Incendio en Almorox arrasa 600 hectáreas en Madrid, evacúa 200 vecinos de Villa del Prado y corta M-507 y N-403

Los vecinos de la urbanización Encinar del Alberche pasaron la noche en el polideportivo mientras los bomberos de la Comunidad y la UME intentan fijar el perímetro. Las carreteras M-507 y N-403 continúan cortadas y el viento amenaza con reavivar las llamas en las horas centrales

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿A quién afecta? A los vecinos de Villa del Prado y Aldea del Fresno, y a los conductores de la M-507 (sentido Navalcarnero) y la N-403 (sentido Toledo).
  • ¿Cuándo ocurre? El incendio comenzó la tarde del 22 de julio y sigue activo este 23 de julio. Las peores horas se esperan al mediodía.
  • ¿Qué cambia hoy? Doscientas personas siguen realojadas en el polideportivo, los equipos de extinción combaten el fuego con temperaturas extremas y se mantienen los cortes de carretera.

El incendio forestal originado en Almorox (Toledo) ha calcinado ya 890 hectáreas, de las cuales 600 están en la Comunidad de Madrid. Las llamas, que entraron por la zona de Villa del Prado y Aldea del Fresno, mantienen en vilo a los dos municipios. Durante la madrugada los bomberos de la Comunidad y la Unidad Militar de Emergencias (UME) lograron frenar el avance, pero este mediodía la situación se complica por el viento racheado y los 39 grados que se esperan.

El fuego sigue en situación operativa 2 del Plan Especial de Protección Civil de Emergencia por Incendios Forestales (INFOMA). Las carreteras M-507 (sentido Navalcarnero) y N-403 (sentido Toledo) permanecen cortadas en el cruce de ambas vías, así como la M-540, lo que complica los accesos a la zona. Los vecinos que tuvieron que dejar sus casas —700 fueron filiados inicialmente— solo pudieron regresar los de fuera de la urbanización Encinar del Alberche. Los 200 residentes de esta zona pasaron la noche en el polideportivo municipal.

«Estas horas van a ser muy complicadas por las altísimas temperaturas y por este viento inusual que no va a ayudar», ha señalado la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, desde el puesto de mando avanzado en Cenicientos. El consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior, Carlos Novillo, ha pedido «paciencia» a los realojados y ha evitado dar una cifra exacta de viviendas dañadas «para que no se produzca zozobra entre los vecinos».

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Novillo ha confirmado que sobre el terreno trabajan unas 30 dotaciones de bomberos de la Comunidad de Madrid y algo más de una veintena de efectivos de la UME, activada a petición del Gobierno regional. «No lo damos por estabilizado porque las condiciones meteorológicas son extremas», ha añadido. Las imágenes de casas y coches arrasados las ha calificado de «dantescas», aunque insiste en que primero se debe asegurar el perímetro y después evaluar los daños.

El avance del fuego se vio favorecido por los cerramientos de arizónicas, un tipo de árbol que la Comunidad de Madrid ya había señalado como altamente inflamable en los últimos meses. Los servicios de emergencias vigilan 1.500 viviendas, de las que al menos 30 se han visto afectadas. «Cualquier reproducción hay que controlarla», ha remarcado el consejero, que mantiene toda la atención en los puntos calientes del perímetro.

El viento y el calor extremo mantienen al incendio en una situación tan crítica que cualquier chispa puede reavivar las llamas.

Durante la evacuación, la Guardia Civil jugó un papel clave, según ha destacado el delegado del Gobierno, Francisco Martín. La UME continúa plenamente activa y todos los recursos estatales permanecen a disposición del operativo autonómico. Los vecinos realojados reciben atención en el polideportivo y se les informa de un dispositivo complejo que hoy intenta ganarle horas al fuego.

Madrid vuelve a arder: el precedente de 2022 y el plan contra las arizónicas

El incendio de Almorox recuerda inevitablemente al que en agosto de 2022 arrasó más de 1.200 hectáreas en la Sierra de Guadarrama y obligó a evacuar a cientos de vecinos de municipios como Cenicientos o San Martín de Valdeiglesias. Aquel fuego, también fuera de control durante varios días, puso en evidencia la vulnerabilidad de la interfaz urbano-forestal en el suroeste madrileño. Ahora, cuatro años después, la presencia masiva de arizónicas —que el Gobierno regional ha incluido en una campaña de control por su alta combustibilidad— repite la misma amenaza.

Más allá de la urgencia inmediata, este incendio obliga a preguntarse si las labores preventivas sobre estas especies avanzan al ritmo que reclama el cambio climático. El plan de la Comunidad de Madrid para sustituir o aclarar las arizónicas en zonas residenciales lleva meses sobre la mesa, pero su aplicación sobre el terreno es lenta y fragmentada. Villa del Prado es hoy el ejemplo más doloroso: el fuego no encontró un bosque denso, sino una urbanización rodeada de árboles que ardieron como antorchas.

Mientras los bomberos intentan fijar el perímetro, la prioridad sigue siendo la seguridad de los 200 vecinos que aún no pueden volver a sus casas. Las próximas horas, con el termómetro al rojo vivo, serán decisivas. La Comunidad mantiene el nivel 2 y no descarta solicitar más medios si el viento cambia de dirección.

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