EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Francia, a través de la SNCF, retrasa otros siete años la reapertura del ferrocarril del Canfranc, ahora fijada para 2035.
- ¿Quién está detrás? El operador público francés SNCF ha actualizado sin explicaciones oficiales la documentación del proyecto, según revela la prensa aragonesa.
- ¿Qué impacto tiene? La conexión pirenaica suma ya 56 años cerrada y frustra las expectativas de comercio y movilidad transfronteriza. El Gobierno de Aragón habla de “falta de voluntad política”.
El Canfranc no solo lleva el nombre de una estación legendaria. Lleva cincuenta y seis años esperando que un tren vuelva a cruzar los Pirineos. La última vez que circuló fue en 1970. Y ahora, la SNCF ha vuelto a deslizar una fecha que alarga el sueño: 2035. Otra década. Otra generación. Las agencias de desarrollo y los empresarios aragoneses llevan tanto oyendo promesas que el escepticismo ya es un sentimiento identitario en el valle del Aragón.
La documentación actualizada del operador francés menciona 2035 sin grandes explicaciones técnicas. El Gobierno de Aragón ha reaccionado con indignación contenida pero elocuente: falta de voluntad política, exigencias de plazos, reunión urgente con el Ministerio de Transportes español. La línea internacional se ha convertido en un emblema de la asimetría territorial. Mientras en otros puntos de los Pirineos circulan cada día decenas de trenes de mercancías y viajeros, aquí solo queda el silencio y el brillo de una marquesina monumental.
Cuesta imaginar que el Canfranc fue, durante la Segunda Guerra Mundial, un hervidero de tráfico de wolframio, pasaportes y espías. La estación, que en su día fue la segunda más grande de Europa, se cerró en 1970 tras un accidente de un tren de mercancías. En 2015, la fecha prometida era 2028 y hoy esa cifra suena a puro sarcasmo para quienes viven en Jaca, Sabiñánigo o la propia Zaragoza. El retraso acumulado es de 56 años. Más tiempo del que llevamos asfaltando carreteras.
La falta de transparencia francesa resulta especialmente incómoda para la DGA (Diputación General de Aragón, el organismo que ejerce como gobierno autonómico). El presidente Jorge Azcón (PP) ha hecho de las infraestructuras un eje de su mandato y el Canfranc es la más emblemática. El resto de proyectos ferroviarios de la comunidad –la línea Zaragoza-Teruel o el corredor cantábrico-mediterráneo– comparten el mismo respaldo financiero europeo y la misma lentitud. Pero ninguno tiene enfrente a un estado vecino que parece, sencillamente, mirar a otro lado.
El Canfranc acumula 56 años cerrado y la SNCF acaba de añadir otros siete sin dar una sola explicación. En el valle del Aragón, la resignación ya es parte del paisaje.
Según ha podido saber Moncloa.com, en la última reunión del comité de seguimiento hispano-francés, Aragón volvió a pedir un calendario vinculante. La respuesta francesa se limitó a remitirse a los estudios de viabilidad. No hay una partida concreta en el presupuesto de la SNCF para el tramo Oloron-Somport. Y sin dinero, los plazos son papel mojado. El coste total de la reapertura ronda los 450 millones de euros, de los cuales casi 300 corresponden a las obras en el lado francés.
El Pulso Territorial
El Gobierno de Aragón, formado por PP y Vox, ha hecho del Canfranc una bandera que trasciende el enfrentamiento partidista. En las Cortes de Aragón (el parlamento regional de 67 escaños), todos los grupos respaldan la reapertura. Pero el desgaste acumulado empieza a pasar factura. La región, con 1,3 millones de habitantes, depende excesivamente de las decisiones de infraestructura tomadas en Madrid y París. Y este nuevo retraso refuerza el discurso de quienes denuncian la incapacidad del Estado para garantizar la cohesión territorial.
Si se compara con otras conexiones pirenaicas, Aragón es la única que no dispone de un paso ferroviario internacional abierto. Navarra lo tiene a través de Irún, y Cataluña por Portbou y La Tour de Carol. El déficit de conectividad lastra la competitividad de los polígonos de Huesca y Zaragoza, que podrían captar tráfico de mercancías del sur de Francia hacia el Mediterráneo. El informe más reciente del Ministerio de Transportes cifraba en 3.000 camiones diarios el tránsito por el paso de Somport. Una línea de tren descongestionaría ese corredor y reduciría emisiones.
Las próximas semanas serán determinantes. El presidente Azcón ha solicitado una reunión bilateral con el ministro francés de Transportes y confía en que el Gobierno central presione en el seno de la Unión Europea. La reapertura del Canfranc cuenta con la declaración de “interés europeo” desde 2023, pero eso no acelera los taladros. Mientras tanto, la SNCF sigue manejando fechas que parecen escritas en un calendario sin días. Y en el valle del Aragón, la pregunta ya no es cuándo llegará el tren, sino si alguien recuerda cómo era aquel silbido que atravesaba la niebla.
Ficha Autonómica
- El caso: La línea ferroviaria Pau-Canfranc, cerrada en 1970, es un proyecto de reapertura transfronterizo que acumula retrasos desde hace décadas. Francia acaba de posponer hasta 2035 la puesta en servicio.
- Datos importantes: Coste estimado: 450 millones de euros (300 en lado francés). Cierre en 1970. Más de 56 años sin tráfico ferroviario. Previsión anterior: 2028.
- Resumen: El Gobierno de Aragón exige plazos concretos y una cumbre hispano-francesa inmediata. La SNCF no ha motivado el nuevo retraso. Sin partida presupuestaria, 2035 es una fecha orientativa que nadie cree en la comunidad.

