La Xunta de Galicia —el gobierno autonómico gallego, con sede en Santiago de Compostela— presentó a mediados de julio el nuevo Plan Xeral de Normalización da Lingua Galega, un documento con cerca de 700 medidas que ha sido recibido con escepticismo generalizado. Dieciséis años después de la aprobación del polémico Decreto para o Plurilingüismo, la iniciativa impulsada por el conselleiro de Cultura, Lingua e Xuventude, José López Campos, llega en un momento en que la supervivencia del idioma parece interesar a cada vez menos gallegos.
El plan fue presentado con un gran despliegue escénico en la Cidade da Cultura, con el conselleiro paseando por el escenario y micrófono de diadema. Pero, para muchos, se trató de un espectáculo dirigido a los ya convencidos. La falta de voluntad política para revertir la emergencia lingüística es el verdadero lastre del texto, tal y como advierte un reciente artículo de opinión publicado por elDiario.es Galicia.
El análisis recuerda que ya en 2010, el entonces presidente Alberto Núñez Feijóo impulsó el Decreto de Plurilingüismo, que consagró un modelo de bilingüismo en el que el gallego perdía peso en la enseñanza. Desde entonces, los sucesivos gobiernos del PPdeG —el Partido Popular de Galicia, con mayorías absolutas ininterrumpidas desde 2009— han mantenido un discurso de normalización sin traducirlo en políticas presupuestarias ambiciosas ni medidas coercitivas.
El nuevo plan, con sus 700 medidas, ordena prioridades y fija horizontes, pero carece de fuerza ejecutiva. Es una declaración de intenciones que no garantiza partidas económicas concretas ni transforma hábitos sociales. La oposición, encabezada por el BNG (o Bloque Nacionalista Galego, principal fuerza de oposición en el Parlamento de Galicia), ya ha denunciado la ausencia de un compromiso financiero real y ha calificado la presentación de la Xunta de Alfonso Rueda como un nuevo ejercicio de cosmética política.
El tono del debate, sin embargo, ha cambiado respecto a hace una década. En 2010, la política lingüística era un asunto central capaz de movilizar a la sociedad civil. Hoy, el artículo citado subraya que la cuestión se ha vuelto marginal: el círculo de quienes creen que el gallego merece ser salvado se reduce, y la mayoría silenciosa observa el idioma como un elemento pintoresco, útil para fotos de paisajes en redes sociales el Día das Letras Galegas.
El síntoma más preocupante no es el desacuerdo sobre cómo salvar el gallego, sino que cada vez menos personas sientan que haya necesariamente algo que salvar.
La Consellería de Cultura ha defendido que el plan apuesta por los neofalantes, un enfoque que para los críticos no es más que un reconocimiento implícito del fracaso de las políticas de los últimos tres lustros. «Que remedio les queda», ironiza el artículo de opinión. La realidad es tozuda: los datos oficiales del Instituto Galego de Estatística (IGE) muestran una caída sostenida del uso del gallego entre los jóvenes, y la transmisión familiar del idioma se resquebraja.
El plan, además, no ha servido para avivar el diálogo público. No ha conseguido devolver al gallego el lugar que perdió en la conciencia de la sociedad. Quienes permanecían callados por elección o desconocimiento siguen sin interpelarse. Y esa es la gran derrota: una lengua en emergencia que solo habla a sus propios hablantes está perdiendo una parte decisiva de su capacidad de acción futura.
El Laboratorio Gallego
El estado de la lengua en Galicia tiene una lectura nacional que trasciende lo meramente cultural. El PPdeG convirtió en 2010 su política de bilingüismo en un modelo exportable, que Alberto Núñez Feijóo llevó después a Madrid como ejemplo de gestión «sensata» frente a los conflictos lingüísticos de Cataluña o el País Vasco. La tesis del equilibrio sin imposiciones, sostenida por el PP nacional en sus últimos congresos, bebe directamente de aquella experiencia gallega.
Ahora, sin embargo, el aparente desinterés de la Xunta de Rueda por revertir la pérdida de hablantes le plantea un dilema a Feijóo. Si el laboratorio gallego fracasa en la práctica —si el plan de 700 medidas es solo un gesto—, el argumentario nacional pierde su principal referente de éxito. La próxima campaña electoral autonómica, prevista para 2028, pondrá a prueba si la oposición logra capitalizar el malestar latente entre los sectores galleguistas o si, por el contrario, la indiferencia se consolida como una posición política transversal. Mientras, en el Parlamento de Galicia, el BNG continuará presionando para que el plan se dote de recursos en el próximo debate de presupuestos, que el Consello de Goberno deberá aprobar antes de final de año.
Ficha del Caso
- El caso: El nuevo Plan Xeral de Normalización da Lingua Galega, presentado por la Xunta en julio de 2026, ha sido criticado por su falta de presupuesto y de voluntad política, lo que pone en evidencia el fracaso del modelo de bilingüismo inaugurado por Feijóo en 2010.
- Datos importantes: Cerca de 700 medidas sin plazos ni dotación económica confirmada; 16 años de vigencia del Decreto de Plurilingüismo; caída sostenida del número de hablantes según datos del IGE; presentación en la Cidade da Cultura con gran despliegue escénico pero escaso debate público posterior.
- Resumen: Sin un compromiso político firme y presupuestario, el plan se percibe como un documento cosmético. La creciente indiferencia social agrava el problema, con implicaciones para la estrategia nacional del PP, que ha usado Galicia como modelo de bilingüismo sin conflictos.

