Hay proyectos empresariales que nacen para ocupar un hueco de mercado y otros que responden a una batalla de poder. La Séptima pertenece, probablemente, a ambas categorías. La nueva cadena de TDT, que comenzará sus emisiones el próximo 5 de noviembre, supone el regreso de José Miguel Contreras al primer plano audiovisual después de su sonado enfrentamiento con el Grupo Prisa y, en particular, con su presidente, Joseph Oughourlian. Pero también representa el intento más ambicioso de construir un gran operador televisivo de sensibilidad progresista en un momento en el que la izquierda ha asumido que la batalla mediática es tan decisiva como la política.
La historia de La Séptima no puede entenderse sin recordar el fracaso de la televisión de Prisa que no llegó a nacer. Contreras llevaba tiempo defendiendo la necesidad de que el grupo editor de El País y la Cadena SER contara con una televisión nacional capaz de competir en el terreno de la información y el análisis. El proyecto incluía un modelo basado en programas de actualidad, conversación y entretenimiento político. Sin embargo, la iniciativa fue abortada por Oughourlian, que descartó impulsar una televisión en esos términos.
Aquella decisión supuso mucho más que el cierre de un proyecto empresarial. Marcó la ruptura definitiva entre Contreras y la actual dirección de Prisa. El productor, erigido como uno los estrategas audiovisuales más influyentes del entorno progresista, veía cómo se cerraba la puerta a una iniciativa que pretendía competir en un espacio donde la izquierda siempre ha llegado con retraso.
Ese fracaso, sin embargo, terminó convirtiéndose en el punto de partida de La Séptima. Con una licencia nacional de TDT obtenida por un grupo de empresarios liderado por Andrés Varela Entrecanales y con el asesoramiento directo de Contreras, el proyecto ha encontrado finalmente el vehículo que Prisa nunca quiso desarrollar.
La nueva cadena supone, además, la reconstrucción del equipo profesional que Contreras llevaba años tejiendo. El caso más evidente es el de Javier Ruiz. Su incorporación como uno de los principales presentadores y director editorial del canal confirma una relación profesional que se ha fortalecido durante la última década.
Ruiz ya había contado con el respaldo de Contreras en varios momentos decisivos de su carrera. Primero, durante su regreso a la Cadena SER para dirigir Hora 25 de los Negocios. Después, con su incorporación a RTVE para presentar Las claves del siglo XXI y, más recientemente, con Mañaneros 360. Ahora volverán a compartir proyecto en una estructura donde Contreras ejercerá la dirección estratégica y Ruiz asumirá buena parte de la responsabilidad editorial y de contenidos.
No parece casualidad. Contreras siempre ha visto en Ruiz un perfil capaz de combinar rigor económico, divulgación y presencia televisiva. La Séptima le ofrece, por primera vez, la posibilidad de construir una línea editorial desde el origen y no simplemente presentar un programa dentro de una estructura ya diseñada.
La apuesta, sin embargo, trasciende los nombres propios. La Séptima llega en un momento en el que la izquierda institucional ha empezado a asumir que durante años minusvaloró la importancia del ecosistema mediático. Mientras el Partido Popular contaba con un amplio entramado de medios privados próximos ideológicamente, el PSOE confió casi exclusivamente en operar dentro de medios ajenos con intereses conservadores.

En ese contexto, La Séptima aspira a convertirse en mucho más que una nueva televisión. Pretende ocupar un espacio que ni RTVE, por su naturaleza pública, ni los medios digitales progresistas han conseguido cubrir plenamente: el de una gran cadena privada capaz de disputar influencia en el terreno audiovisual.
La operación tiene, además, un evidente componente simbólico. Contreras regresa precisamente allí donde fracasó su gran apuesta dentro de Prisa. Si entonces dependía de las decisiones de un consejo de administración presidido por Oughourlian, ahora contará con un proyecto diseñado prácticamente a su medida.
Queda por comprobar si el mercado responde. Porque levantar una televisión resulta mucho más complejo que conseguir una licencia. La audiencia exige credibilidad, talento y contenidos capaces de competir con operadores consolidados. El riesgo de convertirse en un simple canal de confirmación ideológica existe y probablemente sea el principal desafío de la nueva cadena.
Sus responsables son conscientes de ello. Contreras ha insistido en que La Séptima no quiere reproducir el modelo de confrontación permanente que domina buena parte de las tertulias actuales. La intención es apostar por formatos que expliquen la actualidad, aporten contexto y reduzcan el peso del ruido político. Sobre el papel, la propuesta resulta atractiva. Habrá que comprobar si también lo es para una audiencia acostumbrada a consumir información cada vez más rápida y polarizada.
Los nombres futuros del canal impulsado por Contreras
La composición del equipo apunta en esa dirección. Además de Ruiz, diferentes nombres del periodismo progresista han sido vinculados al proyecto, entre ellos Sarah Santaolalla, mientras el sector especula con futuras incorporaciones como Silvia Intxaurrondo, Jesús Cintora o incluso José Pablo López. Más allá de que esas operaciones lleguen o no a producirse, reflejan la voluntad de construir un proyecto competitivo y no únicamente una televisión de partido.
Para José Miguel Contreras, La Séptima representa mucho más que un nuevo canal. Es la oportunidad de demostrar que la idea que Prisa rechazó era viable pese a las dudas en el sector tras la ruina de La Sexta, y que todavía existe espacio para otra forma de hacer televisión informativa. También supone una reivindicación personal tras un enfrentamiento empresarial que le apartó del principal grupo de comunicación progresista del país.
Si la apuesta funciona, Contreras habrá logrado transformar su derrota en Prisa en el punto de partida de un nuevo actor audiovisual imprescindible para la izquierda del futuro.
