El Observatorio de Sostenibilidad (OS) ha cuantificado la brecha térmica que deja el calor extremo en España: los hogares con ingresos superiores a 3.000 euros al mes tienen un 60,5% más de probabilidad de disponer de aire acondicionado que los de rentas inferiores a mil euros.
El informe Calor extremo y desigualdad en España 2026 deja claro que la instalación de sistemas de refrigeración se relaciona directamente con con el volumen de fallecidos por calor. Son 5.111 las personas que murieron entre junio y agosto, según el Sistema de Monitorización Diaria (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III.
El director del Observatorio de Sostenibilidad, Fernando Prieto, traslada el dato al terreno social. Buena parte de esas muertes ocurrieron en hogares sin aire acondicionado. No es una conjetura; es la consecuencia de una brecha que el propio informe mide con precisión.
Los hogares con ingresos netos superiores a 3.000 euros al mes disponen de refrigeración en un 61% de los casos. Los que no llegan a mil euros, solo en un 38%. En términos relativos, la renta alta tiene un 60,5% más de probabilidad de escapar del calor extremo.
Las cifras no acaban en el acceso al aparato. Encenderlo cuesta dinero: España sigue con muchísima pobreza energética. Son 7,8 millones de personas afectadas, según la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social.
El calor extremo ha subido más rápido que las políticas para afrontarlo. En los últimos seis años se han registrado 148 días de calor extremo, un tercio de todos los días desde 1975, según la Aemet.
La climatización del hogar ha dejado de ser un confort para convertirse en un indicador de exclusión social y en un riesgo material para la sostenibilidad.
Calor letal y pobreza energética: los datos que explican la brecha
La disponibilidad del aparato no elimina la vulnerabilidad. España es hoy 1,78 grados más cálida que el promedio 1970-1999 y sufre 2,7 olas de calor más que en 1975-1988. Las necesidades medias de refrigeración alcanzan los 386 grados día refrigeración (CDD), un 35% por encima del valor de 2016.
El incremento es mucho mayor en el norte, en provincias que hasta ahora no tenían ese problema. Asturias, Cantabria, País Vasco, La Rioja, Castilla y León y Galicia entran ya en el umbral de las medidas de refrigeración doméstica.
Vamos a los datos territoriales. Murcia lidera la instalación con un 74% de viviendas principales con aire acondicionado, seguida de Extremadura (71%) y Andalucía (71%). Sin embargo, Extremadura, Andalucía y Murcia son también donde la desigualdad de acceso es mayor.
Del sur al norte: el mapa que redibuja la adaptación climática
Eurostat sitúa a España como cuarto país de la UE con mayores necesidades de refrigeración, solo por detrás de Chipre, Malta y Grecia. La cifra media de 386 CDD esconde realidades más duras: Extremadura, Andalucía y Murcia superan los 500 CDD.
📊 Impacto ecológico en cifras
- CO2 evitado: No aplica: el informe mide desigualdad social, no emisiones evitadas.
- Magnitud del riesgo: 7,8 millones de personas en pobreza energética, según la Red Europea de Lucha contra la Pobreza.
- Brecha de acceso: 61% de rentas altas frente a 38% de rentas bajas con refrigeración; 60,5% más de probabilidad en renta alta.
- Equivalencia tangible: 5.111 fallecimientos por calor entre junio y agosto, según el MoMo del Instituto de Salud Carlos III.
El dato no es solo meteorológico. Con temperaturas que ya no distinguen entre norte y sur, la instalación de un sistema de refrigeración deja de ser un lujo para convertirse en un factor de supervivencia. La letra pequeña manda.

La S de ESG: la pobreza energética ya es riesgo material
Para los inversores responsables, este informe toca una tecla cada vez más auditada: la S de los criterios ESG. La adaptación climática no es solo infraestructura; es también quién puede pagarla.
La sostenibilidad no puede medirse solo en toneladas de CO2 evitadas. La descarbonización de la demanda eléctrica choca con una paradoja: sustituir calderas por bombas de calor o aire acondicionado eficiente es bueno para el clima, pero si las rentas bajas no pueden acceder, la transición amplía la desigualdad. El compromiso no es la acción.
El análisis exige mirar precedentes. La pobreza energética ya forma parte de las discusiones sobre la futura taxonomía social europea. Un informe que conecta calor, renta y mortalidad aporta la base estadística para que los fondos ESG no traten la adaptación como un capítulo menor.
La responsabilidad es intergeneracional. Las próximas décadas traerán más calor, y la vivienda se consolida como la primera barrera de protección social. Si no se integra la refrigeración en las políticas de rehabilitación y eficiencia, el riesgo se traslada al sistema sanitario y a la cohesión social.
Lo que esto implica de verdad: necesitamos datos como los del Observatorio de Sostenibilidad para medir la pobreza energética de forma sistemática, no solo cuando llega la ola de calor. La adaptación climática tiene que ser equitativa o no será adaptación.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: Identificar a los 7,8 millones de personas en pobreza energética permite priorizar las inversiones en adaptación.
- Modelo que cambia: La refrigeración doméstica deja de ser un confort para convertirse en un servicio esencial que debe integrarse en la vivienda.
- Para las próximas generaciones: Un parque de viviendas adaptado al calor extremo reduce la mortalidad y la desigualdad que hoy se transmiten de una ola de calor a otra.

