Vox Sant Cugat homofobia: el concejal lanza burlas homófobas a críticos de la final del Mundial

El concejal de Vox respondió con preguntas personales sobre la homosexualidad a quienes criticaban su mensaje sobre la final del Mundial. La reacción del partido y del gobierno municipal de Sant Cugat marca la agenda política local.

El concejal de Vox en Sant Cugat del Vallès, Jordi Guirado, ha desatado una tormenta política en plena cuenta atrás para la final del Mundial de fútbol. A través de su perfil de Instagram, el edil respondió con reiteradas burlas sobre la orientación sexual a los usuarios que cuestionaban un vídeo en el que su formación acusaba al gobierno municipal de impedir la instalación de una pantalla gigante para seguir el partido de la selección española.

Del vídeo institucional al insulto homófobo

La polémica se originó en una publicación de Vox Sant Cugat que animaba a la ciudadanía a celebrar una posible victoria en la calle, tras denunciar que el consistorio había bloqueado la iniciativa de la pantalla gigante. Las reacciones de varios usuarios, muchas de ellas críticas o directamente insultantes hacia el partido, provocaron la intervención directa de Guirado desde su cuenta personal, sin deslindar su papel de cargo público.

Entre los mensajes, el concejal se dirigió a un usuario con la pregunta “Oriol, ¿cómo te lo hiciste para explicar a tus padres que eras gay?”. A otros les inquirió “¿Desde cuándo empezaste a notar la tendencia homosexual que tienes?” o directamente “eres gay”, acompañando el comentario con emoticonos de risa. Las capturas, publicadas por ElNacional.cat, muestran que el edil convirtió la orientación sexual —real o supuesta de sus interlocutores— en el eje de la descalificación.

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La gravedad de la conducta se multiplica por el canal utilizado: un perfil que el propio Guirado emplea como representante de la formación y en el que se identifica como concejal de Vox. No fue un exabrupto aislado, sino una cadena de respuestas con la homosexualidad como insulto recurrente.

Silencio electoral en Sant Cugat y nervios en el partido

Hasta el cierre de esta información, el gobierno municipal de Sant Cugat —formado por ERC, PSC y CUP— no ha emitido un comunicado oficial, aunque fuentes del consistorio consultadas por Moncloa.com anticipan una condena contundente en las próximas horas. La portavoz del PSC local evitó responder directamente pero fuentes del partido admiten malestar por el descrédito que la polémica puede proyectar sobre la imagen institucional de la ciudad.

Mientras tanto, Vox Sant Cugat ha optado por un silencio revelador. Ni el vídeo original ha sido retirado de Instagram, ni el partido ha desautorizado a su edil. La estrategia, observan analistas parlamentarios, se alinea con el manual de la formación: escalar la crispación, forzar la reacción de los adversarios y, si la controversia prende, activar el relato de víctima de la “cultura de la cancelación”. En un municipio con la renta per cápita más alta del Vallès Occidental, la operación busca movilizar a un electorado ya fidelizado más que persuadir a indecisos.

Guirado convirtió la orientación sexual en una broma pública, y la dirección local de Vox mantiene la publicación sin mover una coma.

El patrón de la provocación y sus costes políticos

El incidente no sucede en el vacío. Llega apenas dos días después de que el periodista Fonsi Loaiza denunciara una agresión en San Fernando (Cádiz) en la que los atacantes le llamaron “rojo” y “subcampeón”, y en paralelo a la aparición de heces animales en el anfiteatro de Sabadell donde se pretendía colocar una pantalla similar. La tensión alrededor de la selección española y la crispación identitaria catalana se retroalimentan.

Para Vox, el retorno inmediato en redes sociales suele ser positivo: la humillación al adversario refuerza los lazos con su base. Sin embargo, este tipo de tácticas puede pasar factura en municipios como Sant Cugat, donde la convivencia y la imagen de gestión moderada son activos que el resto de partidos explotan electoralmente. La pregunta que se instala en el tablero local es si el portavoz de Vox asumirá el coste de unas declaraciones que, más allá de lo reprobable, vulneran el decoro que se exige a cualquier representante público.

Mientras el Parlament arranca las semanas de agosto con la mirada puesta en la financiación autonómica, esta crisis a escala municipal recuerda que el discurso de odio no es solo un problema de quién gobierna, sino de cómo se legitima —o se tolera— la deshumanización del otro desde un acta de concejal. Moncloa.com seguirá de cerca tanto la reacción institucional como los movimientos internos de Vox en Cataluña.

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