Rascafría guarda uno de los secretos peor guardados del verano madrileño: un rincón donde el termómetro del agua no se entera de que fuera hace 35 grados. Se llama Las Presillas, y cada julio miles de personas hacen el mismo trayecto buscando lo mismo: frío de verdad, sin colas de piscina municipal.
No es una piscina climatizada ni un balneario con tumbonas alquiladas. Son tres pozas formadas por presas artificiales sobre el cauce del río Lozoya, en pleno Valle de El Paular, rodeadas de una pradera donde la gente extiende la toalla desde primera hora de la mañana.
Rascafría, el plan de verano que no necesita playa
Quien llega por primera vez suele llevarse una sorpresa nada más meter el pie en el agua. El Lozoya baja directamente de la sierra de Guadarrama, así que la temperatura se mueve entre los 14 y los 18 grados incluso en pleno agosto, muy lejos de lo que uno espera de una piscina en pleno verano.
Eso sí, aquí no hay bordillo ni socorrista vigilando el baño. La responsabilidad de meterse en el agua es enteramente de cada visitante, algo que conviene tener presente antes de lanzarse de cabeza sin mirar el fondo, que es de piedra.
El corazón natural del Valle de El Paular
Rascafría es la localidad que da nombre a todo el valle, y dentro de su término municipal se esconde uno de los conjuntos monásticos más importantes de la Comunidad de Madrid: el El Paular, fundado como cartuja en 1390 y hoy declarado bien de interés cultural. Está a apenas cinco minutos en coche de Las Presillas, lo que convierte la excursión en un combo perfecto de agua fría y patrimonio.
El nombre de Rascafría, según cuentan los propios vecinos, vendría de «rocas frías», en referencia a las cumbres nevadas de Peñalara que se ven desde el pueblo buena parte del año. No hace falta ser un experto en toponimia para entender que el frío es, desde siempre, la seña de identidad de este rincón de la sierra.
Cómo es un sábado cualquiera en Las Presillas
El ambiente que se respira aquí un fin de semana de julio se parece más a un festival veraniego que a una piscina de barrio. Familias con neveras portátiles, grupos de amigos jugando a las cartas sobre la hierba y algún valiente que se lanza al agua entre gritos ajenos al frío. El buen rollo es lo primero que destacan quienes repiten año tras año.
La otra cara de la moneda llega entre semana. A partir de las nueve de la mañana de un martes cualquiera, la pradera se vacía casi por completo y el paisaje se disfruta con las vistas al macizo de Peñalara casi en exclusiva. La diferencia entre un domingo a mediodía y un miércoles a primera hora es, literalmente, la diferencia entre hacer cola para aparcar o tener sitio de sobra.
Lo que conviene saber antes de meterte en el coche
La entrada al área recreativa es gratuita; solo se paga el aparcamiento, con tarifas que varían según la temporada y el tipo de vehículo. El truco de los habituales es sencillo: llegar antes de las once de la mañana, sobre todo en fin de semana, porque pasado el mediodía tanto el parking como la pradera se llenan sin margen para elegir sitio.
Conviene también llevar calzado de agua, ya que el fondo del río es pedregoso y resbaladizo, y no faltará quien vuelva cojeando por no hacer caso a este pequeño detalle. Antes de salir de casa, merece la pena confirmar el estado del baño, porque algunos ayuntamientos cierran la zona tras lluvias intensas o episodios de sequía prolongada.
- Calzado de agua para el fondo pedregoso del río.
- Protector solar y gorra, ya que la sombra escasea en las horas centrales.
- Bolsa para la basura propia, porque los contenedores se saturan en temporada alta.
- Confirmar el estado del agua antes de salir, especialmente tras lluvias fuertes.
Otros planes para redondear la excursión
Nadie va a Rascafría solo por el chapuzón. La zona ofrece varios atractivos que permiten estirar el día sin mover mucho el coche, ideales para quienes buscan algo más que una tarde de piscina.
El monasterio y las cascadas cercanas
El Monasterio de Santa María de El Paular conserva un claustro gótico-mudéjar y un retablo de alabastro que bien merecen la visita, aunque solo sea de paso hacia el aparcamiento. Para quien prefiera moverse, la ruta hacia las Cascadas del Purgatorio ofrece un recorrido sencillo, de poco más de una hora y media, con algo de desnivel pero sin grandes complicaciones.
Gastronomía y paseos por el pueblo
Tras el baño, la gastronomía de la zona hace el resto: carnes a la brasa y platos serranos son el colofón habitual de cualquier excursión a Rascafría. El casco del pueblo, con su arquitectura de piedra y madera típica de la sierra, invita a un paseo tranquilo antes de volver a Madrid.
Hacia dónde va el baño natural en la sierra de Madrid
La tendencia de los últimos veranos apunta a un refuerzo progresivo de los controles sanitarios en las zonas de baño autorizadas, sobre todo tras temporadas de sequía que han dejado varios tramos de ríos y embalses bajo mínimos. Es una buena noticia para quien quiere seguir bañándose con garantías, aunque implique alguna restricción puntual en los veranos más secos.
Lo que no parece que vaya a cambiar es el tirón de este rincón de la sierra. Cada julio, cuando el calor aprieta en Madrid, Rascafría vuelve a demostrar que no hace falta salir de la región para encontrar agua de verdad. El consejo, después de varias temporadas viendo el mismo patrón, es simple: llega temprano, respeta el entorno y prepárate para el frío del primer chapuzón.


