EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El condado de Montgomery (Maryland) aprobó este martes una moratoria de 18 meses para la construcción de nuevos centros de datos.
- ¿Quién está detrás? La votación unánime del Consejo del Condado, impulsada por los concejales Natali Fani-González y Evan Glass, y replicada en otros condados de la región.
- ¿Qué impacto tiene? Afecta a la zona con mayor concentración de centros de datos del mundo, por donde transita el 70% del tráfico global de internet, y podría encarecer los servicios cloud que usan las empresas españolas.
El Condado de Montgomery, en Maryland, ha votado este martes a favor de una moratoria de 18 meses para la instalación de nuevos centros de datos en su territorio. La decisión no llega sola: otros condados de la región metropolitana de Washington —Prince George’s, Frederick y, en el lado virginiano, Loudoun— han adoptado o estudian medidas similares. La razón: el voraz consumo eléctrico e hídrico de estas infraestructuras, cuyo impacto sobre el suministro y el medio ambiente preocupa a los vecinos.
Una moratoria de 18 meses en el corazón de Data Center Alley
La medida aprobada por el Consejo del Condado de Montgomery supone una pausa total a los permisos para grandes centros de datos. La ordenanza, fruto de un compromiso entre quienes pedían solo seis meses y quienes exigían dos años, incluye además una enmienda de zonificación que define qué se entiende por hyperscale data center y prohíbe temporalmente su construcción en todo el condado. La presidenta del Consejo, Natali Fani-González, defendió la necesidad de darse un respiro: “El propósito es permitir que el Consejo delibere sobre las salvaguardas adecuadas y lo haga en colaboración con el estado”.
Mientras tanto, el condado vecino de Prince George’s ya implantó una pausa de dos años, y Frederick ordenó otra de seis meses. En paralelo, el gobierno de Maryland prepara un informe estatal —cuya entrega está fijada para el 1 de septiembre— que cuantificará las demandas energéticas, el impacto ambiental y los efectos económicos de la proliferación de centros de datos. Al otro lado del río Potomac, en Virginia, el condado de Loudoun —considerado la capital mundial de los data centers, con cientos de ellos concentrados en la localidad de Ashburn, conocida como Data Center Alley— ha pedido a sus abogados que preparen opciones para una moratoria similar antes del 15 de septiembre.
No es un movimiento marginal. Se calcula que por estos centros de datos pasa el 70% del tráfico diario de internet a escala mundial. Cualquier freno en la construcción toca de lleno a los grandes proveedores de nube —Amazon Web Services, Microsoft Azure, Google Cloud—, que han convertido el norte de Virginia en el epicentro de su infraestructura global.
Ruido, agua y factura eléctrica: las quejas que empujan a los condados
El concejal Evan Glass, impulsor original de una pausa más corta, lo resumió con claridad: “He trabajado sin descanso para detener el desarrollo de centros de datos en Montgomery y así proteger el río Potomac, evitar una subida desorbitada de la factura eléctrica y trazar un camino más sostenible”. El ruido constante de los generadores y el riesgo de que el coste de la energía se dispare para los hogares son dos de los detonantes locales de esta ola reguladora.
La Casa Blanca no ha permanecido ajena. El presidente Donald Trump amplió su promesa de protección a los consumidores para impedir que los costes de los centros de datos se trasladen a los contribuyentes residenciales. En un área donde la red eléctrica ya muestra tensiones, la promesa presidencial choca con la realidad física: la inteligencia artificial demanda electricidad a una escala que los operadores locales no siempre pueden absorber sin inversiones multimillonarias.
A eso se suma el consumo de agua. Un solo centro de datos de gran tamaño puede necesitar millones de litros al día para refrigeración. En una cuenca como la del Potomac, que abastece a millones de personas, la presión es creciente. El ruido, el agua y la factura eléctrica se han convertido en los tres vectores de protesta que están inclinando la balanza en ayuntamientos tradicionalmente favorables al desarrollo tecnológico.
Elon Musk, cuya empresa Tesla también opera grandes centros de datos para su red de supercomputación, se ha mantenido en silencio. Pero la señal que envían los condados es inequívoca: la bienvenida al progreso digital ya no es incondicional.
La Lógica de Washington
Desde fuera puede sorprender que sean precisamente los condados que albergan la mayor concentración de data centers del planeta los que pongan el freno. Pero la lógica es profundamente americana y localista. En Estados Unidos, la ordenación del territorio y la regulación energética de este tipo de infraestructuras recae en gran medida en los gobiernos de condado. No existe una planificación centralizada. Cuando las comunidades sienten que el coste —en agua, en ruido, en riesgo de apagones— supera al beneficio económico que perciben, activan sus competencias.
Hay un precedente: en los años ochenta, varios condados de California impusieron moratorias a las centrales de cogeneración eléctrica impulsadas por la industria del petróleo, alegando los mismos argumentos de estrés hídrico y contaminación acústica. Ahora, la IA ha sustituido al petróleo, pero el patrón se repite. Washington no impone los centros de datos desde arriba; son los vecinos de Loudoun y Montgomery quienes, a través de sus representantes, deciden cuánto ruido y cuánta agua están dispuestos a tolerar.
Para España, la lectura es de medio plazo. Grandes corporaciones como Inditex, Santander o Telefónica dependen de los servicios en la nube de los gigantes tecnológicos que operan en Virginia. Una ralentización en la construcción de nuevos centros de datos podría traducirse, en un horizonte de dos a tres años, en una menor oferta de capacidad y, por tanto, en precios más altos para el almacenamiento y la computación en la nube. Los proveedores cloud trasladan el coste de oportunidad al cliente final. El Gobierno español, a través del ICEX, sigue de cerca la evolución del mercado de infraestructura digital en Estados Unidos, consciente de su importancia para las exportaciones de servicios tecnológicos.
La próxima ventana crítica se abre el 1 de septiembre, cuando el estado de Maryland publique su informe, y el 15 de septiembre, cuando Loudoun decida si suma su propio freno. Lo que ocurra en esos dos plazos determinará si estamos ante una pausa temporal o ante el inicio de una redefinición geográfica de la nube global.
El 70% del tráfico mundial de internet depende de centros de datos que ahora sus propios vecinos quieren frenar.
Ficha del Caso
- El caso: La explosión de la inteligencia artificial y la computación en la nube ha disparado la demanda de centros de datos en el área metropolitana de Washington, lo que ha llevado a varios condados a imponer pausas para evaluar sus efectos ambientales, energéticos y sobre la factura eléctrica de los hogares.
- Datos clave: Moratoria de 18 meses en Montgomery (aprobada el martes); Prince George’s tiene 2 años; Frederick, 6 meses; Loudoun estudia medidas antes del 15 de septiembre. El 70% del tráfico diario de internet pasa por centros del norte de Virginia. Informe estatal de Maryland previsto para el 1 de septiembre.
- Para España: Empresas españolas como Inditex, Santander o Telefónica dependen de los servicios cloud alojados en estos centros. Una menor inversión podría encarecer sus costes de computación, almacenamiento y tráfico de datos a medio plazo.

