Suecia crea un servicio de inteligencia civil al estilo del MI6 para vigilar a líderes rusos

El exprimer ministro Carl Bildt impulsa el UND tras la sorpresa de la invasión rusa de Ucrania en 2022. La nueva agencia, que arranca en enero de 2027, aspira a cubrir el vacío en el análisis político del Kremlin.

Suecia ha confirmado la creación de su propio Servicio de Inteligencia Exterior (UND), una agencia civil que comenzará a operar en enero de 2027 con un mandato explícito: vigilar a la cúpula política de Rusia. El proyecto, impulsado por el ex primer ministro Carl Bildt, se inspira directamente en el MI6 británico y aspira a cerrar la brecha que la invasión rusa de Ucrania dejó al descubierto en 2022.

Según ha declarado Bildt a The Economist, el sistema de inteligencia existente —dominado por el Servicio de Inteligencia y Seguridad Militar (MUST)— era «muy bueno para rastrear los movimientos militares sobre el terreno», pero «no tanto para analizar la política de Rusia y hacia dónde se dirigía». Aquella carencia llevó a Estocolmo a descartar por completo un ataque a gran escala de Moscú a su vecino, un error que el propio Bildt califica de ‘bochornoso’ y que ahora se quiere evitar repetir.

El UND asumirá progresivamente algunas de las funciones hasta ahora en manos del MUST, incluida la supervisión de operaciones encubiertas con agentes en el extranjero. El cambio llega apenas dos años después de que Suecia ingresara en la OTAN, en 2024, abandonando dos siglos de no alineamiento militar y acelerando una renovación completa de su arquitectura de seguridad.

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Por qué 2022 obligó a repensar la inteligencia sueca

La sorpresa estratégica del 24 de febrero de 2022 no fue exclusiva de Suecia. La mayoría de los servicios occidentales sobrestimaron la capacidad de disuasión y subestimaron la determinación del Kremlin. Pero en el caso sueco, la confianza en los informes del MUST resultó especialmente dañina, hasta pocos días antes de la invasión los análisis oficiales sostenían que una operación militar a gran escala era ‘altamente improbable’.

Bildt, que como ministro de Exteriores entre 2006 y 2014 fue uno de los arquitectos de la Asociación Oriental de la UE —concebida para estrechar lazos con Ucrania y otros vecinos del Este—, comprendió que el error no era solo técnico. El MUST carecía de analistas políticos dedicados al Kremlin, a sus facciones internas y a la lógica de decisión de Putin. Lo que Estocolmo necesitaba, según Bildt, era un servicio civil capaz de interpretar las intenciones, no solo de contar tanques.

Estocolmo tenía una visión militar precisa, pero era ciega a la política del Kremlin. El UND pretende corregir esa ceguera añadiendo oídos civiles al tablero de inteligencia.

UND: un oído civil en el Kremlin, no solo en el campo de batalla

El UND se estructura como un servicio civil, bajo la sombra del modelo británico. No dependerá del Ministerio de Defensa —como el MUST—, sino que se vinculará al Ministerio de Asuntos Exteriores o a la oficina del primer ministro, siguiendo el patrón del MI6. Su objetivo confeso es monitorizar a la élite política rusa: decisiones del Kremlin, luchas de poder en el entorno de Putin, señales de cambio de doctrina o de posible inestabilidad interna.

La decisión no es menor en un país que hasta hace poco recelaba de cualquier aventura exterior. Pero la entrada en la OTAN ha cambiado las reglas: Suecia ya no es solo un vecino vigilante, sino un aliado con obligaciones de inteligencia compartida. Disponer de un servicio civil de espionaje externo le permite también aspirar a participar en los intercambios de información que la Alianza demanda, con un perfil más político que el de un servicio militar.

Además, el UND heredará la gestión de las operaciones encubiertas con agentes en el exterior, una función hasta ahora cosida al ámbito militar pero que, en tiempos de guerra híbrida, requiere un enfoque más político y menos cinético. La doctrina sueca se alinea así con la de Francia (DGSE), Alemania (BND) o el propio Reino Unido.

MI6 sueco

Equilibrio de Poder

La creación del UND no puede leerse solo como un ajuste técnico. Es un movimiento que recalibra el papel de Suecia en el flanco norte de la OTAN y, por extensión, en la contención de Rusia.

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Para Moscú, la noticia es una provocación más, añadida a la lista de agravios que ya incluyen las bases de la OTAN en Finlandia y las maniobras en el Báltico. El Kremlin percibirá al UND como un intento de la nueva Suecia ‘atlantista’ de infiltrarse en sus estructuras políticas. No es descartable que Rusia responda con una nueva ronda de expulsiones de diplomáticos suecos o con ciberataques dirigidos a los nuevos servicios.

Para España, el impacto es indirecto pero relevante. La OTAN homogeneiza sus capacidades de inteligencia, y cada nuevo servicio nacional refuerza la red de alerta temprana que protege a todos los aliados. Además, la experiencia sueca en el Báltico —donde España mantiene fuerzas destacadas en Letonia— será más valiosa si está respaldada por un análisis político fino de las intenciones rusas. La decisión de Estocolmo puede servir de modelo para otros socios que, como España, arrastran una tradición de inteligencia muy militarizada (el CNI tiene raíces en el CESID) y podrían beneficiarse de una mirada civil hacia sus propias amenazas.

El riesgo inmediato es que la apuesta civil diluya la eficacia militar en un momento en el que la amenaza convencional es tangible. Pero Bildt confía en que la separación de tareas evitará solapamientos. La historia dirá si el UND se convierte en un MI6 nórdico o en un apéndice burocrático.

La agencia comenzará a operar en enero de 2027. Para entonces, el Kremlin ya habrá ajustado sus contramedidas. La carrera de inteligencia en el Báltico acaba de empezar.