Entre las encuestas y la realidad: los frentes abiertos del PP antes de 2027

Si hoy se celebraran elecciones generales, autonómicas y municipales, pocos analistas discutirían que el Partido Popular partiría como favorito. Las encuestas dibujan un escenario muy favorable para Alberto Núñez Feijóo, con un PSOE desgastado tras casi una década en el Gobierno y una izquierda que continúa buscando un equilibrio entre sus distintas sensibilidades. En la mayoría de comunidades autónomas y ayuntamientos importantes también se percibe un viento de cola para la derecha.

Sin embargo, queda todavía más de un año para 2027 y la política española ha demostrado repetidamente que los ciclos electorales pueden cambiar con rapidez. El supuesto paseo militar que algunos pronostican para el PP presenta varias sombras que Génova haría bien en no ignorar. Algunas proceden de la oposición, pero otras nacen dentro del propio espacio conservador.

La primera tiene nombre propio: Alberto Núñez Feijóo. El líder popular mantiene una imagen de gestor moderado que le permitió consolidarse tras la caída de Pablo Casado, pero sigue sin despertar un entusiasmo comparable al que Pedro Sánchez genera en la izquierda. Más preocupante aún son sus frecuentes errores comunicativos.

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Hace apenas unos días volvió a situarse en el centro de la polémica al sugerir que quienes se abstienen de trabajar no deberían percibir ingresos similares a quienes sí lo hacen. Aunque el fondo de su mensaje pretendía abrir un debate sobre determinadas prestaciones, la formulación alimentó una nueva tormenta política y permitió a la izquierda acusarle de estigmatizar a las personas desempleadas.

No es un episodio aislado. Feijóo acumula desde su llegada a Madrid una larga lista de declaraciones imprecisas, rectificaciones y frases desafortunadas que han erosionado parte de la imagen de solvencia con la que desembarcó desde Galicia. Ninguno de esos tropiezos ha resultado letal, pero todos alimentan la percepción de un líder menos sólido de lo esperado.

El segundo gran problema se encuentra en la Comunidad Valenciana. Carlos Mazón continúa siendo una pesada losa para el Partido Popular. La gestión de la DANA marcó un antes y un después en su liderazgo. La imagen transmitida durante aquellos días deterioró profundamente su credibilidad y convirtió la Generalitat Valenciana en uno de los principales focos de desgaste para el partido.

A ello se suma la dificultad del PP para reconstruir un liderazgo alternativo. Juanfran Pérez Llorca no termina de proyectar la autoridad política necesaria para cerrar definitivamente aquella etapa, mientras el PSPV observa con la esperanza de recuperar una comunidad que durante años fue decisiva para inclinar mayorías nacionales.

Perder o debilitar la Comunidad Valenciana supondría un serio contratiempo para cualquier estrategia de cambio político en España. Históricamente ha sido uno de los grandes campos de batalla electorales y ninguna dirección nacional puede permitirse llegar a unas generales con ese territorio convertido en un problema.

Ayuso sigue generando polémica

La tercera incógnita sigue llamándose Isabel Díaz Ayuso. Paradójicamente, el problema ya no parece ser la rivalidad interna. Tras meses de tensiones, Feijóo y Ayuso han conseguido estabilizar su relación y proyectar una imagen de coordinación mucho mayor que la existente durante la etapa posterior al congreso nacional del partido.

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PP
Isabel Díaz Ayuso.

Sin embargo, la presidenta madrileña continúa protagonizando polémicas con una frecuencia difícil de gestionar. Sus declaraciones, siempre eficaces para movilizar a su electorado, también generan conflictos constantes que obligan a la dirección nacional a salir en defensa de posiciones incómodas.

A ello se añade la situación judicial de su pareja por presuntos delitos fiscales, un asunto que a la derecha le seguirá pesando durante toda la precampaña. Aunque el caso no afecta directamente a Ayuso desde el punto de vista penal, sí representa un evidente problema político y comunicativo para un partido que aspira a convertir la gestión en su principal bandera.

El cuarto elemento de incertidumbre se llama Vox. Las relaciones entre ambos partidos atraviesan uno de sus momentos más tranquilos. Santiago Abascal ha rebajado notablemente el tono de confrontación con el PP y ha optado por un perfil público mucho más discreto que en etapas anteriores. Esa estrategia reduce la sensación de división dentro del bloque de la derecha, pero no elimina las dificultades de fondo.

La formación ultraderechista mantiene exigencias difíciles de asumir para un Partido Popular que necesita ampliar su base electoral. Su discurso sobre inmigración, igualdad, nacionalidades históricas o derechos del colectivo LGTBI continúa situándose muy lejos de la centralidad política que Feijóo intenta proyectar.

Además, la formación tampoco está completamente al margen de la controversia. En los últimos meses han aparecido informaciones sobre la financiación de la Fundación Disenso y sobre los ingresos percibidos por la esposa de Santiago Abascal en Intereconomía. Estas cuestiones contribuyen a erosionar la imagen de integridad que Vox intenta proyectar sin demasiada suerte.