Feijóo registra una PNL para condenar la kale borroka en País Vasco y Navarra y exige romper acuerdos

La iniciativa obliga al Ejecutivo a votar si rompe sus alianzas con EH Bildu si no condena la violencia. El silencio de Sánchez contrasta con la condena matizada del Gobierno vasco.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El PP ha registrado este sábado en el Congreso una proposición no de ley (PNL) que condena los episodios de kale borroka ocurridos en País Vasco y Navarra durante la final del Mundial y exige al Gobierno que rompa sus alianzas con los partidos que respaldan esa violencia.
  • ¿Quién está detrás? La portavoz del Grupo Popular, Ester Muñoz, ha sido la diputada encargada de firmar la iniciativa, respaldada por toda la dirección nacional y los barones territoriales del partido.
  • ¿Qué impacto tiene? Obligará al Gobierno y a todos los grupos parlamentarios a votar una condena explícita y a pronunciarse sobre la ruptura de acuerdos con formaciones como EH Bildu, que no han desautorizado los altercados. La votación tensará al máximo las costuras del bloque de investidura de Sánchez.

Alberto Núñez Feijóo ha movido ficha este sábado. El Grupo Parlamentario Popular ha registrado en el Congreso una proposición no de ley con un mensaje directo: no se puede gobernar con quienes callan —o incluso alientan— la violencia callejera. El texto, al que ha tenido acceso esta redacción, califica los altercados del pasado domingo como «una forma de terrorismo» próxima a la kale borroka y exige al Ejecutivo de Pedro Sánchez que rompa todos los acuerdos políticos con las formaciones que no condenen sin ambigüedades esos actos.

La iniciativa llega apenas seis días después de que, en plena final del Mundial entre España y Argentina, varios municipios vascos y navarros vivieran agresiones contra aficionados de La Roja. En localidades como Hernani o Alsasua, grupos vinculados al entorno abertzale hostigaron a quienes celebraban el triunfo español, en lo que el PP define como «una estrategia organizada de intimidación social». La PNL, registrada por la portavoz Ester Muñoz y otros diputados populares, consta de varios puntos clave.

Qué pide la PNL: condena, cese y ruptura de alianzas

La proposición no de ley se estructura en tres ejes. Primero, insta al Congreso a «condenar enérgicamente» los episodios de violencia de signo político vividos en País Vasco y Navarra, subrayando que constituyen «una forma de terrorismo que, lejos de haber desaparecido, se ha intensificado en los últimos años». Segundo, reclama que cesen de inmediato estas prácticas de kale borroka, recordando que ninguna reivindicación legítima puede amparar la coacción. Y, en tercer lugar —y aquí está el nudo político—, demanda al Gobierno que «rompa los acuerdos políticos y de gobierno» con aquellas formaciones que secunden o no condenen expresamente este tipo de actos.

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No es un brindis al sol. La iniciativa obliga a todos los partidos a retratarse en una votación que podría llegar al Pleno antes del parón de agosto. Para el Ejecutivo y, sobre todo, para sus socios de investidura —en particular EH Bildu, que no ha emitido condena alguna— el trago es delicado. «Resulta especialmente preocupante que el Gobierno de España no haya condenado estas lamentables agresiones», reza el texto, que añade que «no existe justificación política para guardar silencio ante la violencia».

El silencio de Moncloa y la soledad de la delegada

El Gobierno calla. Y lo hace de forma sonora. Desde el pasado domingo, ni Pedro Sánchez ni el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, han dedicado una sola línea a los altercados. La única voz oficial del Ejecutivo central ha sido la de la delegada del Gobierno en el País Vasco, que sí condenó los hechos, pero sin que esa condena trascendiera a la mesa del Consejo de Ministros ni a comparecencia alguna. Fuentes de la cúpula popular consultadas por Moncloa.com interpretan ese mutismo como una muestra de la «dependencia extrema» que el Gobierno tiene de los votos de la izquierda abertzale.

Mientras, el Gobierno vasco sí se pronunció, aunque con matices. Aprovechó para reivindicar una selección vasca, pero al menos censuró las agresiones como «incompatibles con los valores de respeto y convivencia». Esa condena parcial, sin embargo, no exonera al lehendakari de la presión que ahora llega desde el Congreso. El PP quiere que el foco no se desvíe hacia debates identitarios: «Aquí se trata de condenar la violencia sin equidistancias», resumen en el Grupo Popular.

El Eje del Poder Popular

La PNL sobre la kale borroka no es solo un gesto parlamentario de denuncia. En la lectura estratégica de Génova, es un movimiento de pinza que opera en tres tableros simultáneos. En el tablero nacional, Feijóo recupera la iniciativa y obliga a Sánchez a explicar por qué sus socios no condenan la violencia, mientras él mismo guarda silencio. El precedente más cercano es la moción de censura presentada por Vox en 2023, donde la dependencia de los partidos independentistas ya quedó expuesta. Ahora, la PNL coloca al Ejecutivo ante un dilema incómodo: o rompe con Bildu —como pide el PP— o explica por qué mantiene acuerdos con quienes no repudian la kale borroka.

En el tablero territorial, la iniciativa refuerza el discurso de los barones populares, que llevan meses denunciando un trato desigual del Gobierno hacia las comunidades que defienden la unidad constitucional. Isabel Díaz Ayuso y Juanma Moreno han expresado ya su respaldo público a la PNL, y en Génova esperan sumar el voto de otras formaciones de ámbito no independentista, como UPN o incluso sectores del PNV contrarios a la violencia. Si la votación se fragmenta por puntos, la lectura de la Cámara podría ser especialmente lesiva para el bloque de investidura.

En el tercer tablero —el electoral—, el PP mensura el coste de exhibir la soledad del Gobierno ante la violencia callejera. Las encuestas internas que maneja el partido indican que la percepción de inseguridad en el País Vasco ha crecido entre los votantes moderados, y que el silencio del Ejecutivo puede movilizar voto hacia la oferta popular. El riesgo para Génova es mínimo, porque la condena de la violencia une a todo el partido. El riesgo para Sánchez, sin embargo, es real: forzar a sus aliados a votar una condena explícita puede tensar hasta la rotura las costuras de la mayoría Frankenstein, como la definió el propio Feijóo.

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No obstante, la operación también exige contención. Algunos sectores del Grupo Popular temen que una exposición excesiva del debate pueda provocar un cierre de filas en el bloque independentista y diluir el impacto. Por eso, la dirección parlamentaria ha optado por un registro en solitario —sin sumar a otros partidos— y por un debate que se centre en los hechos, no en el debate identitario. Es una maniobra quirúrgica: lo importante no es quién condena menos, sino quién se niega a condenar.

La PNL es la prueba pública de que el PP ha logrado alinear a once barones autonómicos en una misma posición frente al Gobierno, y ahora traslada la presión al Congreso.

🏛️ El Apunte de Génova

  • Mensaje fuerza: «El Gobierno calla porque necesita a quienes justifican la violencia. Nosotros defendemos la convivencia sin ambigüedades.»
  • Protagonista: Ester Muñoz (portavoz del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso).
  • Próximo hito: Debate y votación de la PNL en el Pleno del Congreso, previsiblemente antes del 31 de julio, donde se medirá el apoyo real de cada grupo a la condena de la kale borroka.