolución del Constitucional, puede coincidir con la negociación de los presupuestos de 2027, ya muy avanzada.
El pulso territorial socialista se beneficia de un contexto en el que los presidentes autonómicos del PSOE —Emiliano García-Page en Castilla-La Mancha, Adrián Barbón en Asturias, María Chivite en Navarra y, sobre todo, Illa en la Generalitat— pueden exhibir que la apuesta por la distensión ha desactivado la fractura catalana y ha reducido el apoyo al independentismo. La oposición, mientras tanto, queda atrapada en su propio discurso catastrofista: el PP se limita a ‘respetar’ la sentencia, con la excepción de José María Aznar, que carga contra ella, y Vox insiste en derogar la ley si algún día llega al Gobierno.
En el plano simbólico, la sentencia europea se convierte en un argumento de autoridad que el PSOE utilizará para desacreditar a la oposición en el próximo ciclo electoral. La lectura a medio plazo es que, si el fallo del TJUE consolida la amnistía como un instrumento legítimo de solución de conflictos territoriales, la derecha tendrá que redefinir su estrategia, porque el miedo a la ‘ruptura de España’ se ha demostrado infundado. La gran incógnita es si Junts, una vez que Puigdemont esté de vuelta, optará por la estabilidad que le ofrece el Gobierno o por una deriva que le aleje de la gobernabilidad.
🌹 El Apunte de Ferraz
- Mensaje fuerza: La sentencia del TJUE sepulta las profecías apocalípticas de la derecha y legitima la vía socialista de la reconciliación como solución para Catalunya.
- Protagonista: Pedro Sánchez (presidente del Gobierno y secretario general del PSOE).
- Próximo hito: Negociación de los presupuestos de 2027 en otoño, condicionada por el retorno de Puigdemont y la resolución del Constitucional.

