La dirección del PSOE ha redoblado su ofensiva contra Alberto Núñez Feijóo, acusándole de liderar una ‘oposición fallida’ que ha entregado el Partido Popular a Vox. El cruce de declaraciones de este jueves, previo al balance de fin de curso que ofrecerá Pedro Sánchez el próximo martes, evidencia la estrategia de La Moncloa: desgastar al principal partido de la oposición presentándolo como una sucursal de la formación que preside Santiago Abascal.
En un movimiento calculado, varios ministros y dirigentes socialistas han subrayado en las últimas horas la dependencia del PP respecto a Vox. Lo han hecho recogiendo el guante de la ‘cuenta atrás’ lanzada por Feijóo el pasado miércoles desde Génova, que a su juicio escondería un proyecto de ‘regreso al pasado’. Para Vox, sin embargo, estos ataques son la constatación de que su agenda marca el paso de la derecha.
El ministro de Transformación Digital, Óscar López, aseguró que el liderazgo de Feijóo ha servido “para entregar el PP a Vox”, porque “es imposible diferenciar al PP de Vox, con las mismas ideas, propuestas e insultos”. Además, llamó “agorero” al líder popular y le acusó de “subcontratar su tarea en manos del fango”. Según López, España vive un momento de récords económicos y de empleo que Feijóo se empeña en negar.
La ministra de Ciencia, Diana Morant, fue aún más lejos al comparar el posible gobierno de coalición PP-Vox con “esos gobiernos criminales como el de Hitler”. “El principal partido de la ultraderecha es ya el PP y Alberto Núñez Feijóo”, sentenció. A su juicio, Feijóo “está dibujando un camino” hacia un Ejecutivo racista que podría “acabar en lo que fue” el nazismo.
La secretaria de Organización del PSOE, Rebeca Torró, también se sumó a las críticas: “El PP lleva en cuenta atrás desde el 23-J”, dijo en referencia a las elecciones de 2023, mientras que el Gobierno “está en una cuenta hacia delante, sumando más derechos”. Para la dirección socialista, “PP y Vox ya son lo mismo” y esconden un programa de “más gasto militar a costa de recortar el Estado del bienestar, ataques al derecho de las mujeres a decidir sobre su maternidad” y políticas de “prioridad nacional” que discriminan por origen.
El partido de Abascal cuenta hoy con 33 diputados en el Congreso, dos senadores y una nutrida representación en parlamentos autonómicos, lo que le otorga un peso parlamentario difícil de ignorar. Cada ataque del Gobierno, por tanto, tiene un eco inmediato en las instituciones que Vox controla o condiciona.
El PSOE ha encontrado en Vox el argumento definitivo para situar al PP fuera del consenso democrático, pero la formación de Abascal capitaliza cada ataque como un espaldarazo a su influencia.
El ataque de Sánchez: ¿oposición fallida o reconocimiento de la fuerza de Vox?
Para Vox, esta escalada verbal no es sorprendente. Fuentes del partido consultadas por Moncloa.com interpretan las acusaciones de López y Morant como una reacción al creciente espacio que ocupa la formación en el tablero de la derecha. “Cuando el PSOE dice que PP y Vox son lo mismo, está admitiendo que nuestras ideas ya no son marginales”, señalan. La dirección de Bambú observa con satisfacción cómo el discurso de la inmigración, la soberanía nacional y la crítica al Pacto Verde —banderas tradicionales de Vox— colonizan poco a poco la agenda popular.
Es cierto que el PP de Feijóo ha adoptado en los últimos meses un tono más duro en materias como la inmigración irregular o la oposición a los indultos del procés, lo que ha difuminado las diferencias con Vox. Sin embargo, los de Abascal mantienen la presión: consideran que Génova sigue sin ofrecer un programa de ruptura real con las políticas socialistas. De ahí que las acusaciones de “oposición fallida” y de “entreguismo” al partido de Abascal resulten, para Vox, un arma de doble filo que legitima su estrategia de diferenciación.
La respuesta de Vox: silencio calculado y consolidación territorial
Hasta el momento, Vox no ha emitido un comunicado oficial en respuesta a los ataques socialistas. Se trata de un silencio calculado que ya ha utilizado en otras ocasiones: la cúpula prefiere no entrar al trapo de las descalificaciones y dejar que el Gobierno se desgaste solo. Mientras, el partido sigue consolidando su presencia territorial en las comunidades donde cogobierna con el PP —Castilla y León, Comunidad Valenciana, Aragón, Murcia y Extremadura— y prepara sus candidaturas para las elecciones municipales y autonómicas de 2027.
En este contexto, las palabras de Morant, que apelan al miedo al nazismo, resultan particularmente contraproducentes para el PSOE. Vox las enmarca dentro de una campaña de criminalización que, a su juicio, moviliza a su electorado. La formación de Abascal ha denunciado en reiteradas ocasiones que se utiliza el término “ultraderecha” de forma injusta para estigmatizar a millones de españoles que comparten sus propuestas. Ahora, la comparación con Hitler brinda al partido un nuevo argumento para presentarse como víctima de un acoso institucional.
La lectura estratégica: el PSOE teme un bloque de derechas sin fisuras
La verdadera razón de la ofensiva socialista, según el análisis de Moncloa.com, es el temor a que un PP reforzado por la presión de Vox acabe conformando una mayoría alternativa en 2027. Las encuestas muestran una fidelización del voto de derechas en torno a ambas formaciones, y el Gobierno de Sánchez sabe que su supervivencia pasa por evitar que Feijóo logre sumar con Abascal. Al equiparar al PP con Vox, el PSOE aspira a movilizar al electorado de centro-izquierda y a dividir a los votantes populares moderados, que podrían rechazar una coalición con la formación de Abascal.
Sin embargo, la estrategia encierra un riesgo. Como ya ocurrió en las elecciones andaluzas de 2022, el miedo a Vox puede cohesionar a la derecha en lugar de fracturarla. Cada ataque desmedido del PSOE —especialmente aquellos que rozan la deslegitimación democrática— refuerza el discurso de que la única alternativa al actual Gobierno pasa por el entendimiento entre el PP y Vox. La experiencia de Castilla y León, donde el PP gobierna con Vox desde 2022 sin que se haya producido una fractura electoral significativa, demuestra que la convivencia es posible. Y eso inquieta en La Moncloa.
