La clóchina valenciana, emblema de la acuicultura mediterránea y protagonista de incontables sobremesas en la terreta, se enfrenta a un enemigo invisible pero letal: el calentamiento del mar y su acidificación. Un estudio de la Universitat Politècnica de València (UPV) alerta de que, sin medidas de adaptación, el producto podría perder rentabilidad y ver comprometida su supervivencia en las próximas décadas. La investigación, liderada por el catedrático Miguel Jover, dibuja un escenario que exige repensar desde el calendario de producción hasta la forma de engorde.
EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La UPV advierte de que el cambio climático amenaza la producción de clóchina por el aumento de temperatura del agua y su acidificación.
- ¿Quién está detrás? El catedrático Miguel Jover, del Grupo de Acuicultura y Biodiversidad de la UPV, y las 25 clochineras de Valencia y Sagunto.
- ¿Qué impacto tiene? El sector facturó 4,3 millones de euros en 2024 y genera empleo local; sin cambios, la mortalidad aumentará y el crecimiento se ralentizará.
Un producto bajo estrés térmico: los datos que ponen en alerta a los científicos
La clóchina (Mytilus galloprovincialis) es un molusco bivalvo que necesita aguas oxigenadas y temperaturas moderadas para prosperar. Cuando el mar supera los 25 grados, el animal entra en estrés térmico: su metabolismo se acelera, consume más oxígeno y gasta la energía que debería destinar al crecimiento. “En los últimos veranos ya se han registrado temperaturas cercanas a los 30 grados en el Puerto de València”, detalla Jover. Y la previsión no es mejor: el horizonte 2050 apunta a episodios cada vez más frecuentes de aguas cálidas.
A ese factor se suma la acidificación del Mediterráneo, consecuencia directa de la absorción de CO2 atmosférico. El problema es doble: por un lado, dificulta la calcificación de la concha en las fases larvarias; por otro, reduce la capacidad del mejillón para fijarse a las cuerdas de cultivo, lo que dispara las pérdidas de producción (UPV, 2026).
Los números de 2024 dan la medida del sector: 2.703 toneladas cosechadas, con un valor superior a 4,3 millones de euros, concentradas en las 25 clochineras de los puertos de Valencia y Sagunto. “La interacción entre temperatura y acidificación puede aumentar la mortalidad y ralentizar el crecimiento, es decir mermar la rentabilidad”, resume el investigador.
Las soluciones que propone la UPV: adelantar el calendario y jugar con la profundidad
La buena noticia es que el sector no está atado de manos. Jover y su equipo plantean un menú de estrategias, algunas sencillas y otras que exigirán inversión. La más inmediata consiste en adelantar el calendario de producción: empezar la campaña en marzo o abril, en lugar de los meses más cálidos, para esquivar los picos de temperatura.
Otra opción pasa por aprovechar las zonas más profundas de las cuerdas. Las bateas de cultivo flotante tienen varios metros de recorrido vertical, y los últimos palmos de mar suelen estar más frescos incluso en verano. “No es una solución definitiva, pero sí un parche bien útil mientras se desarrollan otras medidas”, aclara Jover.
La clóchina valenciana no solo lucha contra el reloj climático, sino también contra la inercia de un sector que nunca había necesitado tanta ciencia para seguir siendo rentable.
Las alternativas más ambiciosas incluyen la reproducción en cautividad —técnicamente viable, pero aún costosa— y la oxigenación artificial del agua en las bateas. Ambas requieren optimizar protocolos probados en laboratorio y llevarlos a escala comercial, un salto que, según Jover, “necesita entre tres y cinco años de I+D aplicada”.
Por el camino quedan deberes fundamentales: conocer mejor el ciclo biológico de la clóchina en las condiciones reales del Puerto de València y monitorizar en tiempo real la temperatura y el pH del agua. La UPV ya trabaja en sensores de bajo coste que podrían instalarse en las propias clochineras para alertar de episodios de estrés.
El Escenario Valenciano
La supervivencia de la clóchina no es solo una cuestión biológica; es un espejo de la capacidad de adaptación de todo el sector primario valenciano frente al cambio climático. El Consell de Pérez Llorca ha incluido la clóchina en su catálogo de productos de ‘Marca de Qualitat’, una etiqueta que busca proteger la identidad gastronómica de la Comunitat y que ampara a cerca de un centenar de alimentos. Sin embargo, las ayudas directas a la acuicultura apenas representan una fracción del presupuesto de la Conselleria de Agricultura, Ganadería y Pesca.
A escala nacional, el debate sobre la adaptación de la pesca y la acuicultura al cambio climático ha llegado al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, que prepara una Estrategia de Acuicultura Sostenible para el periodo 2027-2030. Mientras tanto, los fondos europeos del programa FEMPA (Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura) podrían ser la llave para financiar la modernización de las bateas y los laboratorios de reproducción. La cuestión es si la Generalitat y el Gobierno central conseguirán coordinar los planes antes de que las temperaturas vuelvan a dispararse.
La proyección a corto plazo pasa por que el sector valenciano implemente los cambios de calendario ya en la campaña de 2027, si las condiciones meteorológicas acompañan. A medio plazo, la reproducción en cautividad se perfila como la gran baza para desacoplar la producción de los vaivenes climáticos. “La clóchina es un producto de altísima calidad, cercano y sostenible”, insiste Jover; solo falta que la ciencia y la administración se muevan al mismo ritmo que las agujas del termómetro.
Ficha del Caso
- El caso: El calentamiento del Mediterráneo y su acidificación amenazan la producción de clóchina en Valencia, según un estudio de la UPV de 2026.
- Datos importantes: Producción de 2.703 toneladas en 2024, valor de 4,3 millones de euros; estrés térmico a partir de 25 °C; se propone adelantar el calendario y reproducción en cautividad.
- Resumen: La clóchina necesita adaptación urgente; las soluciones existen pero requieren inversión y coordinación entre el sector, la investigación y las administraciones autonómica y estatal.

