Retrasar la llegada del primer smartphone hasta los 16 años se ha convertido en un objetivo compartido por cada vez más familias en los colegios españoles. Los pactos de familias, una iniciativa ciudadana impulsada por la plataforma Adolescencia Libre de Móviles (ALM), proponen un acuerdo informal entre padres y madres para no entregar el teléfono inteligente durante el curso escolar y normalizar una decisión que, en soledad, cuesta mantener.
Qué es un pacto de familias y por qué surge
El momento de pasar de Primaria a Secundaria suele ser el detonante de la entrega masiva del primer móvil. La presión social, con el argumento de que “todos mis amigos lo tienen”, lleva a muchas familias a ceder sin una reflexión real sobre la madurez del menor. Sin embargo, detrás de esa sensación de unanimidad se esconde a menudo un silencio mayoritario: según una encuesta de ALM realizada a más de 22.000 familias catalanas, el 61,7 % de los hogares con hijos en Primaria opina que lo adecuado es esperar hasta los 16 años, pero el 82,1 % de quienes ya tienen hijos en Secundaria reconoce haber entregado el dispositivo antes de los 12.
Un pacto de familias es un acuerdo informal, sin validez legal, por el que un grupo de padres de un mismo centro o clase se compromete a no dar un smartphone a sus hijos durante el curso. La familia que lo desee puede retirarse en cualquier momento, pues la fuerza del pacto es social: cuando varias familias visibilizan la misma decisión, los menores dejan de ser “los raros sin móvil” y la opción se normaliza.
El objetivo no es prohibir, sino romper la inercia del “todos lo tienen” que convierte la entrega del dispositivo en un acto por omisión. Los estudios revelan que cuanto antes llega el smartphone, mayor es el riesgo de depresión, peor calidad del sueño y exposición a conductas de riesgo online.
El movimiento Adolescencia Libre de Móviles nació en noviembre de 2023 en el barrio barcelonés de Poblenou precisamente para hacer visible ese deseo mayoritario de retrasar la entrega. Su metodología, basada en la experiencia de decenas de centros, ofrece claves prácticas para que cualquier colegio pueda impulsar su propio pacto.
El 82,1 % de las familias con hijos en Secundaria entregó el smartphone antes de los 12 años, pese a que el 61,7 % de las de Primaria consideraba adecuado esperar hasta los 16, según la encuesta de ALM.
Cómo poner en marcha un pacto: pasos y recomendaciones de ALM
La plataforma ALM ha sistematizado un proceso sencillo que ya ha funcionado en centros de toda España. Los pasos principales incluyen formar un pequeño grupo motor de tres o cuatro familias, documentarse con informes de la Asociación Española de Pediatría o UNICEF y hablar con la dirección del centro. Un equipo directivo que apoya la iniciativa abre puertas y las familias lo reciben de otra manera.
La reunión de presentación debe ser breve, con datos concretos y espacio para preguntas. Es crucial dejar claro que no es un contrato, sino un compromiso anual renovable. La difusión en los canales del centro —especialmente en el grupo de WhatsApp de la clase— resulta clave: si una familia hace visible su decisión, el efecto arrastre empuja a otras que pensaban lo mismo pero temían ser la excepción.
Una preocupación recurrente es cómo mantener el contacto con los hijos sin un smartphone. La respuesta que se ofrece en estos encuentros es práctica: los teléfonos básicos de llamadas y mensajes, sin acceso a internet ni redes sociales, permiten la comunicación sin los riesgos asociados a la pantalla táctil. Los relojes GPS son otra alternativa valorada por las familias con niños más pequeños.
En localidades como Cardedeu (Barcelona), el respaldo municipal logró extender el pacto a cinco escuelas y tres institutos en un solo curso. Los centros públicos dieron un paso más y acordaron no usar el móvil ni siquiera con fines pedagógicos.
El Marco Educativo
Aunque el pacto de familias opera en el ámbito privado de cada hogar, se apoya en un contexto educativo cada vez más sensible al impacto de las pantallas en la salud mental infanto-juvenil. España no cuenta con una ley estatal que regule la edad mínima de acceso al smartphone, pero varias comunidades autónomas han prohibido el uso de móviles durante la jornada escolar (Castilla-La Mancha fue pionera en 2014 y otras como Galicia o Madrid han adoptado restricciones). Sin embargo, esas medidas no alcanzan al espacio extraescolar ni a la decisión familiar de entregar el primer dispositivo.
Los pactos cubren justamente ese vacío: actúan en el punto donde la presión de grupo se intensifica y donde la evidencia científica alerta de los riesgos de un acceso precoz. El respaldo de la dirección de los centros, las AMPA y, en ocasiones, los ayuntamientos, convierte estos acuerdos en una herramienta comunitaria que complementa la labor educativa sin invadir competencias normativas.
La encuesta de ALM, realizada a más de 22.000 familias, muestra una paradoja que explica bien por qué fracasan muchas intenciones individuales: mientras la mayoría cree que lo correcto es esperar hasta los 16 años, la realidad es que el smartphone llega, de media, antes de los 12. Los pactos no garantizan una solución definitiva, pero al visibilizar y coordinar una voluntad compartida, consiguen que la decisión se tome de forma consciente y no arrastrada por la inerzia del “todos lo tienen”.
Claves de la Noticia
- Qué importa: Los pactos de familias son acuerdos informales en colegios para retrasar el primer smartphone hasta los 16 años, impulsados por la plataforma Adolescencia Libre de Móviles (ALM).
- Por qué importa: Rompen la presión social que lleva a entregar el móvil antes de los 12 años, a pesar de que la mayoría de las familias preferiría esperar, según encuestas de ALM.
- A quién le importa: A familias con hijos en Primaria y Secundaria, a docentes y directores de centros educativos que buscan herramientas para fomentar un uso más saludable de la tecnología.

