La crisis en Ormuz dispara el precio del petróleo y presiona a la economía europea

Los nuevos ataques en el estrecho elevan el barril por encima de 100 dólares y rompen la tregua entre Washington y Teherán. España esquiva el golpe gracias a recortes del IVA, pero Bruselas ya mira con lupa las ayudas fiscales.

La escalada en el estrecho de Ormuz ha vuelto a encender las alarmas en los mercados energéticos. Varios ataques contra petroleros perpetrados en los últimos días — atribuidos a Irán y a los rebeldes hutíes de Yemen — han disparado el precio del crudo por encima de los 100 dólares por barril, un nivel que no se veía desde principios de junio. La tregua alcanzada entre Washington y Teherán se ha roto tras apenas unas semanas, y Bruselas observa con preocupación cómo la factura energética vuelve a tensionar las economías del continente.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Nuevos ataques en Ormuz han interrumpido el tráfico de petroleros y han llevado el precio del barril de crudo a superar los 100 dólares (unos 87 euros), el máximo en siete semanas.
  • ¿Quién está detrás? Irán y los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Teherán, han reanudado las hostilidades contra buques mercantes internacionales. Estados Unidos amenaza incluso con atacar infraestructura iraní, pero el paso sigue abierto.
  • ¿Qué impacto tiene? Los precios de los combustibles vuelven a subir en toda la UE, con especial crudeza en los países del Este. España, Hungría y Polonia logran amortiguar el golpe gracias a rebajas fiscales y una red de refino robusta.

El comunicado de la AIE apunta un dato revelador: “España dispone de un sistema de infraestructuras petroleras único, con una amplia cobertura geográfica y de conexiones”. Esa resiliencia, sumada a los recortes del IVA sobre los carburantes aplicados por el Gobierno, explica por qué la península ibérica sale mejor parada que sus socios del Este. Sin embargo, el alivio fiscal no es gratis: en Bruselas no ha sentado bien que Madrid prime la rebaja del IVA frente a la reducción de los impuestos especiales, tal como recomendaba la Comisión.

Ormuz, el cuello de botella que no cicatriza

El estrecho de Ormuz canaliza una quinta parte del tráfico mundial de crudo. Cada episodio de tensión en esas aguas se traduce en oscilaciones inmediatas en el mercado. Los últimos ataques, concentrados en grandes petroleros internacionales, han llevado a varios armadores a desviar sus rutas, encareciendo los fletes. La Administración Biden mantiene que el paso sigue abierto, pero al mismo tiempo ha advertido de que responderá a Teherán si los ataques persisten. Una ambigüedad que añade más leña al fuego.

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El mapa del dolor: Este vs. Sur

Los datos de Eurostat correspondientes a junio revelan la asimetría europea. Mientras el diésel bajó un 6,4% y la gasolina un 4,2% en el conjunto de la UE respecto a mayo, la tendencia se invierte ahora. En tasa interanual (junio 2025 a junio 2026), bulgaria, Lituania y Rumania superaron el 23% de incremento. Fuera de la UE, Turquía rozó el 32% y georgia, casi el 30%. Por el contrario, Hungría (2,3%), Polonia (5,8%) y España (7,9%) registraron los aumentos más moderados gracias a medidas fiscales. Hungría ha optado por limitar artificialmente los precios, mientras que Madrid y Varsovia han aplicado recortes temporales en el IVA. Chipre e Italia, además, fueron los únicos países donde la gasolina subió en junio, un aviso de lo que puede venir.

El Eje del Poder Europeo

La crisis de Ormuz desnuda tres fracturas que recorren la UE. La primera es la dependencia energética del Este, especialmente de los países sin salida directa al mar o con menor capacidad de refino. La segunda es la discordia fiscal entre sur y norte: mientras Bruselas insiste en gravar los impuestos especiales en lugar del IVA, argumentando que así se incentiva la eficiencia energética, Gobiernos como el español prefieren el alivio directo al consumidor, una receta que choca frontamente con la ortodoxia comunitaria. La tercera es la capacidad negociadora de la UE con los actores extrarregionales. Sin una política exterior común robusta, Washington y Teherán dictan el ritmo de los precios que pagan los europeos.

Desde Moncloa.com observamos un patrón que se repite desde la crisis de 2008: cada pico del petróleo revela quién ha hecho los deberes en materia de infraestructuras y quién no. España, con once terminales portuarias, una malla de oleoductos y una notable capacidad de almacenamiento, tiene margen para sortear las tormentas mejor que otros socios. Pero esa ventaja comparativa no debe leerse como autarquía energética: la dependencia de las importaciones sigue siendo altísima.

La paz en Ormuz es la medida de política económica más efectiva que Europa puede esperar, pero hoy es un espejismo.

La próxima cita clave será la reunión del Eurogrupo de septiembre, donde los ministros de Finanzas deberán evaluar si las medidas fiscales de respuesta al alza del crudo pueden desacoplarse de las reglas de déficit. Mientras, el barril de Brent sigue escalando y con él, el precio de la gasolina que reposta cada ciudadano. La geopolítica, una vez más, manda sobre la economía.